Los discapacitados aparcan gratis, pero deben colocar el documento en un lugar visible
Utilizar la picaresca para aparcar gratis en la zona azul de Tarragona con una tarjeta de minusválido falsa se ha convertido en algo habitual en los últimos años. La problemática, que es extensiva a otras ciudades españolas, llega a tal extremo que un inspector se ha llegado a encontrar en su primera ronda de la mañana con hasta quince tarjetas falsificadas en una misma calle, concretamente en Pin i Soler. Para intentar evitar esta práctica, el Ayuntamiento pide –en este caso, a la Generalitat, como organismo responsable de la emisión de dichos documentos acreditativos– que las tarjetas lleven incorporado un chip o un dispositivo difícil de falsificar.
La normativa exige colocar en un sitio visible del coche el original de la tarjeta de minusválido. Pero lo que más proliferan son las fotocopias simples, aunque también hay copias escaneadas cuya autenticidad es difícil comprobar.
Durante el año 2010, los inspectores de la zona azul sancionaron a todos aquellos vehículos que entendían que llevaban las tarjetas fotocopiadas o dudosas. En total fueron aproximadamente 3.000 denuncias. De ellas, un centenar fueron retiradas al presentarse el titular de la tarjeta original en las oficinas de la Empresa Municipal d’Aparcaments para acreditar que tenía la tarjeta auténtica.
Normalmente, los infractores suelen copiar la tarjeta de un familiar directo. Al no llevar la matrícula impresa, su falsificación es muy fácil.
Con un chip
Las nuevas tarjetas que está repartiendo la Generalitat ya cuentan con una especie de chip incorporado. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Los infractores han intentado disimular este chip colocando en su lugar el papel plateado que llevan los paquetes de tabaco. Para los no entendidos, la trampa puede colar, aunque los inspectores de la zona azul ya tienen detectado este amaño muy burdo.
No predomina ninguna franja de edad entre los falsificadores, aseguran los vigilantes de la zona azul. Asimismo, los infractores son , a partes iguales, hombres y mujeres.
Puntos calientes
En cambio, sí que tienen muy definidas las zonas donde suelen encontrarse más falsificaciones. Sobre todo están localizadas en las calles Mallorca, Jaume I y Pin i Soler. Muy cerca, en la calle Mallorca, fue encontrada una furgoneta de reparto que llevaba también una supuesta tarjeta de minusválido, algo que no cuadraba con la actividad. En el mismo sentido, un camión de mudanzas llevaba una falsificación. El conductor dijo que era del tío del dueño.
También hay otra clase de picaresca con la utilización de originales. Existe un minusválido en la calle Mallorca que tiene un reservado para su coche. Él lo aparca allí con una fotocopia de la tarjeta y detrás –en zona azul– aparca el coche de su hijo con la tarjeta original. «La Guàrdia Urbana nos hizo denunciar a este segundo coche», dice uno de los inspectores que vigila el correcto uso de las zonas azules.
En la calle Sant Francesc aparca prácticamente a diario un hombre –que no tiene ningún tipo de minusvalía o incapacidad– con una fotocopia.
Los conductores que llevan estas tarjetas falsificadas son los que suelen dar más problemas a los vigilantes, según comenta uno de ellos. «Llevamos unos cuantos juicios por insultos y amenazas». Muchas veces tienen que recurrir a la Guàrdia Urbana «e incluso a nuestros jefes». Y añade que el resto de usuarios de la zona azul no suele provocar grandes problemas.
Reincidentes
Algunos de los infractores son ya viejos conocidos de los vigilantes por su multirreincidencia, «nos dicen que el documento es el original pero que está en blanco y negro porque se ha descoloreado con el sol».
Y el mismo problema que existe en la zona azul también se da en zonas destinadas a operaciones de carga y descarga, de motos, etc, donde los minusválidos con tarjeta pueden estacionar de forma gratuita sin ningún límite de tiempo.