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Un año contra la Covid: ¿Qué hemos aprendido?

Testimonios. Quince mujeres y quince hombres de toda la demarcación desvelan las lecciones vitales que les han dejado estos meses

XAVIER FERNÁNDEZ JOSÉ

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¿Hemos sacado alguna lección vital y/o práctica de este año de pandemia? Quince mujeres y quince hombres de diversos ámbitos profesionales y de toda la demarcación responden.

La escalofriante cifra de 72.258  muertos en España (1.233 de ellos en Tarragona) por la pandemia. El vergonzoso abandono en que sumieron el gobierno del Estado y todos y cada uno de los gobiernos autonómicos a las residencias de mayores que se cifró en 29.400 fallecidos. La crisis económica. La escasa clase de la clase política. El coronavirus nos ha dejado un reguero de dolor. Pero ¿hemos aprendido algo? El ‘Diari’ se lo ha preguntado a 30 personas (quince mujeres y quince hombres) de diversos ámbitos laborales y de toda la demarcación.

Entre las respuestas las hay puramente prácticas, como aprender a cultivar un huerto o a cuidar las flores de la habitación. A cocinar ‘al estilo de la yaya’ o a crear deliciosos postres. A darte cuenta de que hay que abrir un bueno vino cuando apetezca y no cuando lo ‘obligue’ una fecha especial.

También hay respuestas vitales. Entre las personas consultadas se repite un elemento común: apreciar más lo que antes era ‘habitual’. Por ejemplo, dar un abrazo o un beso, salir a pasear, tomar algo... En suma, ser libre. Vivir la normalidad, la de verdad, no esa triste «nueva normalidad». 

Disfrutar la vida al momento, asumir la incertidumbre, sacar fuerzas de flaqueza, darte cuenta de que no tienes límites, no planificar, tener paciencia, ser más empático/a, verbalizar sentimientos, disfrutar de la soledad y algo tan simple como dar las gracias son otras de las lecciones que han aprendido los protagonistas de este macroreportaje. 

1. «Quejarme menos, ser más paciente y empática»

Júlia Arza, en la autoescuela donde trabaja. Foto: Cedida

JÚLIA ARZA |  Profesora de autoescuela

«He aprendido a valorar más mi trabajo. El trabajo sin restricciones es salud y la salud es vida. Hay que ir a trabajar siempre con amabilidad y una sonrisa. Realmente recibes lo que das».

«He aprendido el poder de un abrazo. Cuando no había distancia social no lo valoraba tanto. Te libera del estrés y te anima a poder con todo. La verdad es que reconforta y mucho».

«Que hay que disfrutar la vida al máximo incluso con cosas sencillas. Hay que exprimir la vida, ser alegres, rodearse de gente positiva y ser agradecidos siempre. Los malos momentos, si llegan, llegan sin avisar. No podemos darles más importancia que a los buenos momentos. Al final todo en la vida tiene solución. Hay que dar tiempo al tiempo».

«He aprendido a desconectar. Hay cosas que no están en nuestra mano solucionarlas así que no hay que amargarse».
«He aprendido a quejarme menos, ser más paciente y más empática». 

«A proponerme pequeños objetivos e intentar realizarlos. Es muy satisfactorio cuando salen bien».

«A pensar que, en cuanto pase todo esto, que seguro que pasará, voy a seguir luchando por la familia y los amigos, por seguir unidos, sanos y felices, creando momentos divertidos que quedarán en nuestros recuerdos porque el día que nos toque partir lo material no importa».

«He aprendido a apreciar la libertad, el poder viajar y el compartir cualquier cosa con los más allegados».
«He aprendido a valorar y apoyar el esfuerzo, el servicio, el calor y la atención de las personas que están en el gremio de la hostelería, que han sido los más perjudicados por las restricciones».

«En definitiva, he aprendido que tenemos la capacidad para sobreponernos a todo, con más rapidez o con más lentitud, pero sin duda alguna debemos poder con todo. No hay más alternativa».
 

2. «Disfrutar de la vida todos los días»

Mag Gerard. Foto: Cedida

MAG GERARD |  Festival Teatre Màgic

«He aprendido a valorar las pequeñas cosas que en un futuro inmediato espero volver a hacer: coger el coche, un tren o un avión y viajar por placer para conocer nuevos destinos y culturas. Me he puesto al día para comunicarme a través de videoconferencia y para utilizar diferentes herramientas (digitales y de comunicación) de modo que la comunicación sea más fluida y eficaz».

«En el tema de la magia, he desarrollado mi creatividad para diseñar nuevos efectos de magia que, en algunos casos, ya han visto la luz y en otros lo harán en breve para ampliar el repertorio de muchos magos que los utilizan».

«Finalmente, lo más importante que he aprendido en este año de pandemia es que, de un día para otro, todo puede cambiar, así que es mejor disfrutar de la vida todos los días y hacer lo posible para ser feliz y hacer felices a los demás».

3. «Darme cuenta de que vivimos en un mundo global»

María Parra desvela que «creé música como nunca». FOTO: Cedida

MARÍA PARRA |  Pianista y compositora

«Hace un año que el mundo se paró. Hace un año todos fuimos obligados a recluirnos en nuestros hogares. Y en ese ‘encierro’ se nos desproveía de libertad de movimientos. Pero fue en aras de un bien común, en el que estaba involucrado el planeta entero. Esa fue quizás la primera bofetada de realidad: Darme cuenta de que vivimos en un mundo global, para bien o para mal».

«Pero esa reclusión impuesta, solos o con nuestras familias, fue una invitación a mirar de cerca nuestras vidas y mucho más profundamente nuestro templo interior tantas veces desatendido por las prisas, por estar más pendientes de lo que pasaba fuera o de lo que se esperaba de nosotros con plazos de entrega. Nos dimos un respiro y el tiempo empezó a fluir con más calma».

«En mi caso me dio la oportunidad de estar cerca de mis hijas, cada cual con su ritmo. Fui testigo del silencio en una gran ciudad como Madrid, ese silencio en el que me refugio tanto como puedo. Pero sin duda para mí el confinamiento, en general 2020, será el año en el que creé música como nunca antes, sin interrupciones, lo cual me procuró una dicha indescriptible y me afianzó la creencia de que los mayores tesoros están dentro de nosotros mismos, si hacemos el esfuerzo de desconectar del mundo y su ruido».
 

4. «Fer de pagès»

Font dirige el complejo industrial de Repsol en Tarragona. Foto: Cedida

JOSEP FRANCESC FONT |  Directivo de Repsol

«Durante este año de pandemia experimenté e intenté aprender ‘a fer de pagès’. Recordaba a mi padre, ya jubilado, cultivando verduras en un ‘huerto urbano’ del Camí de l’Àngel y pensé que, aprovechando el confinamiento, podría emularlo. Junto a mi esposa, nos lanzamos a la aventura plantando pimientos, judías verdes, calabacines, tomates, berenjenas y hasta nos atrevimos con sandías y melones. Aprendimos a identificar el ‘pugó’ y a tratarlo, las formas de las hojas y las flores de cada planta, a detectar cuándo regar y el lento crecimiento de las plantas y sus frutos. Al final la recompensa alcanzó las expectativas: Los calabacines abundantes y deliciosos, los tomates gustosos y las judías muy tiernas. Debemos mejorar con las berenjenas y los pimientos (se quedaron pequeños). No repetiremos con melones y sandías. Hemos aprendido que ‘fer de pagès’ para comer verduras kilómetro 0 no es fácil, pero no desistiremos. Este año, a pesar de que ya no estaremos tanto tiempo en casa, repetiremos la experiencia.»

5. «Jugar al ajedrez»

Meritxell Barberà. Foto: Cedida

MERITXELL BARBERÀ | Unió Botiguers Reus

«He aprendido a valorar aún más la importancia de la vida cotidiana, de las pequeñas cosas del día a día, del contacto social con la familia, los amigos y todas las personas que nos rodean. La importancia de un abrazo, de sentir que tienes personas cerca aunque estén lejos, de lo importante que es la escuela para los más pequeños y la Universidad para los mayores, de cómo la cultura en todas sus formas (la música, los libros, el cine, el teatro, el arte...) nos puede cambiar el estado de ánimo y hacernos estar mejor».

«He aprendido que sumando esfuerzos todo sale mejor y la importancia del comercio de proximidad y todo lo que representa: generación de empleo, cohesión social, seguridad y vida en nuestros pueblos y ciudades».

«He aprendido a no mirar el reloj cuando se trata de trabajar con esfuerzo para sacar adelante un negocio centenario. La importancia de la salud y de tener un sistema sanitario de calidad. Y junto a unos buenos maestros, como son María y Biel, mis hijos, he aprendido a jugar al ajedrez y a hacer unos postres buenísimos».

6. «Verbalizar lo que siento, expresarlo y compartirlo»

Andreu Suriol, en su farmacia de L’Arboç. FOTO: Cedida

IRENE PRADES | Directora de biblioteca

«Contraviniendo en cierto modo lo que nos aconseja el gran Joaquín Sabina en ‘Peces de Ciudad’, lo primero que he aprendido durante este año es que al lugar donde has sido feliz siempre debes tratar de volver. Y no precisamente por la prohibición, sino porque he necesitado reencontrarme conmigo misma y rescatar los sonidos, los olores y las sensaciones de aquellos parajes y de las gentes con quien una vez fui feliz. Se echa de menos todo lo que se quiere y duele todo aquello que te lo impide, por lo que he aprendido a trazar caminos de vuelta imaginarios con el alma».

«Porque hay que cultivar y cuidar todo lo que se ama, lo que nos rodea y nos acompaña, el huerto más cercano de nuestra vida. Por eso he aprendido también a cuidar de las plantas del patio anexo a mi habitación, las que me saludan cada amanecer y colorean los tonos blancos de mi vida día tras día».

«Aprendí a esperar con la mirada puesta en el horizonte más cercano (¿para qué fijar los objetivos en la lontananza?). A esperar a que pase la tormenta para volver a hacer lo que siempre hacíamos, aunque con una versión mejorada a ser posible».

«Planificar el menú semanal»

«También he comprobado que planificar un buen menú semanal es útil y práctico. Todos en casa, comida, cena, desayunos, meriendas... Eso es mucha comida y de ahí que necesites una buena organización y planificar un menú semanal porque, además, no puedes salir a menudo a buscar los ingredientes que necesitas. La idea es extrapolable a cualquier otro ámbito y situación. La planificación ayuda a conseguir el fin».

«He aprendido a verbalizar lo que siento, a expresarlo y compartirlo. Que todos nuestros seres queridos no se hallen cerca de nosotros no significa que no nos estén acompañando emocionalmente ni que no podamos comunicarnos con ellos». 
«La pandemia ha significado una oportunidad para estar con parte de nuestras familias, pero también un espacio para reconocer la importancia de las relaciones que tuvimos que trasladar a la virtualidad durante el confinamiento».
 

7. «Controlar la rabia por la situación que vivía»

Pepa Plana. FOTO: Cedida

PEPA PLANA |  Payasa

«La primera fase de la pandemia la asumí con tranquilidad  pensando ingenuamente que era una oportunidad para detenerte y pensar. Todo era incierto y decidí hacer un pequeño huerto por primera vez en mi vida: plantar y esperar. Yo que me defino como nómada era curioso estar sin moverme y arraigar».

«La segunda fase fue más complicada de gestionar: incertidumbre y más incertidumbre, bolos anulados y pospuestos, proyectos parados. Quizás lo que aprendí en esta fase es a controlar la rabia y centrarme en lo mejor que se hacer: contar historias». 

«En esta tercera fase estoy aprendiendo a salir adelante, como siempre terca, con la certeza de que, aunque nuestro oficio sea tan precario, somos imprescindibles. En resumen, he aprendido que, de la manera que sea, por difícil que sea, seguiré haciendo teatro».

8. «Vivir en la incertidumbre»

El periodista Xavier Graset, natural de Vila-seca. FOTO: Alfredo González

XAVIER GRASET |  Periodista

«El confinamiento domiciliario me ‘regaló’ todas las horas del día para poder compartirlas con mi familia, mi mujer Ana Mª y mis hijos, Bernat y Anna, como sólo ocurre durante las vacaciones. Hemos aprendido a aprovechar aún más las horas que estamos juntos, a hacer una convivencia enriquecedora».

«Las dosis de teletrabajo me han dado el empuje para ahorrar muchos desplazamientos que se han demostrado innecesarios. Somos esclavos de la presencialidad, pero va cambiando. Muchas reuniones que he resuelto vía telemática han demostrado que no hay que hacer tantos kilómetros para según qué trabajos. Y en la TV ahora aceptamos imágenes de skype que antes eran inadmisibles».

«He aprendido a vivir en la incertidumbre. Esta sociedad líquida que describía Zygmunt Bauman ha alcanzado toda su dimensión. No hay nada que se pueda certificar al 100% ni en el ámbito de la ciencia, ni de la gestión política de la pandemia. Estas incertidumbres, aplicadas al resto de aspectos de la vida, definen nuestro presente».

«Además de potenciar mi afición como cocinero casero, repasando los platos del recetario tradicional, también he aprendido a no esperar a un día señalado para abrir un buen vino. Cada día que ganamos a la Covid se demuestra que es una oportunidad excelente para abrir una botella de las diferentes DO de Tarragona. ¡Tenemos los mejores vinos del país!».

9. «Conocer el miedo»

Lupprian y Cugat echan de me-nos los directos. Foto: Cedida

PILI CUGAT/CARLOS LUPPRIAN |  Cantante y compositor-guitarrista

«La fuerza de nuestro pequeño núcleo familiar y artístico. Cuando parece que el mundo se tambalea es cuando sumamos con nuestras diferencias, virtudes y carencias. Tenemos personalidades muy distintas, pero que se complementan. Conocer el miedo y encontrar la manera de redirigir la energía de manera que no caigamos en la desesperación o la huida. Básicamente focalizar la atención en un objetivo».

«Actuar sin un público físico y  familiarizarnos con el formato ‘online’. Este aspecto no ha sido fácil y seguimos echando de menos las actuaciones en vivo. A pesar de todo hemos podido disfrutar de algunas actuaciones en directo. La sensación era extraña porque las medidas de seguridad limitan la expresividad del público y del artista y eso dificulta la comunicación, cosa que nos lleva a desarrollar la confianza en nuestro mensaje y la intuición en pequeños gestos. Sentir el brillo de unos ojos, una mano que se tensa o alguien que se evade y cabalga sobre el sonido. Nos sentimos afortunados».

10. «Recetas de cocina catalana y experimentar con los vinos»

Joan Arrufí preside la Denomina-ció d’Origen Terra Alta. Foto: Cedida

JOAN ARRUFÍ |  Presidente de la DO Terra Alta

«Ha sido mucha la voluntad que he metido en la cocina. He visto y he leído muchas recetas, que antes no tenía tiempo de realizar. Ahora ya tengo práctica y nociones base de la cocina catalana».
«Ha sido muy enriquecedor poder abrir botellas de vino guardadas en la bodega o adquirir vinos de variedades y zonas diferentes. Tener el tiempo suficiente para disfrutar de un buen vino es fantástico y más si lo acompañas con el ritual necesario: una buena copa, un decantador, una temperatura adecuada y una buena compañía: ¡la familia!.

«Todos los días he estado en casa. Sin viajes ni vuelos ni hoteles ni restaurantes. La verdad es que ha sido, y todavía es, muy gratificante terminar la jornada, y saber que en casa te esperan los tuyos. Por tanto, entre otras cosas, he aprendido cocina, a experimentar con los vinos y a disfrutar más de la familia».

11. «Verbalizar lo que siento, expresarlo y compartirlo»

Irene dirige la Biblioteca Mar-cel·lí Domingo de Tortosa. Foto: Joan Revillas

IRENE PRADES | Directora de biblioteca

«Contraviniendo en cierto modo lo que nos aconseja el gran Joaquín Sabina en ‘Peces de Ciudad’, lo primero que he aprendido durante este año es que al lugar donde has sido feliz siempre debes tratar de volver. Y no precisamente por la prohibición, sino porque he necesitado reencontrarme conmigo misma y rescatar los sonidos, los olores y las sensaciones de aquellos parajes y de las gentes con quien una vez fui feliz. Se echa de menos todo lo que se quiere y duele todo aquello que te lo impide, por lo que he aprendido a trazar caminos de vuelta imaginarios con el alma».

«Porque hay que cultivar y cuidar todo lo que se ama, lo que nos rodea y nos acompaña, el huerto más cercano de nuestra vida. Por eso he aprendido también a cuidar de las plantas del patio anexo a mi habitación, las que me saludan cada amanecer y colorean los tonos blancos de mi vida día tras día».

«Aprendí a esperar con la mirada puesta en el horizonte más cercano (¿para qué fijar los objetivos en la lontananza?). A esperar a que pase la tormenta para volver a hacer lo que siempre hacíamos, aunque con una versión mejorada a ser posible».

«Planificar el menú semanal»

«También he comprobado que planificar un buen menú semanal es útil y práctico. Todos en casa, comida, cena, desayunos, meriendas... Eso es mucha comida y de ahí que necesites una buena organización y planificar un menú semanal porque, además, no puedes salir a menudo a buscar los ingredientes que necesitas. La idea es extrapolable a cualquier otro ámbito y situación. La planificación ayuda a conseguir el fin».

«He aprendido a verbalizar lo que siento, a expresarlo y compartirlo. Que todos nuestros seres queridos no se hallen cerca de nosotros no significa que no nos estén acompañando emocionalmente ni que no podamos comunicarnos con ellos». 
«La pandemia ha significado una oportunidad para estar con parte de nuestras familias, pero también un espacio para reconocer la importancia de las relaciones que tuvimos que trasladar a la virtualidad durante el confinamiento».
 

12. «Valorar más los pequeños momentos y detalles»

Joan Enric Roig, en un restaurante de Tortosa. FOTO: Cedida

JOAN ENRIC ROIG |  Camarero

«Un año después de la pandemia, donde parece que gracias a las vacunas esperamos terminar 2021 con una cierta normalidad, creo que todo el mundo ha aprendido a valorar más esos pequeños momentos que antes eran el día a día y de los que no hacíamos caso, como por ejemplo, ir a cenar, tomar unas copas con los amigos, salir de fiesta, ver a nuestros abuelos y al resto de la familia...».

«Por otra parte, la pandemia nos aporta algo que antes no   pensábamos o que no tenía tanta importancia: valorar más los pequeños detalles, disfrutar del tiempo libre y tener mas higiene personal».

«Esperamos que todo acabe lo antes posible y todo el mundo pueda continuar trabajando y vivir la vida con todo lo que ésta nos permite».

13. «No posponer los planes con los amigos y la familia»

Vanesa trabaja en el Hospital Verge de la Cinta de Tortosa. FOTO: Cedida

VANESA SANZ | Comadrona

«El significado de la resiliencia. La situación que vivimos nos obligó a obedecer unas normas que no habíamos planeado jamás, que debimos aceptar y, al final, lo hicimos. Nos adaptamos para poder sobrellevar todo lo que pasaba a nuestro alrededor». 

«A valorar la casa donde vivo. Somos una familia de cuatro: dos adultos y dos niños pequeños. No tenemos una gran terraza, pero aprovechamos cada centímetro. Fue nuestra válvula de escape para entretener a los niños. Nos compramos una barbacoa portátil y cuando vino el buen tiempo pasábamos el día fuera, como si hubiésemos salido de casa».

«Aprendimos jardinería. Plantamos semillas de lechugas, las regábamos todas las mañanas y las transplantamos a macetas cuando empezaron a crecer. Los caracoles se las comieron antes que nosotros».

«A no posponer los planes con amigos y familia. ¡Nunca se debe dejar pasar un buen plan!. Antes de la pandemia, a veces, posponíamos comidas o salidas con la excusa de una agenda apretada. Nos hemos dado cuenta de que hay que aprovechar los buenos momentos y exprimirlos al máximo. Nunca sabemos qué nos espera. Por eso es mejor no posponer ningún buen plan».
 

14. «Usar las redes sociales y el material informático»

Pujol preside la Cambra de la Propietat Urbana de TGN. Foto: Cedida

AGUSTÍ PUJOL |  Presidente de la Cambra de la Propietat Urbana

«Habría que distinguir entre la primera fase de la pandemia, con un confinamiento domiciliario absoluto, y el resto del tiempo, donde las restricciones han ido variando según la evolución de la crisis sanitaria».

«En la primera, destacaría mi rápida adaptación al ‘arresto domiciliario’, con aprovechamiento máximo del tiempo para ordenar cuestiones domésticas, realizar trabajos de bricolaje e intentar reducir los tiempos muertos».

«A nivel familiar, mi mujer y yo conseguimos una convivencia equilibrada de 24 sobre 24 horas, no siempre fácil, que supimos manejar muy bien los dos. Posteriormente, ya con movilidad reducida y actividades limitadas, he descubierto un nuevo estilo de vida con el teletrabajo. El uso del material informático, sin llegar a dominarlo, de las redes sociales y de la comunicación telemática ha supuesto la parte más positiva. Dejará huella».

15. «Modificar los procesos de trabajo y formarme ‘online’»

Jordina, en su peluquería. Foto: Cedida

JORDINA CUSIDÓ | Peluquera

«El confinamiento, en muchos casos, ha hecho tambalear nuestra escala de valores y prioridades en la vida. Rutinas que nunca imaginábamos que tendríamos que cambiar,. Me juré que disfrutaría de todo lo que tengo a mi lado, en el día a día, los familiares y amigos. También de mi trabajo».

«Durante el confinamiento he aprovechado para hacer mucha formación ‘online’ y modificar procesos de trabajo, algo para lo  que habitualmente nunca encuentras el momento».

«Sobre todo he aprendido a valorar los pequeños detalles, tan importantes y a menudo olvidados. Lo que más echo de menos es viajar, tanto por placer, como por formación. También echo de menos a los amigos. Pero todo esto volverá. Así que es muy importante disfrutar de lo que tengo y lo que puedo hacer».

16. «Ponerme al día en el uso de las plataformas digitales»

Josep Domene preside la Agru-pació d’Associacions de Set-mana Santa de Reus. FOTO: Cedida

JOSEP DOMENE |  Setmana Santa de Reus

«Creo que lo que más hemos aprendido todos debido a esta situación ha sido a valorar realmente lo importante que son las relaciones personales y el contacto con nuestros seres queridos. No poder ver a nuestros mayores, no poder abrazar o besar a tus familiares más cercanos, evitar el contacto con tu familia por precaución y a la vez para protegerlos han sido algunas de las experiencias más negativas de esta pandemia. A su vez, esta experiencia negativa nos redirige a una muy positiva como es la de poner en valor todas estas relaciones que eran rutinarias y cotidianas».

«Esta situación nos ha llevado a aprender, a marchas forzadas, aspectos que nos facilitarán la interacción con los demás y poder realizar acciones tan básicas como hacer la compra. Muchos no estábamos tan familiarizados con estas nuevas tendencias o plataformas y ahora nos hemos tenido que poner al día en su uso».

«Ese uso seguramente ha llegado para quedarse y cambiará nuestro horizonte no presente sino futuro. Aspectos como las videollamadas o las reuniones de trabajo a través de las diferentes plataformas disponibles ocupan nuestro día a día, y ya han pasado a ser habituales o simplemente ‘normales’ en nuestra cotidianidad».

«Adaptarme al teletrabajo»

«Muchos hemos tenido que adaptarnos, desde las empresas a los propios trabajadores, a realizar nuestro trabajo de manera telemática. Esto era impensable hace unos meses. Esa capacidad de adaptación del mercado laboral al trabajo desde casa se ha tenido que hacer a marchas forzadas para poder avanzar y hacer frente a las obligaciones y tareas del puesto de trabajo. El teletrabajo es posible». 

«Esta adaptación, más forzada que voluntaria, ha dado un giro de 180 grados al mercado laboral, ya que ni empresas ni trabajadores estaban preparados para acoger esta situación y gestionarla en un plazo relativamente corto de tiempo. Pero esta experiencia seguro que ha sentado precedente para potenciar en un futuro no muy lejano la implantación del teletrabajo, sino en su plenitud, sí en una parte de la jornada semanal».

17. «Valorar la libertad y el contacto humano»

Teruel dirige la Càtedra d’In-novació Empresarial. Foto: A.Mariné

MERCEDES TERUEL |  URV

«Las restricciones horarias, de desplazamiento, aforos... Con la pandemia he aprendido a valorar la libertad que aún no hemos recuperado».

«También he aprendido a tomar conciencia de la importancia del contacto humano para determinadas tareas laborales. El teletrabajo facilita mucho el trabajo, pero no sustituye al contacto personal».

«Valorar el tener plantas en casa. Después del primer confinamiento he llenado la casa de plantas. Ahora me toca aprender a cuidarlas o que ellas aprendan a sobrevivir en casa».
«Algo más banal como disfrutar experimentando con las recetas de postres tradicionales de la familia. En particular, he recuperado la receta de profiteroles».

18. «Vivir en soledad»

Pep Escoda, en su estudio de la Part Alta de Tarragona. FOTO: Alba Mariné

PEP ESCODA | Fotógrafo

«Este año de pandemia me ha pasado muy rápido. En general no ha aportado nada positivo. Ha supuesto el enriquecimiento de unos pocos y la pobreza de muchos. Como trabajador autónomo, fotógrafo, al pararse en totalidad el trabajo pude escuchar como nunca el silencio y ver crecer plantas por las calles y grietas en edificios y aceras. La sabiduría de la naturaleza se hacía cada día más presente. Pude escuchar el canto de pájaros que no había visto nunca por los tejados. Aprendí a vivir en soledad, a conocer y hacerme más mío el espacio que me rodea y habito. Aprendí a darme cuenta de las necesidades reales y valorar más las cosas, aquellas pequeñas cosas que juntas hacen una grande. Fue una parada forzada, un hecho único que no había vivido ni imaginado. Aproveché el tiempo para pensar, leer, dibujar, cocinar, fotografiar mi habitado espacio y, desde un punto de vista interior, íntimo. Asumí la añoranza por los seres queridos a los que no podía abrazar. A alguno de ellos ya no podré hacerlo».

«Continúa la incertidumbre, la  ‘nueva normalidad’ que no tiene nada de nueva ni de normal. Sigue la mala gestión que han hecho y la confusión que han creado los que viven de la política. Reflexiono y pienso: ¿hasta dónde llega la estupidez humana? ¿Es la última oportunidad que nos da el planeta? No hay que detenerse sino seguir caminando».

19. «Valorar el simple hecho de poder salir a la calle»

Cori está al frente de una asocia-ción vecinal. FOTO: Alba Mariné

CORI BALANYÀ |  Presidenta AAVV del Barri Fortuny de Reus

«Este año nos ha enseñado a valorar la importancia de esas cosas cotidianas que son normales y rutinarias y cuya importancia no apreciamos hasta que ya no las tenemos».
«He aprendido a valorar la libertad de movimiento, como el simple hecho de salir a la calle. Era algo impensable hace un año que viviríamos esta situación. Ha sido toda una lección para darnos cuenta de la importancia de la salud y la sanidad y de la dureza de no poder ver a familia, amigos y ancianos».

«Hemos de saber vivir con este cambio y reflexionar. La lección que nos da este virus es la importancia de lo no material. Ha sido un año en que las personas nos hemos acercado más. No ha podido haber besos ni abrazos, pero hemos conocido a vecinos con los que quizás no teníamos más que una relación de hola y adiós y ahora nos conocemos. Esta es una de las cosas positivas».

20. «Hacer comida como la de la abuela.... ¡Vaya gozada!»

Lucas García. FOTO: Cedida

LUCAS GARCÍA | Auxiliar de enfermería

«En este año tan difícil para todos se tiene que ver el lado positivo de las cosas. En mi caso, en este año de pandemia he aprendido a apreciar más las relaciones personales porque, como hemos visto, no sabemos que nos puede pasar el día de mañana».

«Otra cosa que he aprendido es a hacer comida como la de la abuela que nunca había hecho por falta de tiempo. ¡Vaya gozada!».

«También he aprendido a modernizarme en las nuevas tecnologías para conectarme con los míos. Vaya pasada cómo avanza la tecnología y mejora nuestra calidad de vida».

«Otra cosa que he aprendido es a no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy ya que como he dicho anteriormente no sabemos qué pasará mañana». 

21. «Ser optimista y aprender que no tenemos límites»

Mary Herrera, en el local que tiene en Segur de Calafell. Foto: Cedida

MARY HERRERA |  Cheff

«A nivel personal ha sido un movimiento interno de conciencia, solidaridad y de comprensión. El pasado 14 de marzo del 2020 la sensación, aparte del miedo que no he conseguido quitarme todavía, fue de estupor. Lo primero que me vino a la cabeza es cómo iba a emplear el tiempo en el cual no estaría trabajando. Tiempo para mí, diversificado de la forma que quisiera. Nunca me había pasado ya que siempre iba contrarreloj. De golpe la vida empezó a pasar más lentamente y he aprendido a saborear estos meses por lo inaudito. He aprovechado mis horas muertas para instruirme. Precisamente lo que menos hago ahora es cocinar». 

«Otro hecho recalcable fue aprender que no hay límites. Soporté sola un negocio, un hogar y sus gastos casi sin ingresos esos primeros meses de confinamiento. Me arremangué y me puse a cocinar sin personal porque no podía mantenerlo y empecé a coger cierto rodaje con la cocina en movimiento».

«Compaginar la realización de las comandas, los repartos, la limpieza... no fue fácil. Queda grabado en mí tanta incomunicación. Cuando pude abrir por fin al público empecé sola también. Fueron los días más extraños de toda mi vida laboral. Estaba rodeada de gente, pero me seguía encontrando en absoluta soledad porque las formas de relacionarnos cambiaron drásticamente».

«El verano pasado fue intenso a nivel de trabajo y di lo máximo junto a una de mis ayudantes. Hicimos un poco de hucha por aquello de que esta historia se pudiese volver a poner fea y acertamos. Nos volvieron a cerrar y vuelta al destierro y al delivery. Desde octubre que no hemos remontado, pero los que me quieren y cuidan no me dejan que caiga en el abatimiento. Me prestan su fuerza para seguir remando en un mar que no termina de explicarnos dónde nos lleva este inmenso oleaje en el que nos hemos visto inmersos».

«De todas formas, la conclusión que saco no es negativa del todo. He descansado. Leo, escribo, asimilo, me conformo, cuido y tengo un destino fijado: el del optimismo. Aunque haya días que me haya querido revolcar en el fango de la pena, siempre hay una cosa que me hace seguir flotando y navegando hacia el país de la esperanza: el cariño. Todo irá bien».

22. «Manejar el horno, que ha llegado a sacar humo»

Adam Raga, en el centro. FOTO: Cedida

ADAM RAGA |  Piloto de trial

«Durante el confinamiento estuve lesionado, en la cama, por lo que pude ver muchísimos documentales tanto de la Guerra Civil como de la I y la II guerras mundiales. Son espectaculares, pasados a color. Está muy bien saber qué pasó. Aprendí historia».

«Hasta el confinamiento iba al gimnasio. Por suerte tengo un pequeño gimnasio en casa, pero necesitaba más cosas. Estuve haciendo trabajos manuales para intentar fabricar máquinas, tipo bricomanía».

«He mejorado también en la cocina. Antes los fines de semana iba a cenar fuera. Me tuve que quedar en casa, pero me sigue gustando comer bien. No había usado casi nunca el horno. He aprendido a manejarlo y ha sacado humo».
 

23. «Separar la carga innecesaria de la que es imprescindible»

Natalia Rodríguez ha sido cuatro veces olímpica. FOTO: Cedida

NATALIA RODRÍGUEZ | Exatleta

«El confinamiento y las restricciones nos han afectado mucho a nivel psicológico, más allá del daño físico que causa el propio virus. Personalmente, tengo la fortuna de haber vivido, a lo largo de mi trayectoria deportiva, experiencias que me han marcado, a priori negativas y duras, y que, sin embargo, han resultado ser las más enriquecedoras. Es muy similar a lo que me está sucediendo estos últimos meses».

«Estoy aprendiendo a disfrutar de mi familia en casa, a valorar ese propio hogar, el tener un techo donde resguardarte. Algo tan sencillo como eso: valorar el sacrificio y el esfuerzo que hay invertidos en todo lo que puedo disfrutar ahora. Mi aprendizaje es, como estoy segura que el de muchas personas, de filosofía de vida. Abres la mochila que llevas a tu espalda y empiezas a separar la carga imprescindible de la innecesaria. Te das cuenta de que lo realmente importante es lo menos pesado y, simplemente, te quedas con eso».

«Lo más triste es, sin embargo, que muchas personas no reaccionan hasta que viven una experiencia cercana a la muerte o una grave enfermedad. Veo esta situación como una gran oportunidad para aprender a valorar las ‘pequeñas’ cosas de nuestra vida que, a la larga, son las que nos hacen crecer como personas».

24. «La importancia de apoyar y confiar en tus compañeros»

Josep Martínez es el director del Centre Residencial Tarragona Sanitas Mayores. FOTO: Cedida

JOSEP MARTÍNEZ |  Director de la residencia de mayores de Sanitas

«Entre las lecciones que hemos aprendido destacaría la importancia del trabajo en equipo en este sector, de apoyar y confiar en tus compañeros. La vocación y el amor por lo que hacemos nos ha permitido que, desde los centros residenciales, hayamos podido plantar cara al virus redoblando esfuerzos e incluso arriesgando nuestra salud en los momentos más críticos».

«Otro de los aspectos que subrayaría es el sociosanitario. Ya llevábamos un tiempo enfocados en ello, pero con la pandemia hemos interiorizado aún más la necesidad de realizar actividades con las personas mayores que les motiven y desarrollen aspectos como su creatividad, imaginación y lógica, que les entretengan y mejoren su bienestar emocional. Además, a través de la tecnología avanzada, hemos sido capaces de mantener en contacto a las personas mayores con sus familiares cada día».

25. «Valorar la fuerza de la solidaridad y la ayuda»

Encarna Orduna. FOTO: A.González

ENCARNA ORDUNA | Decana abogados Reus

«He aprendido a familiarizarme más con las nuevas tecnologías. Las circunstancias acaban imponiendo que, sí o sí, es necesario estar al día en las aplicaciones informáticas».

«He aprendido lo necesario e importante que es socializar. También a valorar más el tiempo que es necesario compartir con el núcleo familiar con el que convives, lejos del estrés diario, así como a echar en falta las reuniones y las comidas de los domingos con mis padres que se vieron interrumpidas de repente sin que a día de hoy se hayan reanudado».

«He aprendido a valorar la fuerza de la solidaridad y ayuda de personas anónimas y profesionales que, ante situaciones como la que hemos vivido, han prestado sus conocimientos y apoyo a los que realmente lo han pasado y lo están pasando mal en esta pandemia, ya sea a nivel sanitario obviamente, como asistencial o económico, personas que han contribuido día a día a solventar las situaciones adversas que se nos iban presentando».

26. «Descubrir la fragilidad de las sociedades occidentales»

Albert Pujol es director del Litterarum Móra d’Ebre. FOTO: Joan Revillas

ALBERT PUJOL | Graduado en multimedia

«He aprendido que el entorno rural, de donde soy, tiene una gran oportunidad de captación y retención de talento gracias al teletrabajo. Hace falta dinamizar para que pase de ser una obligación a ser una opción».

«He aprendido a valorar más los momentos en casa, los detalles de la vida diaria y la organización del preciado tiempo que demasiado a menudo nos pasa muy y muy rápido».

«Soy un gran amante del uso social y del aprovechamiento para temas personales de la tecnología, y he aprendido que no todo el mundo estaba preparado, pero que cada vez más la gran mayoría de gente tiene en sus manos una herramienta de comunicación que nos acerca, más que nos aleja».

«Mi gran conclusión personal tras este año de pandemia ha sido la fragilidad que tenemos, aunque no lo pensamos, las sociedades occidentales actuales. Hemos alcanzado un nivel descontrolado de costumbres y de formas de vida que no son las más correctos. La acumulación de personas en zonas metropolitanas no es una buena calidad de vida. La vida tranquila, cerca de la naturaleza, es claramente el futuro». 
«Ahora que las tecnologías digitales llegan cada vez más al entorno rural, trabajar y vivir en las zonas rurales no solo es un privilegio sino que debe ser una de las líneas a trabajar por nuestros gobernantes si piensan en mejorar nuestra sociedad y la vida de las personas».

27. «Entender que el miedo y la tristeza sirven para movilizarnos»

Sonia Mateo tiene una empresa de comunicación. FOTO: Cedida

SONIA MATEO |  Empresaria

«He aprendido a apreciar el verdadero valor del tiempo. A dar las gracias, cada día, a alguien diferente, por cualquier cosa, por irrelevante que parezca. A no planificar. ¿Para qué? He recordado la importancia de llenar el alma con música. He descubierto la cara solidaria de muchas personas cercanas. He revivido el poder de reinventarme. He pasado miedo, angustia y tristeza. He entendido que el miedo, la angustia y la tristeza muchas veces sirven para movilizarnos y levantarnos del sofá. En fin, he aprendido a ser vulnerable, a caerme, y a levantarme una y otra vez».

 

28. «Ser más reflexivo, calmado, pero también más luchador»

Christian Compte es el dueño del Totem Café, en TGN. FOTO: Pere Ferré

CHRISTIAN COMPTE |  Dueño de discoteca

«El cambio más importante ha sido en mis horarios. Antes me levantaba entre semana a las 8 para llevar a mi hijo al colegio y el fin de semana me iba a dormir a las 8 de la mañana. Ahora puedo disfrutar del ‘finde’ con mi familia, cosa que antes no podía hacer».

«Me he vuelto mas ‘cocinitas’, lo que aprovecharé para reorientar el Tótem Café, donde en breve daremos comida además de las copas cuando se puedan volver a dar. Personalmente soy más luchador, hemos luchado mucho desde el sector dada nuestra situación de abandono por parte de las administraciones. Incluso he dormido una semana en una tienda de campaña en la Plaça Sant Jaume, donde conocí a gente maravillosa de mi sector con la que la lucha ha sido más llevadera».

«Me dicen mis amigos que soy mas reflexivo y calmado, que incluso estando con ellos se nota que estoy pensando en otras cosas. A pesar de todo, echo mucho de menos mi trabajo, proporcionar un lugar de diversión a la gente de Tarragona que me ha permitido conocer muchas generaciones distintas de gente maravillosa. Y más ahora que estaba empezando a ‘cuidar’ a mis amigos en el Tótem Café y a sus hijos en la discoteca».

«Espero que los políticos mejoren sus estrategias y acabemos lo antes posible con esta pesadilla porque hay muchas ganas de recuperar nuestras vidas».

29. «Tener paciencia»

Ester es profesora de la escuela pública de Bonavista. FOTO: Cedida

ESTER MAIXÉ | Profesora de Primaria

«He aprendido a tener paciencia, no solamente a saber esperar sino también a aprender a vivir con una incertidumbre de no saber cuándo y cómo pasará todo esto. También a valorar el día a día. El confinamiento nos ha ayudado a modificar nuestras prioridades y saber qué es lo importante. Creo que este es uno de los puntos más bonitos y positivos que a partir de ahora tendremos en cuenta».

«He aprendido lo importante que es nuestra parte social en nuestras vidas. Echas de menos ver a tu gente, abrazar, tocar, sentirla cerca... Nos caracterizamos justamente por esa necesidad de contacto y la llegada de la Covid ha marcado mucho este aspecto. Me ha sorprendido la capacidad de adaptación constante que tenemos los humanos. Es impresionante como las personas han aprendido a vivir con esta situación de la mejor manera y han sumado a sus vidas diferentes medidas para poder combatir esta pandemia».

30. «Vivir plenamente, que cada abrazo, cada segundo, cuenta»

Rubén Navarro, cofundador de la ONG Niños de Kenia. FOTO: Cedida

RUBÉN NAVARRO |  Responsable de ONG

«En este año tan diferente he aprendido a valorar la vida desde otro punto de vista. Cada abrazo, por pequeño que sea, cuenta. Las risas, todos esos instantes a los que antes no les daba importancia, ahora los valoro muchísimo más. Cada minuto, cada segundo, importan porque no sabes si se repetirá. Siempre vamos con prisa sin saber a dónde nos dirigimos. Nunca me había parado a pensar que ‘ese’ abrazo pudiera llegar a ser el último que le diera a un ser querido, sin tener la posibilidad de despedirme o solo a través del teléfono o la cabina de un hospital. Este año se ha llevado a muchas personas, pero también nos ha enseñado a vivir plenamente. A mí personalmente el tiempo de estar en casa me sirvió para buscar un plan B y aproveché para estudiar trading».

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