Opinion

Por una Diada de todos

Catalunya debe recuperar el clima de convivencia que permita celebrar la Diada como una fiesta de todos los catalanes 

Catalunya celebra hoy una Diada más dividida que nunca, hasta el punto de que no podemos hablar de una fiesta nacional del conjunto de la sociedad catalana, sino únicamente de una fecha que, por capacidad de movilización, monopolizan los partidarios de la independencia. Los partidos constitucionalistas no participan en ninguno de los actos institucionales organizados con motivo de la Diada, para significar su rechazo a la apropiación monocolor de una fecha que otrora, con mayor o menor devoción, había aglutinado a la práctica totalidad de la sociedad catalana. El monopolio de Diada por el método de anegación tiene su origen desde el momento en el que las entidades independentistas eligen el 11-S como fecha simbólica para escenificar en la calle la fortaleza creciente del sentimiento independentista. La capacidad abrumadora de movilización demostrada de manera especial por entidades como la ANC y Òmnium ha barrido cualquier intento de destinar el 11-S a cualquier otra expresión patriótica que no lleve implícita la reivindicación de independencia de Catalunya. La Diada es el frente más poderoso que utiliza el independentismo para exhibir su poder. La réplica por parte del Estado reitera los argumentos que ha utilizado hasta ahora Madrid, es decir, el despliegue policial y un cuerpo judicial que ha aplicado la interpretación de las leyes por la zona del máximo rigor. Esta vara de medir de la judicatura frente al procés quedó ratificada ayer en la intervención del presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, y de la fiscal general del Estado, María José Segarra, quien ha advertido que actuará con «absoluta autonomía y solamente al servicio del principio de legalidad» en el juicio por el procés a los dirigentes catalanes. Sin moverse de dichos principios la Fiscalía puede interpretar de manera bien distinta los hechos que deberán ser juzgados, como han hecho, sin ir más lejos los tribunales europeos. Si nadie afloja será muy difícil acometer la senda de la reconciliación y una Diada de todos.

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