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Un Nàstic insípido cae merecidamente ante el Rayo Majadahonda (0-1)

El equipo madrileño dominó el partido y superó a los locales en todo momento. Nico hizo el 0-1 cuando los tarraconenses jugaban con diez por la expulsión de Cadamuro

El Nàstic tiene mala pinta. Que un equipo debutante en la categoría te pase por encima en tu estadio, y se lleve los tres puntos merecidamente, denota la mala situación en la que parte el equipo grana en este inicio de temporada. Empezar la temporada con tantas deficiencias genera una losa que en Tarragona sabemos lo difícil que resulta después descargarla.

La sensación que dejó la derrota ante el Rayo Majadahonda es que el Nàstic está muy verde.  Tierno en las áreas, defectuoso en el centro del campo y sin carisma alguno sobre el campo, más allá de los arrebatos de Fali.

Y no hace falta hablar de nombres propios. El problema es de conjunto. De ofrecer un plan de juego visible. Luego se puede ejecutar bien o no, pero transmitir una idea es crucial para marcar el camino. Sin ese esbozo de lo que se quiere hacer, la imagen es de desorden e intrascendencia. Un grupo que trata de llegar al área rival como puede, a trompicones y agarrándose más a la suerte que a la elaboración.

Gordillo contó con dos de los últimos fichajes: Cadamuro e Iván López. Ninguno de los dos acabó el choque. El primero víctima de una rigurosa decisión arbitral que le expulsó por doble amarilla y el segundo por asuntos físicos. El lateral valenciano lleva muchos meses sin jugar porque sale de una lesión importante. Se retiró pasado el descanso porque el cuerpo no le aguantaba. En el primer acto ya se le vio desfondado cuando debía recuperar la posición.

Ante todo ello, el Rayo Majadahonda se impuso plácidamente. Ellos tenían un estilo marcado y lo aplicaron sin problemas en el Nou Estadi para sumar sus primeros tres puntos en la competición. Marcó en el tramo final, pero pudo hacerlo a lo largo de los 90 minutos. Su dominio les dio para haber sentenciado el partido mucho antes de que Nico pusiera el 0-1 en el 82’.

Cuesta comprender la mala entrada del Nàstic al partido. Jugando en casa y ante un rival teóricamente inferior, el conjunto de José Antonio Gordillo se vio superado en los primeros minutos por el Rayo Majadahonda. Nada que ver con la salida en tromba de la primera jornada frente al Tenerife. Ni en espíritu ni en forma.

Los madrileños se permitieron el lujo de desplegar su estilo combinativo sin mucha oposición, generando ocasiones de gol con facilidad. De estar más acertados en los últimos metros hubieran dejado el partido encarrilado antes del descanso. Buena parte del mérito de mantener la portería a cero al finalizar el primer periodo fue de Bernabé. El arquero sevillano anduvo fino bajo palos, sacando milagrosamente un tiro cruzado de Aitor y varios intento de Iza. Falló en las acciones aéreas. Su timidez en las salidas genera inquietud en su defensa, que tampoco ofreció buenas sensaciones en las jugadas por arriba. Más preocupante es la falta de entendimiento con su defensa. No se transmiten seguridad entre ambas partes. Bernabé emite demasiado nerviosismo en una línea que no anda sobrado de experiencia.

El Nàstic era incapaz de encadenar tres pases seguidos. Los jugadores granas siempre estaban en inferioridad numérica. No había parcela del terreno de juego en el que no hubiera más futbolistas rayistas que tarraconenes. Nadie se proponía para liderar la circulación de la pelota. Todas las conexiones eran semi accidentales y acababan en apenas unos segundos. La lentitud favorecía enormemente la tarea defensiva del Rayo Majadahonda.

La imprecisión existía en el medio del campo, ofreciendo contragolpes fáciles para los visitantes, en la defensa y también en los metros finales. Aparecían pases fáciles pero el equipo elegía la peor de las opciones.

Basilio, guardameta del Rayo, permanecía insólito. Uche fue el único que logró llegar hasta sus dominios. Recortó en el interior del área y disparó, pero el balón topó con un defensa.

El paso por el vestuario no refrescó las ideas. La imagen en el verde era la de un equipo insulso, plano y con una escasez de recursos en todas las líneas que asusta. La participación de los llamados a liderar al equipo era nula. Uche y Barreiro aparecían en posiciones de centrocampistas, buscando algo del balón que se les negaba en la delantera.

Y como todo puede ir a peor… fue a peor. En la única jugada personal exitosa que consiguió elaborar Tete el árbitro se tragó una falta clarísima al borde del área. La acción continuó para acabar con Cadamuro expulsado por una supuesta falta sin balón. Varón Aceitón se encargó de pintar un panorama negro en el Nou Estadi. Muy negro.

El físico tampoco aguantó. Iván López tuvo que ser relevado por molestias y Mejías se echó la mano al muslo cuando Gordillo ya había realizado los tres cambios y el equipo estaba con diez. El venezolano se equivocó al no pedir la sustitución antes y volvió a errar en un despeje hacia el centro que el Rayo aprovechó para marcar el 0-1. Nico llegó al segundo palo para rematar a placer el centro de Aitor.

En las peores circunstancias el Nàstic mejoró su eficiencia. Fali tiró de garra para llevar al equipo a posiciones adelantadas. Hasta pudo lograr el empate en un remate mordido que tropezó con el poste. A la desesperada fue cuando más se acercó el equipo local al gol. Manu Barreiro dispuso de la ocasión más clara. Solo, con el balón botando la enganchó perfecta para mandarla al lateral de la red.

El Nàstic parece que encadena una temporada tras otra, que no hay ruptura con lo anterior y que el socio más que el carnet de socio paga para abonarse al sufrimiento.

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