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Imagen de archivo de la manifestación del Primero de Mayo, el año pasado en Tarragona. Foto: ACN
Economía

¿De qué derechos laborales hablamos?

"Uberización" del mercado de trabajo, "working poors", desconexión digital, igualdad, robotización y Renta Básica Universal... los nuevos en el debate

Rafael Servent

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Vuelve el Primero de Mayo. Vuelve ese momento del año en el que se hace balance del estado en el que se encuentran los derechos laborales de los trabajadores. Pero... ¿de qué derechos laborales estamos hablando? Desde la huelga de La Canadenca, que logró el derecho a una jornada laboral máxima de ocho horas, han pasado casi cien años. Con correos electrónicos de trabajo en nuestros smartphones y plataformas online que gestionan encargos para riders de reparto en bicicleta, ¿hacia dónde va hoy el debate?

Derechos universales
«¿Que si existen unos derechos laborales universales? Sí. Yo los identificaría con los regulados en los convenios de la OIT y la Declaración Europea de los Derechos Humanos. Son muy concretos, no son declaraciones de principios generales. Tratan asuntos como el derecho a no ser despedido sin una justa causa, a las vacaciones, a una retribución mínima, a la no discriminación salarial. Y están ratificados por el Estado español», explica Anna Ginés, profesora de Esade Law School.

«Un autónomo dependiente tiene las mismas necesidades de protección que uno por cuenta ajena» (Anna Ginés, Esade Law School)

Cuando abrimos el foco y hablamos de derecho al trabajo (igual que con el derecho a una vivienda), cambiamos de plano. «El derecho al trabajo es un mandato a los poderes públicos para adoptar políticas», razona Ginés. Es en este plano en el que se están desarrollando debates en materia laboral que hacen frontera con las políticas sociales o el modelo de Estado del Bienestar.

Cambio de paradigma
El ejemplo más evidente es el de la Renta Básica Universal, una retribución que recibe toda persona por el mero hecho de tener la condición de ser humano, y que está en el centro del debate ante el cambio radical que se avecina en el mercado laboral con la robotización y la Inteligencia Artificial.

«Hay una disfunción entre las viejas maneras de medir el trabajo y la nueva, a partir del resultado» (Ferran Mañé, URV)

Tras ella están las proyecciones que auguran que la destrucción de empleos generada por el proceso de digitalización no podrá recolocar (por primera vez en la Historia) a los expulsados del mercado laboral con nuevas ocupaciones. Unas perspectivas desmentidas esta semana por el Observatori de la Indústria de la Generalitat de Catalunya, que en su estudio L’impacte laboral de la Indústria 4.0 a Catalunya señala que, en el caso de Catalunya, la digitalización creará más puestos de trabajo de los que destruya.

Si bien un 35% de los actuales puestos de trabajo que hay en Catalunya tienen una alta probabilidad de ser automatizados en el horizonte de 2030 como consecuencia del despliegue de la Industria 4.0, el aumento neto de la ocupación en la economía catalana debido a la digitalización será de 13.000 nuevos puestos de trabajo (y de mayor cualificación) durante el mismo período, según este estudio.

Renta Básica
Unos ingresos seguros, para toda la vida, por el mero hecho de ser una persona, que satisfagan las necesidades básicas y que impidan que nadie esté por debajo del umbral de la pobreza. Una única prestación social para cada uno de nosotros, que elimina las pensiones de jubilación, los subsidios de desempleo o las ayudas familiares. Sobre esta base, cada cual podrá añadirle rentas del trabajo, para elevar su nivel de ingresos hasta donde desee o sea capaz. Un nuevo paradigma de ciudadanía, en el que el trabajo ya no estaría en la base. La Renta Básica Universal puede ser el resultado más radical en el proceso de Revolución Digital.

¿Sería necesaria, entonces, una Renta Básica Universal en este contexto? «Personalmente -explica Anna Ginés, de Esade Law School- me posiciono a favor de ella, y es algo que cambia el paradigma. Hoy en día, el trabajo es la base de toda nuestra sociedad. Está bien cuando hablamos de trabajos dignos, pero en un futuro en el que esos trabajos estarán cada vez más precarizados, no me parece mal una renta básica a la que le podamos añadir rentas del trabajo».

«Eso -concluye Ginés- acabaría con cualquier otro subsidio, sería mucho más fácil de gestionar y permitiría eliminar la trampa de la pobreza, donde personas que reciben más de un subsidio público, si accediesen al mercado de trabajo, quedarían por debajo [de ese umbral de pobreza]».

Igualdad
El de la Renta Básica Universal es un debate que coincide con uno de esos derechos laborales universales, y que en opinión de Gina Aran, profesora del máster de Recursos Humanos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y directora asociada de Humannova, va a cobrar todavía más fuerza en estos próximos años: se trata del derecho a la igualdad. «El hecho de que las empresas sean cada vez más diversas -explica Gina Aran- hace que haya hoy diferencias salariales de hasta el 24%. A nivel de Derecho, hay cosas a hacer».

«La igualdad marcará tendencia: las mujeres hemos comenzado una revolución» (Gina Aran, UOC)

La huelga liderada por las mujeres el pasado 8 de marzo marca sin duda un antes y un después en esta tendencia, que Gina Aran no duda en calificar de «revolución». Pero que va mucho más allá de una cuestión de sexo: «Creo que hemos comenzado una revolución, y necesitamos la colaboración del otro género».

Flexibilización
De todas las grandes tendencias en materia de derechos laborales, sin duda la de la flexibilización se encuentra también en una posición destacada. Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales de la empresa de Recursos Humanos Randstad, no duda en destacar «la flexibilización como la gran tendencia a tener en cuenta». Su análisis señala «un mercado laboral tremendamente rígido», donde la fijación por los contratos indefinidos y a jornada completa a menudo no casa con la necesidad de «modelos que permitan trabajar por proyectos y desde otras partes del mundo».

¿Precarización? En opinión de Luis Pérez, dar con esos modelos mucho más flexibles y en los que haya reconocidos los derechos laborales es la única forma de evitar «la uberización de la economía».

El riesgo de la uberización
Anna Ginés, de Esade, coincide en que ese riesgo de uberización es más que real. «Las nuevas tecnologías han permitido que se produzca una escapada del Derecho del Trabajo, con plataformas que de forma fraudulenta emplean a los conductores de Uber o los riders de Deliveroo, y que [tras los primeros choques legales] han de tener un contrato laboral».

«Con estas plataformas y las que habrá en un futuro -prosigue Anna Ginés- surge el debate sobre si tenemos que extender las fronteras del Derecho del Trabajo a los trabajadores autónomos, y especialmente a los autónomos dependientes, con la creación de una categoría intermedia, entre el trabajador por cuenta ajena y el autónomo, que en países como el Reino Unido recibe el nombre de ‘worker’ y que tiene las mismas necesidades de protección [de sus derechos laborales] que los trabajadores por cuenta ajena, puesto que su desigualdad es la misma o incluso mayor».

Desconexión digital
Tecnoestrés, tecnofatiga o tecnoadicción son algunos de los nuevos riesgos laborales asociados a la digitalización y a la flexibilización del tiempo de trabajo. La digitalización y la capacidad de trabajar de forma no presencial y por objetivos facilita la conciliación, pero tiene también un reverso oscuro en forma de extensión de la jornada laboral. Por eso algunos países como Francia han adoptado ya leyes de desconexión laboral que impiden llevarse la oficina a casa en horario no laboral. Hay empresas que incluso han creado sistemas para impedir que sus empleados se conecten al correo corporativo si se encuentran de vacaciones. 

El nuevo reloj de fichar
La flexibilización tiene una segunda cara: la máquina de fichar ha quedado obsoleta. En un mercado laboral encaminado al trabajo por objetivos y proyectos, donde la digitalización permite producir cada vez más de forma no presencial, ¿cómo controlamos el cumplimiento de la jornada semanal de 40 horas?

Suspenso en derecho a la desconexión

  • Sólo una empresa Apenas una de las grandes empresas españolas reconoce explícitamente el derecho del trabajador a la desconexión digital, según la UOC. Se trata de la aseguradora AXA, que el verano pasado firmó un convenio colectivo que prevé que sus empleados no tengan que responder correos electrónicos o llamadas fuera de su horario laboral. 
  • Directivos enganchados Un estudio de Edenred e Ipsos señala que el 65% de los trabajadores españoles trabaja fuera de su horario laboral. La cifra se dispara hasta el 90% entre los directivos.

En opinión de Ferran Mañé, director del Observatori de l’Ocupació de la Universitat Rovira i Virgili (URV), el error sería fijarse, a la manera de los luditas del siglo XIX (que destruían máquinas porque estaban sustituyéndolos en sus oficios), en «unas nuevas tecnologías que permiten formas de trabajo diferentes y más autónomas».

Reconoce, sin embargo, que «hay una disfunción entre las viejas maneras de medir el trabajo y la nueva, que es hacerlo a partir del resultado. El problema es que un trabajador no trabaja individualmente, sino socialmente, y todo cambio en el uso del tiempo comporta cambios en la manera de relacionarse con los otros, y eso implica un desajuste en la organización del trabajo. Aquí hay un problema».

«El problema -añade Anna Ginés, de Esade Law School- es que en muchos casos se ha pasado a una extensión de la jornada, con nuevos riesgos: tecnoestrés, tecnofatiga, tecnoadicción... Eso es lo que ha hecho que en países como Francia se adopte el nuevo derecho a la desconexión digital».

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