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Salir a la calle casi un año después

Emoción y lágrimas en el encuentro de los familiares con los mayores fuera de las residencias. La inmunidad en geriátricos permite dar paseos, algún abrazo y caricias: «Ha sido muy bonito»

Raúl Cosano

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Familiares se citan con sus mayores fuera de las residencias casi 12 meses después de no haberse visto.

1. «Cogí la mano de mi madre y eso ya fue muchísimo»

Provi Ciuró (izquierda), con su madre, Provi, y varios residentes y familiares, en la salida. FOTO: fabián acidres

«Le cogí la mano y solo eso ya fue muy emocionante. No le di besos ni abrazos, porque aún tengo ese miedo en el cuerpo, pero solo sostenerle la mano ya fue muchísimo, ese contacto piel con piel después de tanto tiempo...», se sincera Provi Ciuró, hija de Provi Ferré, una residente de 85 años en Barà Bahia, en Roda de Berà. Era la primera vez en 11 meses que volvía a tocar a su madre, a sentirla físicamente. Esta semana se reencontraron, no por videollamada ni a dos metros de distancia tras una mesa; la recogió en la puerta del centro, la llevó en silla de ruedas y llegaron hasta el paseo marítimo de Roda de Berà. 

Rieron, se hicieron fotos, se miraron, se tocaron, en un paseo de alrededor de una hora, junto a más residentes con sus familiares. «Ha ido muy bien, ha sido muy bonito y emotivo. Ha habido lágrimas de familias que no se han podido resistir. Estamos todos muy contentos», cuenta la hija, feliz por esta actividad que ha insuflado vida a los mayores pero también a toda la familia. 

«Se ha hecho muy duro. He sufrido en este tiempo como hija pero también tenía esa tranquilidad de saber que estaba en un buen sitio, bien cuidada. Esto ha sido una bocanada de aire», reconoce Provi, vecina de Roda de Berà que junto a su hermana se han encargado de mantener el contacto con su madre, natural de Torredembarra y ahora en la residencia. También está más cerca la reunión con sus tres nietos. 

Esa salida breve cerca de la playa rodense, no exenta de nervios pero reconfortante, ha dado vida a las residencias, esos entornos que han sido los grandes damnificados en una pandemia que ha dejado brotes, contagios y, lo más duro, un reguero de fallecimientos. «Para nosotros ha sido un día muy importante», resume Sara Revilla, psicóloga del centro. Hasta ese día, el asueto del jardín de la residencia era el único contacto con el aire libre, pero nada más. Días antes del estado de alarma de mediados de marzo de 2020 las residencias ya habían endurecido sus restricciones. «Esto hacía mucha falta, por ellos mismos y también por las familias», explica la psicóloga, que elogia la resistencia de los abuelos durante este tiempo, pese a todas las dificultades. «Ellos nos han dado una lección de vida, porque han sido capaces de adaptarse a las circunstancias, aunque fueran duras, y ahora vemos la luz al final del túnel, todos queremos volver a la vida de antes», cuenta Sara Revilla. 

Como en Barà Bahia, en la mayoría de las residencias del Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre, tras alcanzar la inmunidad con las dos dosis de la vacuna, han podido salir durante esta semana pasada; eso sí, manteniendo protocolos estrictos de seguridad, como el cambio de ropa o calzado tras llegar de la calle o la higiene de manos. Es un pasito más hacia la normalidad y, sobre todo, el final de esta pesadilla para las personas más vulnerables ante el virus. 

2. «Hemos podido ir a ver el mar»

Usuarios de la residencia de L’Ametlla de Mar, viendo el mar después de casi un año. FOTO: dt

«Por fin pudimos salir a tomar el aire. ¡Cuántas ganas!», reconoce Carmen Alda, de 88 años y usuaria de la residencia L’Onada en L’Ametlla de Mar. «Hemos pasado muchos días sin pisar la calle y tenía muchas ganas de salir», admite ella, que junto a otros residentes pudo pasear y, aprovechando la ubicación del centro, disfrutar de un momento especialmente feliz: «Hemos podido ir a ver el mar, después de tanto tiempo. Ha sido importante y muy agradable para mí, que soy mucho de mar». 

«Esto era muy necesario», reconoce la directora de la residencia, Marta Navarro. «Salir un rato ya les dio mucha vida. Tenían muchas ganas, la libertad de ver el mar, de dar un paseo…. Ahora pueden salir con un familiar e incluso irse a casa pero al volver les tenemos que cambiar la ropa y seguimos trabajando por unidades de convivencia. Somos conscientes de que la situación es todavía complicada. Pero ahora los ánimos y el ambiente ya son distintos, la vacuna está funcionando, hemos podido crear inmunidad y había que ser un poco más laxos», explica Marta Navarro.  

3. «Votar era importante para mí»

Leopoldo Mayordomo, de 83 años, a punto de depositar su sobre en la urna, el 14-F. FOTO: dt

El levantamiento de algunas restricciones coincidió con la cita electoral del 14-F. «Me encantó esta iniciativa de poder salir para votar. Fue rápido, volvimos pronto pero me gustó», reconoce Leopoldo Mayordomo, de 83 años, que lleva algo más de uno en la residencia de L’Ametlla de Mar. «Para mí era importante poder votar. Siempre me he interesado mucho por la política, por la sociedad, por todo tipo de cuestiones. Me ha gustado dar mi opinión y posicionarme», cuenta él, que ha vivido muchos años en Suiza por trabajo. «Fue todo muy bien, llevaba el sobre preparado», cuenta. En algunos geriátricos los residentes pudieron ejercer su derecho al sufragio, acompañados de familiares o trabajadores. Leopoldo celebra no solo su experiencia electoral sino la ampliación reciente de su libertad. «Estoy encantado de poder salir, la situación era complicada últimamente pero poder ir a la calle es una alegría para todos», cuenta. Tanto personas mayores como discapacitados físicos de residencias pudieron depositar la papeleta en la urna.

4. «Ha sido una gran experiencia»

Núria Duaigües (derecha), con su sobrina Carolina, saliendo a la calle en Tortosa. FOTO: dt

Núria Duaigües pudo salir por fin de la residencia L’Onada de Tortosa, prácticamente un año después de hacerlo por última vez. «Podíamos salir al patio, pero no a la calle. Ya tenía muchas ganas, ha sido mucho tiempo esperando», explica ella. Lo primero que hizo fue ir a votar en las elecciones del 14-F. «Ya el hecho de salir fue una gran experiencia. Ahora en la residencia tenemos mucha tranquilidad, después de habernos vacunado todos y estar protegidos», dice Núria, que salió acompañada de su sobrina Carolina. Pudo caminar y ejercer el derecho del voto. «Las familias son las que más lo agradecen. Cuando se supo que se podían hacer salidas puntuales, tuvimos un montón de llamadas», cuenta Cinta Francès, la directora de la residencia tortosina. La responsable del centro reivindica la importancia de aligerar las restricciones en estos momentos de incipiente alivio por lograr la protección contra el virus: «Tenemos que seguir con las medidas dentro de la residencia y mantener unos protocolos de seguridad tras las actividades pero es muy bueno comenzar a salir. Nos alegramos porque lo hemos pasado todos muy mal durante estos últimos meses». 

5. «Era algo muy necesario»

Una residente en L’Onada Riudoms, saliendo a la calle a dar un paso y votar el 14-F. FOTO: dt

«El balance es muy positivo. Hay que tener en cuenta que llevaban casi un año encerrados, sin salir, con visitas de familiares pero a distancia, así que esto supone un gran alivio», relata Meritxell Domènech, educadora social en la residencia L’Onada de Riudoms. El centro ha cumplido una semana permitiendo escapadas de uno o dos días con familiares o, simplemente, algún paseo por las cercanías del geriátrico. De alguna forma, la vacunación ha permitido recuperar los planes a corto plazo. «Era algo muy necesario, no solo física sino también psicológicamente. Había residentes que veían a sus familiares cada día, que salían a la calle, que se iban a comer a casa de los hijos... Todo eso se interrumpió de golpe el 13 de marzo... y hasta ahora», explica la trabajadora de este centro del Baix Camp. El sentimiento no puede ser ahora de más esperanza. «Todos están muy contentos y animados por poder salir. Lo han pasado mal en este tiempo. Para los trabajadores también es importante. Hemos reducido la tensión, sabemos que aunque pueda haber algún caso, los efectos no van a ser los mismos», concluye Domènech. 

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