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Los vecinos valoran positivamente la figura del concejal de barrio

Medio año después de que se pusiera en marcha esta medida, las entidades vecinales se muestran satisfechas, aunque con matices. Algunos creen que «la idea es buena, pero está mal ejecutada»

18 febrero 2024 18:00 | Actualizado a 19 febrero 2024 07:00
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Los vecinos y entidades vecinales de la ciudad valoran positivamente la figura del concejal de barrio, aunque algunos de ellos aseguran que no acaba de ser eficaz por su manera de funcionar. Se trata de una medida que puso en marcha en 2007 el ex alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros y que, ahora, con el retorno del gobierno socialista al Ayuntamiento, se ha recuperado. Los vecinos opinan que es una manera de tener contacto directo con el concejal, lo que permite solucionar sus problemas de manera más ágil. O al menos así debería ser. Algunos líderes vecinales opinan que la información se pierde por el camino entre un concejal y otro, y también los hay quienes creen que hay demasiada gente en las reuniones que se convocan. Cada edil se organiza como quiere; la mayoría se reúne mensualmente con los vecinos y luego trasladan las inquietudes al concejal responsable del área.

David Martín, de la Associació de Veïns del Serrallo, asegura que la figura de concejal de barrio «permite tener un referente al Ayuntamiento, una vía directa». En este caso, la concejal es Montse Adan. «Tenemos mucha suerte porque ella ya conocía el barrio gracias a su etapa en el Port y nos está facilitando algunos temas», asegura Martín. De hecho, el pasado viernes, Adan se reunió con los vecinos del Serrallo para explicarles cómo se transformará el barrio con la inminente pacificación de las calles Sant Pere i Gravina.

Adan se encarga de los vecinos de los barrios marítimos y se reúne con ellos cada primer martes de mes, de cinco a siete de la tarde. «Es una herramienta que ayuda a humanizar al Consistorio, acercándolo a la ciudadanía», explica la concejala, quien asegura que «personalmente, me ha enriquecido mucho, teniendo en cuenta que soy nueva en esto de la política municipal».

Los temas que más preocupan a los vecinos en general son, sin ninguna duda, la seguridad, la limpieza y la zona regulada de aparcamientos, seguidos de los autobuses y las podas de los árboles.

Josep Maria Bertran, de la Associació de Veïns de la Vall de l’Arrabassada cuenta como gracias a estas reuniones han conseguido modificar las futuras tarifas de aparcamientos en el barrio. «Pedimos que quitaran unas plazas de zona azul y nos han contestado que lo harán», explica Bertran. No obstante, desde la entidad se quejan de que no se han respetado los horarios de atención que se marcaron en un primer momento. «La concejala –en este caso es Isabel Mascaró– nos convoca a las cinco de la tarde. A esa hora hay mucha gente trabajando todavía. Ya nos hemos quejado», explica Bertran.

Por su lado, Mascaró, que se encarga de la zona de Llevant, se reúne una vez al mes en el Centre Cívic de Molnars y al mes siguiente en el local de la asociación de vecinos de la Vall de l’Arrabassada. «Todas las peticiones que recibo las traslado a los diferentes concejales y, a medida que voy teniendo respuestas, mando la información a las asociaciones para que estén al caso de lo que hacemos», explica Mascaró, quien añade que «Llevant se ha sentido siempre muy desatendida y ahora se les está ofreciendo este canal de comunicación directa».

Guillermo García, concejal que se encarga del barrio de Sant Salvador, asegura que intenta dar respuesta a las inquietudes y peticiones de los vecinos en un plazo de un mes, como máximo. «Para nosotros, es una concejalía más y nos lo tomamos muy en serio», asegura García, quien añade que «nos hemos dado cuenta de la cantidad de demandas que tiene la población. Esperemos ir reduciendo estas listas».

Un antes y un después

Loli Gutiérrez, presidenta de la asociación de vecinos de Bonavista, asegura que «estamos muy contentos con nuestra referente». En este caso es Sònia Orts. «Nos hemos reunido de manera asidua desde el mes de agosto y su implicación con el barrio ha marcado un antes y un después en la relación que manteníamos con el Ayuntamiento, explica Gutiérrez, quien añade que «ahora nos sentimos escuchados».

En esta misma línea, Úrsula Marín, de la Asociación Progresista de Torreforta, asegura que «para los vecinos es un referente donde poder ir a explicar sus inquietudes, necesidades y problemáticas». Por su parte, Josep Maria Ferran, de la Associació de Veïns Verge del Carme y de la Federació Segle XXI, opina que la intención es buena, sobre todo para conflictos pequeños. «Para temas más estructurales, como por ejemplo la limpieza, no es tan fácil», asegura.

Reuniones masificadas

Los vecinos de Sant Pere i Sant Pau celebran la iniciativa aunque aseguran que, en ocasiones, estas reuniones se masifican y no se acaba sacando nada en claro. En este caso, el concejal responsable de la zona es Nacho García. «Falta un poco de organización. A veces, todos los vecinos hablan a la vez, pero no se profundiza en nada. Eso hace que no sea tan efectivo el encuentro», dice Gabriel Muniesa, presidente de la Associació de Veïns La Unió de Sant Pere i Sant Pau, quien añade que la intención es buena, «pero soy un poco más escéptico con los resultados. Tendremos que esperar unos meses más para saber si es una herramienta útil o no».

Algunos de los temas que se han hablado en las reuniones –que se llevan a cabo el tercer jueves de cada mes en el Centre Cívic de Sant Pere i Sant Pau–, son el futuro CRAE previsto en La Muntanyeta y las barreras arquitectónicas que hay en el barrio.

El concejal Nacho García, por su parte, reconoce el interés que han generado estas reuniones entre los vecinos. Gracias a estos encuentros, ahora se está solucionando un problema de convivencia que hay en la Plaça de la Sardana, a modo de ejemplo. «Estas reuniones son positivas porque nos permite estar en contacto diario con los vecinos, y no en un despacho, alejado de la población, como lleva años pasando», concluye el referente de Sant Pere i Sant Pau.

Quizás la entidad más crítica con la figura de concejal de barrio ha sido la del Parc Francolí. «Esta figura hace de intermediario entre la asociación y los diferentes concejales y, al final, esta información se acaba perdiendo y no se le da la rapidez que necesitamos», opina la secretaria de la entidad, Roser Barrio, quien añade que «creemos que es un paso atrás». No obstante, Barrio reconoce que siempre han estado bien atendidos por su referente, Berni Álvarez. «Es una buena idea, aunque creemos que el sistema no es el adecuado», acaba.

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