Economía

Conciencia local por la economía circular

El agotamiento de los combustibles fósiles nos lleva a una sociedad que optimiza los recursos naturales. En Tarragona ya vemos algunos proyectos pioneros, base para el futuro

El desarrollo de la economía circular debe ayudar a disminuir el uso de los recursos, a reducir la producción de residuos y a limitar el consumo de energía. Debe participar igualmente en la reorientación productiva y económica de los países. Además de los beneficios ambientales, esta actividad emergente es creadora de riqueza y empleo en todo el conjunto del territorio y su desarrollo debe permitir obtener una ventaja competitiva en el contexto de la globalización.

Por lo tanto, la economía circular propone un nuevo modelo de sociedad que utiliza y optimiza los stocks y los flujos de materiales, energía y residuos y su objetivo es la eficiencia del uso de los recursos. En Tarragona existen empresas que ya han incorporado los valores de la economía circular a su actividad. Se tratan de ejemplos del presente para ser referentes del futuro.

Cafés con conciencia

BASF y Cafès Novell han desarrollado una nueva línea de cápsulas de café biodegradables y compostables, que una vez descompuestas son aprovechables como abono. Un gran ejemplo dentro de la economía circular que fue una de las muestras destacables en la última edición de Expoquimia en el espacio Smart Chemistry Smart Future.

La compañía química alemana había desarrollado un material de packaging llamado Ecobio, cien por cien biodegradable. La empresa catalana, que buscaba la manera de dar un giro en el mercado de las cápsulas de café, en su mayoría de aluminio y plástico, se puso en contacto con BASF para desarrollar un envase sostenible.

Juntos, BASF y Cafès Novell, desarrollaron a lo largo de 2016 esta cápsula biodegradable y compostable que en este 2018 se esperan fabricar nueve millones de unidades. De esta manera se ha llevado a cabo estos cafés con conciencia, con una cápsula biodegradable y compostable que, una vez en el cubo de orgánico, los microorganismos se encargan se descomponer tanto la cápsula como lo que hay en su interior, obteniendo abono.

Refrigeración con agua regenerada

Cerca de las 1.500 membranas osmóticas de la planta de Aitasa (Aguas Industriales de Tarragona SA) que se encuentra en la Autovía de Salou, muy cerca de Vila-seca, permiten que el agua de las depuradoras de Tarragona, Vila-seca y Salou no se vierte al mar. Hechas a base de poliamida, suponen un sistema de depuración terciaria, de forma que acaban de eliminarse las ‘turbulencias’ que hayan podido quedar.

El agua de las depuradoras es reciclada en Aitasa para darle nuevos usos en las químicas industriales. FOTO: cedida

De esta manera Aitasa, que abastece de agua industrial a las empresas químicas del Camp de Tarragona, obtiene un agua con un nivel de pureza que puede ser utilizada en las torres de refrigeración de estas empresas. Con este proyecto se combate la sequía, ya que se libera agua que puede ser utilizada para otras necesidades de la ciudadanía, mientras que las industrias químicas utilizan estas aguas urbanas regeneradas para la refrigeración.

Estas membranas salieron del Centro Global de Desarrollo de Tecnología del Agua de Dow en Tarragona. La planta tiene una capacidad máxima anual de 6,8 hm3 al año, pudiendo llegar a los 10 en la segunda fase del proyecto y hasta los 20 en la tercera, pero ahora mismo no hay previsión ni fechas para estas.

Plástico reutilizable para impresoras 3D

Otra iniciativa de economía circular y colaborativa es el proyecto Hèlix, que a través del reciclaje de vasos de plástico promueve material para impresoras 3D, con el apoyo de la Fundació Tarragona Smart Mediterranean City.

La primera puesta en práctica de esta idea fue en las fiestas de Sant Magí y las de Santa Tecla. Se apostó por la utilización de vasos de polipropileno producidos en Tarragona que son 100% reciclables, en sustitución de los típicos de plástico PET que se venían utilizando los años anteriores. Lo que significó pasar de 1.500.000 vasos en 2016 a 400.000 en 2017.

Esto supuso un 65% menos de emisiones de CO2 y la reducción de un 30% de horas de limpieza en la calle, ya que solo el 5% de estos nuevos vasos acabaron por los suelos en frente del 85% de los típicos de plástico.

Los vasos sobrantes pasaron por un proceso de extrusión para ser convertidos en filamentos de impresora 3D. La idea es que estos materiales se utilicen en un fab lab, taller de fabricación digital, de un centro cívico para generar integración  y que tenga un retorno en el propio territorio. De momento ya se ha puesto en marcha una iniciativa con alumnos del Institut Sant Pere i Sant Pau en colaboración con el APPC La Muntanyeta.

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