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«Llevo 20 años limpio, pero soy un adicto»

Reportaje. Un grupo de Narcóticos Anónimos se establece en la Casa del Mar. Tres miembros de la entidad explican cómo la ayuda mutua les da la fuerza para no recaer

N.M.

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Miembros del grupo de  Narcóticos Anónimos en Tarragona. FOTO: alba mariné

Miembros del grupo de Narcóticos Anónimos en Tarragona. FOTO: alba mariné

«Tengo 58 años y llevo 20 limpio, pero sé que lo que tengo no se va ni porque pasen los años, ni porque tenga niños, trabajo o un coche... Mi problema no es que tenga adicciones, sino que soy un adicto aunque no consuma». Así lo explica un miembro del grupo de Narcóticos Anónimos de Tarragona que desde hace unos meses ha comenzado a reunirse en la Casa del Mar.

El hombre, cuyo nombre no revelamos (por respeto al anonimato que es uno de los pilares del grupo), cuenta que ese sentimiento de vulnerabilidad, esa certeza de que puede volver a caer,  es lo que le hace seguir yendo a Narcóticos Anónimos a pesar de que, con los años, podría pensar que su problema está superado.

La estructura de las reuniones tiene algo que ver con la imagen de Alcohólicos Anónimos que muestran  las películas americanas. Comienzan con el: «Me llamo (...) Soy adicto. Llevo (...) tiempo limpio». Pero hasta allí las coincidencias, lo primero que quieren aclarar es que las reuniones no sustituyen ningún tratamiento médico ni psicológico, aquí no hay terapuetas, sino unas personas que, contando su experiencia, quieren ayudar a otras para mantenerse sin consumir.

El empujón para salir
Una mujer del grupo explica que se trata de «un programa espiritiual pero no religioso».  Ella en particular cuenta que después de años de tratamientos y psiquiatras llegó aquí «sin dignidad». Hoy, recuperada, se lamenta de que en el sistema sanitario no se informe de la existencia de este tipo de grupos.

El programa se basa en el cumplimiento de 12 pasos. En esencia consiste en admitir la presencia de un problema, hacer un inventario moral, reparar el mal causado siempre que sea posible y ponerse en manos de Dios (según como cada uno lo conciba). Las principal meta, la de permanecer «limpio», siempre es a corto plazo. «Sólo por hoy» es una de sus señas de identidad.

Esta mujer en particular cuenta que ha sido a partir de su recuperación espiritual cuando ha podido ir al médico y seguir los tratamientos que le han indicado. «Antes me daba lo mismo si me moría», reconoce.

Con la ayuda de un padrino
La otra pata del programa consiste en contar con un padrino o madrina a quien acudir en momentos de vulnerabilidad. Generalmente se trata de una persona que ha pasado por situaciones similares. «Mi padrino me escucha, pero no me dice lo que tengo que hacer», relata otro miembro quien cuenta que, por culpa de las drogas «lo perdí todo: familia, trabajo, dinero...» Hoy el también está limpio, pero ir al grupo y ayudar a otras personas que están en el proceso, «me ayuda a desinflar mi ego, me enseña a dar sin esperar nada a cambio».

A las reuniones puede acudir cualquier persona que tenga un problema con las drogas independientemente de sus creencias o de su edad. Las sesiones son gratuitas, y sólo en el caso de los más jóvenes hay una norma: pueden venir a partir de los 16 años si cuentan con la autorización de sus padres.

Además de las reuniones para los miembros, una vez al mes también hacen una reunión abierta a la que pueden acudir las familias o cualquier persona interesada en el tema. De hecho les interesa que los profesionales de la salud que tratan a personas que ese están lidiando con una adicción acudan a conocerles y a ver cómo funcionan las reuniones. Esperan  así  poder lidiar con la etiqueta de grupo cerrado que, a su juicio, les cuelgan injustamente muchas veces.

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