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Deportes

Reina la permanencia (Nàstic 1-0 UCAM)

Manolo Reina salva al Nàstic con un penalti parado a Jona en el 73'. Barreiro culminó la permanencia agónica con un gol en el descuento lleno de coraje y fe 

Juanfran Moreno

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El fútbol es tan caprichoso que marca en un penalti la frontera entre el cielo y el infierno. Nada nuevo para el Nàstic. Ya logró un ascenso con ‘Final Felip’ a Segunda División en un penalti que erró Soldado ante Felip. Ayer, la historia se repitió. En esta ocasión quien erró fue Jona. En la meta grana estaba Manolo Reina. El Nàstic vivió un dèjavú con sabor a gloria. Barreiro sentenció la permanencia en el descuento con un gol donde la fe un gol donde la fe se impuso a todo. 

El miedo bloquea instintos humanos. Inhabilita aptitudes de una manera imponente. Los primeros minutos del encuentro de ayer fueron un claro ejemplo de ello. La sensación de agobio era constante. Nadie quería errar. Toda acción debía entrar dentro de un pragmatismo conservador.

Ambos equipos asumieron sus roles con naturalidad. El Nàstic quería llevar la batuta del juego. El balón tenía que ser suyo. Nada de regalar el esférico. Al UCAM esa tesitura no le incomoda, todo lo contrario, habita en ella con un desparpajo irritante. Le encanta el juego de trincheras. Acumula hombres detrás del balón y se abraza en el juego directo de manera descarada. No buscan encerrar. Buscan golpes certeros de consecuencias irremediables. 

Barreiro celebra el tanto ante el UCAM. Foto: Pere Ferré


La primera ocasión clara del partido llegó cuando se cumplía el primer cuarto de hora en una de esas cabalgadas sin frenos de Valentín por la derecha. Atisbó a un Barreiro que ama el cuerpeo. Supo desquitarse del rival en el momento oportuno. Enganchó una tijera predilecta para el delirio. Sin embargo, impactó con tal contundencia que no encontró puerta. El aviso estaba dado. El gallego estaba muy metido en el partido. A golpes certeros es mejor no retarle. Aquella ocasión invitaba a desatar una tormenta. No fue así. Demasiada presión. Soltar amarre no era una opción contemplada por los granas. Sorprendentemente, para el UCAM tampoco. Andan acostumbrados a vivir con el agua al cuello.

En el 19’, Jean Luc cayó lesionado. Una baja en el pelotón de tremendo impacto en el juego grana. Si alguien se abraza al vértigo sea cual sea la situación ese es el marfileño. Sin en el campo, todo se vuelve más previsible. En aquel momento el hermetismo se imponía. De hecho, se impuso durante toda la primera mitad.  Sólo Valentín volvió a encontrar una grieta en la defensa murciana. En el 40’, condujo un dos para tres. Campo abierto. El paraíso para el vuelo. No lo aprovechó. Condujo en exceso. Se le nublaron todas las ideas. Apostó por acabar la jugada de manera individual, pero el defensa del UCAM estuvo espléndido en el corte. Barreiro andaba desesperado, su compañero no le encontró en boca de gol.

Manolo Reina le para el penalti a Jona

 
La segunda parte invitaba al éxtasis. El Nàstic si que se vio decidido a abrazarse a la tormenta. Al vértigo. Se había acabado el especular. Uche volvió a marcar las diferencias dentro del área. Pudo con la defensa murciana, pero el árbitro decidió no pitar un claro penalti cuando se plantaba solo ante Biel Ribas. Aquello encendió al Nou Estadi. El infierno grana abrasaba almas. Juan Muñiz lo probó con un libre directo que Ribas sacó con una imponencia apabullante. El córner que provocó el despeje del meta murciano encontró a Barreiro, quien remató con un cabezazo picado de libro. Ribas volvió a estar decisivo. Encontró en la buena colocación el elixir al remate. El carrusel de ocasiones había llegado a su fin. Los primeros cinco minutos señalaban la hoja de ruta a seguir. Sin mirar atrás.   

Reina para una pena máxima

El UCAM seguía a lo suyo. Ni se inmutaba. Era asombrante. Sabía que el error iba a llegar. Porque es imposible realizar un partido perfecto. En el minuto 59, Basha encontró el resquicio. Se plantó ante Manolo Reina, pero el meta se saldó como ganador en el mano a mano. Era el preludio a algo mágico. En el 73’, el malagueño se erigió como héroe. Recordó viejos anhelos. El alma de Felip se apoderó de su ser. En aquella ocasión fue Soldado quien erró el penalti. Valió un ascenso a la categoría de plata. Reina volvió a alimentar sueños desde los once metros. Le sacó el penalti lanzado a su derecha a Jona. Circulo cerrado. Pasado y presentes conectados para un futuro soñador.

Uche pelea el balón en el encuentro ante el UCAM. Foto: Pere Ferré

 Barreiro sentencia

Uche pudo sentenciar en el 80’, pero la falta de oxigeno le condenó. Logró engatillar pero demasiado tarde. El Nou Estadi le perdonó. Gran parte de la salvación está en sus botas. No perdonó Barreiro en el 91’. Desató el delirio. Con un gol de fe y coraje. De lo que destila en cada acción. Una permanencia agónica para el recuerdo. 

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