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Ocho de cada diez jóvenes sufren ansiedad si no usan el móvil

Cuatro de cada diez tarraconenses ya tienen perfil en alguna red social. Niños con diez años ya van con móvil. Los colegios requisan teléfonos y los docentes dan la voz de alarma

 

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Raúl Cosano | 12/02/2012 16:41
«Hay chavales que entran en clase y le dejan el móvil al profesor para no engancharse, porque saben que no van a vencer la tentación», describe Narcís Castanedo, director del IES Vidal i Barraquer. Él es uno de los docentes que detectan la tendencia: cada vez los jóvenes están más enganchados a cualquier dispositivo tecnológico, en especial al móvil y a sus conexiones a la red, véanse redes sociales como facebook o twitter, y ese nuevo y triunfante invento que se llama WhatsApp.
En algunos casos la adicción es cada vez más preocupante (el 80% de los adolescentes presentan malestar físico y mental si son privados de estos usos) y, además, aparece a edades más tempranas. «Hay compañeras de mi hija, de diez años, que ya van a clase con móvil», cuenta un padre tarraconense. Algunos expertos ya se han encargado de bautizar a esta novedosa enfermedad. Ellos hablan de ‘nomofobia’, como la necesidad de estar físicamente junto al teléfono móvil. En caso contrario, se impondrá la frustración y el enfado.
Víctor Pomerol, director de la Escola Els Angels, tiene en su despacho un par de móviles requisados: «Se avisa a los padres para que vengan a recogerlo. Muchas veces son aparatos que el propio chaval coge de casa sin que se den cuenta. Son casos puntuales. Aquí tenemos a chavales muy pequeños y no hay demasiada afectación, pero es algo que hay que controlar. En principio el móvil está prohibido en el colegio, pero si hay alguien que lo lleva apagado o no lo usa, lo permitimos. Otra cosa es que cojamos al alumno utilizándolo».

Prohibido el móvil
Pomerol, como otros colegas, coincide en que un dispositivo así a esas edades no es una necesidad. Todos, además, se mantienen vigilantes, como explica Tània López, directora de la Escola Sant Pere i Sant Pau: «El alumno que lleva móvil ya de entrada puede verse afectado por las ondas. En el centro están prohibidos los móviles y los juguetes electrónicos». Tània también ha requisado algún que otro teléfono: «Hace años que venimos organizando charlas y ciclos sobre seguridad en la red. En clase de informática enseñamos, por ejemplo, cómo utilizar facebook. Es una burrada que tengan móviles siendo tan jóvenes pero no se trata de negar la realidad: sabes que el chaval se va a quedar solo en casa y que lo va a hacer, pues se trata de darle las herramientas necesarias para que lo haga bien». «Son tecnologías muy útiles pero se corre el peligro de hacer un mal uso. Lo que no tiene sentido es que un niño lleve el móvil al colegio. ¿Para qué lo necesita? No tiene explicación», se queja Josep Queraltó, director de la Escola Torreforta.

Nadie falta en ‘facebook’
Los datos no hacen más que corroborar estas escenas vistas a diario por docentes. «Desde hace tres años, hasta los 25 la totalidad de la población emplea internet y dentro de ese grupo prácticamente el 100% utiliza alguna red social. De los 15 a los 23 la mayoría están en facebook. El twitter es para edades algo más avanzadas, a partir de los 24. Algunos también se inician en Google+», explica Enric Brull, director del área de conocimiento y calidad de la Diputació, buen conocedor del observatorio sobre el uso de nuevas tecnologías que se hace en la provincia a través de un estudio anual. Tarragona, siempre pionera a nivel estatal en el uso de internet, ofrece datos interesantes: ya el 15% de los móviles son smartphones (fundamentalmente Blackberry y Iphone), siete de cada diez tarraconenses se conectan a internet cada día, un 25% navega más de diez horas a la semana y cuatro de cada diez tiene un perfil en una red social. Aunque más que el tiempo que pasamos delante del ordenador, hay que tener en cuenta otros factores: «Hablamos, por ejemplo, de la ansiedad, del cambio de comportamiento de los jóvenes cuando no pueden acceder a la red. A partir de cuatro horas diarias o de dos o tres horas fuera del trabajo, ya podríamos hablar de una adicción», cuenta Brull, que añade: «Con el móvil el nivel de interrupción es constante. A una buena parte de los jóvenes les cuesta estar una hora de clase atentos. Cuando ves la tele por la noche, eso te da cierto nivel de relajación pero con internet eso no pasa. Esto es imparable y tardaremos en conocer las consecuencias. No será un 1%. Estamos hablando de una parte importante de la población, de un cambio en el comportamiento de la juventud al que habrá que adaptarse».

Enjuto Mojamuto
Para hacernos una idea: hablamos de la parodia televisiva –y luego ‘online’– que supuso el personaje Enjuto Mojamuto, un dibujo animado consistente en un púber enganchado todo el día a internet hasta el punto de la desesperación cuando la conexión falla o el sistema se cuelga. La serie se hizo popular a través del programa Muchachada Nui.
No cabe otra, pues, que la educación, desde bien temprano, aunque detecta Brull que la edad más crítica se ubica en los primeros cursos de universidad. «Es complicado… porque a ver quién es el padre que no le compra a su hijo determinado dispositivo. Entonces entraríamos en otro tipo de ansiedad, porque se
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quedaría fuera de su grupo», explica Brull. «Al final es una cuestión de familia, de que los padres eduquen en casa. Nosotros tuvimos que cortar el facebook en el instituto porque la gente se distraía. Digamos que de una clase de 30, todos tienen facebook y móvil con internet y hay 10 personas que entran más de lo que sería aconsejable. Chavales de 15 años con un Iphone… y todavía son personas sin formar. Todo esto comienza a los 14 y ya no termina. Y es una lástima, porque son herramientas muy positivas que se convierten en negativa si se abusa», dice Castanedo. «Tener determinado teléfono te posiciona socialmente. Muchos tienen su móvil con prestaciones que van más allá de la llamada urgente. El potencial de las TICS es inmenso y aquí apostamos por que forme parte del currículum del alumno, pero siempre haciendo un buen uso», cuenta Francesc Roca, director del IES Comte de Rius. «Es gente muy joven y tienen móviles de última generación... incluso siendo familias modestas, de nivel económico bajo», define Castanedo.

‘Doctor, tengo deditis’
En 2012 términos como Messenger, Myspace o Hotmail ya parecen, incluso, desfasados por la endiablada penetración de otras aplicaciones. «El WhatsApp es un fenómeno. Ha tenido una implantación espectacular silenciosa, pero es que con internet todo cambia tan rápido… en todas las previsiones que he hecho a cuatro años vista siempre me he quedado corto», cuenta Bru.
Al mismo raudo ritmo al que surgen aplicaciones, también lo hacen las enfermedades vinculadas al uso y abuso de estos dispositivos inteligentes. A la ya mencionada ‘nomofobia’, de carácter psicológico, se añaden molestidas físicas como el ‘pulgar de Blackberry’, una dolencia en las consultas de ortopedistas y traumatólogos que tiene que ver con el uso excesivo de los pulgares al teclear en un smartphone. Otros, incluso, llaman ‘deditis’ a esta afectación de moda.
 Pero hay más: el síndrome de la vibración fantasma –sentir moverse el móvil pese a no llevarlo encima–, e l ‘crackberry’ –mirar más de 400 veces al día la pantalla del teléfono–, la sordera del MP3 o la ‘Wiitis’, esto es, lesionarse alguna articulación mientras uno juega con demasiado énfasis a la consola de Nintendo.




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