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Uche celebra uno de sus dos tantos ante el Girona. Foto: Pere Ferré
Deportes

Uche resucita al Nàstic (3-1)

El nigeriano completó una actuación antológica con dos goles y una asistencia que sirvieron para darle la vuelta al tanto inicial de Pablo Maffeo que había llegado en el primer minuto del encuentro

Juanfran Moreno

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Uche era hasta ayer  un futbolista defenestrado. Era el último hombre en el que se podría pensar a la hora encomendar las esperanzas granas. Nadie contaba con él. El nigeriano respondió en el campo. Mutiló todas las dudas que se habían generado sobre su figura. Nano apostó por él y Uche le respondió de la mejor manera posible, haciendo dos goles que pueden acabar traduciéndose en una agónica permanencia. Sin embargo, sería injusto resaltar a sólo un futbolista, cuando la actuación en la segunda parte a nivel coral fue memorable. Todos sacaron a relucir su mejor versión. Pasaron por encima a un equipo que venía convencido de que iba a lograr el soñado ascenso, pero que se encontró con otro rival que habló sobre el campo y peleó cada balón como si fuese el último. Rompió pronósticos a base de fe y humildad.

No había comienzo más desgarrador. De esos que mutilan esperanzas con una firmeza imponente. Pablo Maffeo se encargó de tirar por la borda todo inicio soñado. Añadió más dudas al conjunto grana y alejó fantasmas del pasado para el Girona. Cazó un despeje de Xavi Molina y lanzó un misil cruzado y tenso que se coló por el palo largo de Reina. No habían pasado ni 35 segundos. Una firme declaración de intenciones por parte de los visitantes. Querían certificar el ascenso a toda costa.

Aquel gol situó el encuentro en una situación predilecta para los de Machín. Resguardados atrás y esperando alguna contra. Al Nàstic le costaba descifrar el enigma rojiblanco. Madinda y Luismi estaban recibiendo un marcaje individual brillante. El equipo no encontraba guía. No había dinamismo ni fluidez en la circulación de balón grana. Uche y Barreiro eran dos islas en medio de un mar solemne. El Girona se frotaba las manos. Veía como el Nàstic se comenzaba a desesperar a la par que el Nou Estadi. Daba síntomas de ser un juguete roto.

Valentín fue un auténtico puñal por la banda derecha. Foto: Pere Ferré


Con el paso de los minutos, los de Nano detectaron la grieta en el entramado gerundense. Comenzaban a comprender los entresijos del peculiar sistema defensivo de los de Machín. La izquierda era un boquete. Pablo Maffeo se encontraba en inferioridad en la mayoría de acciones ofensivas de los granas. Sandaza, Longo y Portu fijaban por el centro. Parecía incluso hasta intencionado. Sin embargo, Juan Delgado no estaba incisivo. No lograba superar con claridad a Maffeo. El lateral se las bastaba para frenarlo en solitario.

Curiosamente, la ocasión más clara de la primera mitad llegó a través de la banda derecha. Juan Muñiz lanzó una diagonal con balón en la que fue tumbando a defensas rojiblancos de manera paulatina. Erró en la definición. Bounou sacó una mano espectacular a un disparo tenso y a media altura del asturiano. Aquello fue un espejismo. La realidad era cruda. El Nàstic no generaba peligro. No conectaba líneas. El Girona incluso se atrevía a alargar las posesiones, generando una incertidumbre y desesperación absoluta. Tuvo el segundo en los compases final de la primera mitad, pero el disparo desde la frontal de Sandaza lo desvió Reina. La situación al final de la primera parte era desgarradora. Abrasaba almas si se le echaba un vistazo a la tabla clasificatoria.

La primera parte fue para el olvido. El Girona se veía equipo de Primera División y mermaba las esperanzas granas

Una segunda mitad de ensueño

La segunda parte rompió todos los guiones preestablecidos. Nadie contaba con una resurrección de tal dimensiones. Uche lideró una estampida incontenible. De repente, el Girona fue un equipo dócil y plagado de dudas. Los viejos fantasmas del pasado revoloteaban de forma maliciosa sobre cada una de las mentes de los futbolistas gerundenses. Toda la ausencia de conexión que había reinado en el frente ofensivo se disipó en la segunda mitad. En el minuto 50, Uche recogió un balón en la banda derecha y con gran habilidad sorteó a Mújica para acabar metiendo un centro medido que remató un majestuoso Manu Barreiro con un cabezazo picado que cayó desde el aire. Otro gol de nueve. El gallego sigue traduciendo sus minutos en actuaciones decisivas con una facilidad primorosa.

Suzuki recordó a ese central contundente de la temporada pasada. Foto: Pere Ferré


Aquella acción catapultó la confianza del nigeriano. De repente, recordó a ese delantero al que en Primera División se le caían los goles del bolsillo. En el minuto 60 se sacó un disparo desde 35 metros lleno de convicción. Dulce locura. Bounou reaccionó tarde y no pudo desviar el ajustadísimo disparo. El Nàstic le había dado la vuelta al partido en un cuarto de hora memorable.

En aquel instante los goles caían por su propio peso. Uche seguía abanderando una reacción encomiable. Volvió a sacar otro recurso de su artillería pesada. Su disparo a la media vuelta vino precedida de otra jugada maravillosa de Barreiro. Repleta de calidad y fe. Dos aptitudes que el gallego atesora y explota con una facilidad exuberante. El Girona no pudo hacer nada. No se auguró reacción posible. La fiesta del ascenso gerundense había sido aguada. Enfrente hubo un equipo que en la segunda mitad lanzó un claro mensaje de esperanza y optimismo. Con un Nàstic como el del tras la reanudación, el descenso es una utopía.

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