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Ocho de cada diez entidades de Tarragona suman nuevos voluntarios

La pandemia desencadenó una ola de solidaridad que hizo que muchos jóvenes se interesaran por ayudar. Pero el tercer sector advierte: la crisis no ha acabado y faltarán manos

NORIÁN MUÑOZ

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«Somos solidarios por naturaleza» es el lema elegido este año para celebrar el Día Internacional del Voluntariado, y la pandemia ha venido a demostrar que la frase no podía ser más cierta. En una encuesta realizada por la Federació Catalana de Voluntariat Social (FCVS) en la que también participaron entidades de Tarragona, se encontró que el 80% había incorporado nuevos voluntarios a raíz de la pandemia.
Además, tal como explica Laura De La Morena, técnica  territorial de la federación, esto también ha servido para que se incorporen personas más jóvenes. Según la misma encuesta, el 81% de los voluntarios tiene ahora menos de 61 años, el 11% está por encima de esta edad y el 1% tiene entre 16 y 18 años. Además, el 6% está en un ERTE.
Eso sí, explica De la Morena, cuando las condiciones de seguridad de las entidades lo han permitido, los mayores de 65 se han ido reincorporando. Es el caso de Ramón Valls, voluntario de la Fundació Santa Teresa del Vendrell, quien cuenta que en todos sus años como voluntario «he pasado épocas muy divertidas hasta que me dejó aparcado el maldito bicho». No obstante, le propusieron hacer un voluntariado leyendo por teléfono a personas que estaban solas, una actividad «que me hace muy feliz».
Lo contaba ayer durante el acto virtual que organizó la federación para conmemorar el día del voluntariado que se celebra hoy. Allí también se pudieron conocer experiencias como la de Judit Ferrándiz, voluntaria de la Xarxa de Suport Sageta de Foc de Tarragona. Ella ya forma parte de distintas entidades, pero en el confinamiento le propusieron acompañar a Maria, una mujer de 92 años, por teléfono. Todavía se emociona al recordar aquellas conversaciones sobre el amor, la soledad, la muerte... «Cuando te haces voluntario lo que recibes es ‘ultragrande’» reflexionaba.

Capacidad de adaptación

Las circunstancias también han venido a cambiar toda la forma de funcionar de las entidades. Actualmente el 87% ha podido adaptar su actividad mientras que el 13% no ha podido seguir por motivos diversos, como dedicarse a atender a personas de riesgo.
Así, han tenido que tirar de ingenio, tal como explicaba Paula Ulloa, responsable de voluntariat de l’Associació La Muralla de Tarragona, que se dedica a mejorar la integración social de personas con problemas de salud mental. 

En La Muralla se encontraron con  que muchas de las personas que asisten a su club social no tenían cómo conectarse a internet, así que tuvieron que hacer muchas llamadas telefónicas y tirar de ingenio. Un ejemplo: un voluntario terminó haciendo actividades como aquagim desde la bañera de su casa, que transmitía por YouTube.

Pero no ha acabado

Pero que nada haga pensar que la emergencia ha pasado. En la demarcación hay unas 300 entidades de voluntariado social y necesitarán más voluntarios que nunca porque la crisis, advierten, no ha pasado. En este sentido, Jordi Balot, presidente de la FCVS, y el representante en Tarragona de la federación, Josep Cabrera, insistían en que durante la pandemia los voluntarios han demostrado que son un «servicio esencial».
La mayor parte de la acción de las entidades actualmente está centrada en la pobreza y la exclusión social (40%), la infancia, juventud y familia (36%) y los mayores (31%).

1. Olga Fusté, Voluntaria de Creu Roja: «Cuando conoces la realidad no puedes mirar a otro lado»

Olga Fusté en el almacén de alimentos de Creu Roja. FOTO: Alba Mariné

Olga (49 años), administrativa, tuvo un primer contacto con Creu Roja el año pasado, cuando la contrataron para hacer una sustitución en la recepción, un trabajo que, asegura, cambió completamente su percepción de la realidad. «Tú vives en tu burbuja, donde solo ves tus necesidades, pero cuando recibes a un centenar de personas cada día, con situaciones realmente desesperadas, ya no puedes ver a otro lado».

Justo antes del estado de alarma se interesó por hacerse voluntaria, pero el confinamiento vino a cambiarlo todo. Recibió dos correos avisando de que faltaban voluntarios especialmente para entregar alimentos y, el segundo anunció a su familia «que no me podía quedar en casa».

El suyo no es un caso único, este año Creu Roja en Tarragona ha incorporado a unos 200 voluntarios en la demarcación.

Relata que ir a repartir los alimentos en pleno confinamiento fue todo un aprendizaje. «Veías casas en las que costaba entender cómo se puede vivir en esas condiciones y otras en zonas donde se supone que viven personas con buen poder adquisitivo. Había matrimonios que se habían quedado de repente sin ingresos y necesitaban ayuda».

Esos días les tocó ver situaciones de todo tipo. «Sentí el racismo, gente que nos increpaba porque a las familias a las que les llevábamos la comida eran inmigrantes. Me hervía la sangre», recuerda.

Actualmente está trabajando, como voluntaria, en actividades administrativas, pero espera regresar pronto al trabajo directo con las personas.

2. Roxana Yzusqui Ríos, Voluntaria de Cáritas: «Las personas necesitan que las escuchen»

Roxana en Cáritas. FOTO: Pere Ferré

Roxana (41 años) es peruana y llegó a España en 2009 por motivos de estudios. «Pero no todas las personas que emigran tienen la misma suerte que yo», dice.

Y esta abogada sabe bien de lo que habla, porque es voluntaria en Cáritas, donde se dedica a asesorar a personas migrantes.
Ya fue voluntaria entre 2017 y 2018, pero lo tuvo que dejar porque no llegaba entre su trabajo en el bufete y un segundo embarazo. Ahora que su hija ha cumplido dos años, ha regresado. 

Se reincorporó después del confinamiento y aunque resuelve algunos temas por teléfono procura atender a las personas presencialmente. «La gente necesita que la escuchen, la historia de migración de cada uno es distinta... Además así te aseguras de que entienden», cuenta.

El suyo es un perfil que cada vez va ganando más peso en las entidades, el de profesionales que ponen sus conocimientos al servicio del voluntariado.

Cuenta que desde muy joven, en sus primeras prácticas de la carrera en Perú, tuvo contacto con víctimas de la violencia armada y sus familias, algo que le hizo sentir que tenía un deber con las personas más vulnerables.

Le satisface saber que ayuda a personas «que lo necesitan de verdad».

3. Jaime Meléndez, Voluntario Creu Roja- Vol-in: «Pasas de ser un habitante a un ciudadano de tu comunidad»

Jaime Meléndez. FOTO: Cedida

Jaime Meléndez es venezolano, tiene 66 años y hace dos que llegó de su país. Allí ejercía como abogado y tenía una pequeña empresa de productos químicos (también tiene la carrera de química), pero emigró por la situación del país. Nada más llegar se apuntó a un curso de catalán y allí conoció el proyecto Vol-in, que vincula a las personas migrantes con entidades sociales. Él comenzó en Creu Roja y hoy compagina algunos trabajos eventuales con el voluntariado.

Meléndez colabora en el reparto de alimentos y en el programa de pobreza energética yendo a las casas a asesorar a las personas sobre cómo tener más confort térmico y ahorrar en la factura.

Reconoce que, «cuando se emigra a un país desarrollado, no se cree que se puedan ver tantas carencias. Y no hablo solo de bienes materiales, sino del calor humano que necesitan muchas personas que están solas», reflexiona.

Durante el confinamiento vio como la sociedad se volcó en ayudar. «Si hay algo que nos va a quedar de esta crisis es el hecho de que desnudó la realidad; que hay muchos personas vulnerables y también mucha solidaridad». 

Cree que la satisfacción que le da el voluntariado no tiene precio. «Sientes que eres un ciudadano de tu comunidad y no solo un habitante». Siente que el Proyecto Vol-in puede ayudar a que se vea que las personas migrantes «venimos a aportar».

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