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Pueblos con encanto especial

ANA RIVERA MAGAÑA

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Lugares rodeados de leyendas, enclaves donde confluyen el Mediterráneno y las montañas, auténticas poblaciones ‘slow life’, localidades cuya belleza se asienta en mente y alma... No te los puedes perder. 

1. Altafulla L.a auténtica esencia mediterránea

Una bella localidad que hermana mar y montaña, con un importante legado histórico y donde gozar del más auténtico ‘slow life’. 

El origen de la localidad se remonta hasta la época medieval, a mediados de siglo XI. Situada en un promontorio que baja pausadamente hasta el Mediterráneo, daba protección a una costa que se caracteriza por arenas de fina arena dorada y pequeñas calas salvajes escondidas tras calmados senderos  mediterráneos.

2. Miravet. La salvaje e impactante orilla del río Ebro

Miravet es una de las joyas que baña la cuenca del Ebro. Su privilegiada situación ha sido objeto de deseo de muchas civilizaciones. Muestra de ello es su irrefutable legado histórico, todavía palpable gracias a su impresionante castillo, la iglesia vieja, su casco histórico o su pasado templario.

Enclave indisoluble de la Guerra Civil, también es un lugar fuertemente ligado a la naturaleza, algo que se percibe con solo ver su silueta rozando el Ebro.

3. La Vilella Baixa. ‘La Nueva York del Priorat’

A los pies de la sierra del Montsant, la Vilella Baixa se erige en el corazón del Priorat. 

Está rodeada de agrestes senderos que hacen las delicias de los amantes del senderismo.

Sus sinuosas calles, el puente románico sobre el río Montsant o las vertiginosas casas sobre el barranco de Escaladei hacen que su visita tenga un encanto único. No por menos, el escritor Josep Maria Espinàs la definió como ‘la Nueva York del Priorat’. 

4. Siurana. El vertiginoso enclave de la Reina Mora

Uno de los pueblos más espectaculares por su inigualable situación y sus rasgados y reconocibles acantilados, está plagado de leyendas.

A los pies del pantano, sus delicadas calles empedradas terminan en la iglesia de estilo románico, justo tocando al conocido Salto de la Reina Mora. Un sobrecogedor acantilado que recibió el nombre por la leyenda de Abdelazia, hija del valí de Siurana, que prefirió lanzarse al abismo antes que entregarse a las tropas enemigas. 

5. Prades. Una Toscana en pleno corazón catalán

Ya habitada desde el Neolítico, su inusitada situación aún todavía hoy, comunicada por tortuosas carreteras, provoca un pequeño aislamiento que forma parte de su encanto particular. El centro neurálgico de Prades es su plaza Mayor, donde se reúne la población y se organizan festividades. Sus montañas separan la costa mediterránea de las comarcas de la Conca de Barberà y el Priorat, en el interior del país, en una zona que se reconoce como ‘la Toscana catalana’. 

6. Montblanc El vestigio medieval ubicado entre el mar y las montañas

Montblanc tiene una situación privilegiada: en pleno entorno rural, pero a escasa distancia del litoral de la Costa Daurada, es el centro de la Ruta del Cister y la puerta del espacio natural de las montañas de Prades. La muralla que enmarca la localidad esconde sus hipnóticas y cuidadas calles que nos transportan a un pasado no tan lejano de nuestra historia. 

7. L’Espluga de Francolí. Cuna del Paleolítico y del río que baña la provincia

El nombre de la localidad lo conforman los dos aspectos esenciales de su esencia: ‘Espluga’ proviene del latín spelunca, que significa ‘cueva’. Y es que la población está plagada de cavidades acuíferas, donde además se descubrió un importante conjunto de grabados paleolíticos, que infiere en la existencia de los primeros hombres viviendo en el lugar. Además es el nacimiento del río Francolí, que recorre la provincia para ‘morir’ en el mar.

8. Roc de Sant Gaietà (Roda de Berà). Un singular pueblo que enamora a todos sus visitantes

Construido entre 1964 y 1976 con el objetivo de recrear un auténtico pueblo de pescadores sobre las rocas, es un pequeño desglose de Roda de Berà. Con un agradable paseo de ronda, una hermosa playa y fortificaciones de diferentes estilos (gótico, mozárabe, renacentista...), atrapa a todos sus visitantes.

9. Horta de Sant Joan. La naturaleza más genuina que atrapó el corazón de Picasso

Entre Cataluña y Aragón nace esta población, altamente marcada por su accidentado relieve, sus verdes espacios naturales y un bello casco antiguo declarado bien cultural de interés nacional. Su bella orografía enamoró a muchos artistas, uno de ellos fue Manuel Pallarés, quien alojó en múltiples ocasiones a su amigo Pablo Picasso, que llegó a declarar: «todo lo que sé, lo aprendí en Horta».

10. Pratdip. Enigmático y legendario hogar de los perros vampiro

Con poco más de 700 habitantes y con una gran cantidad de canes ilustrados en muchas de sus calles, la población es una de las más misteriosas de la zona. 

Cuenta la leyenda que estos canes son los ‘dips’, una especie de perros vampíricos que aparecían por las noches para alimentarse de la sangre del ganado de los pastores de la región. Tal es su importancia que acabó formando parte del nombre del pueblo.

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