Reus

La segunda oportunidad que ofrece un hogar digno en Reus

Inmobiliaria cooperativa. ‘Llars familiars’ gestiona una quincena de viviendas con un alquiler por debajo del mercado, destinadas a personas con dificultades económicas

Desde 2015, mosén Pep Moreno lidera una cooperativa de viviendas. Se trata de una iniciativa social, sin ánimo de lucro, que tiene como objetivo ofrecer un hogar digno a personas con dificultades económicas. 

La cooperativa, llamada ‘Llars familiars’, gestiona una quincena de viviendas en Reus, habitadas por familias, parejas monoparentales con menores a cargo y grupos de personas que comparten piso. «Mi cruzada es que no haya gente en la calle», dice Moreno. 

Éste habría podido ser el caso de Esteve Santamaría sino se hubiera cruzado, en su camino, con la cooperativa. Santamaría, de 50 años, lo dejó todo para participar en un proyecto social en Bolivia y en Colombia. Un proyecto que le llevó, entre otros, a ofrecer formación a las madres internadas en la prisión de Palmasola, en Bolivia, donde conviven 150.000 reclusos. 

«El proyecto se truncó y tuve que volver a España», cuenta Santamaría, que añade que «yo antes trabajaba en el sector de los seguros y tenía una muy buena cartera de clientes. También tenía un piso con una hipoteca. Pero lo dejé todo para ir a ayudar a los demás». Paradojas de la vida, éste licenciado en económicas, psicología y teología pastoral, cuando tuvo que regresar, se quedó «con una mano delante y otra detrás. No tenía nada y nadie me quería contratar por mi avanzada edad». Pep Moreno fue quién le ayudó. «Me cambió la vida. Fue como una bendición». 

Ahora, Santamaría vive en Mas Abelló, en una de las casas que gestiona la cooperativa. Lo hace junto a tres hombres mayores que tienen diversas patologías y que requieren de compañía para mantener una vida ordenada. Él paga 160 euros cada mes por la vivienda. «Hay meses que me cuesta mucho reunirlos. Hago pequeños trabajos... ayudo a gente mayor, e incluso colaboro en mudanzas, pero lucho para pagar el alquiler.

Y es que el único requisito de la cooperativa es que los inquilinos sean responsables con la vivienda y que hagan cargo de su mensual pago. 
Santamaría acaba de terminar los estudios para ofrecer atención domiciliaria a personas dependientes. «Espero encontrar un trabajo fijo en breve, y cuando pueda, volveré a Colombia y a Bolivia para seguir con el proyecto».  

«Un hogar para mis hijos»
Sandra Pareja tiene 44 años. Está divorciada del padre de sus dos hijos y hace cuatro años se sometió a un trasplante de corazón. «Me vi abocada a vivir en la calle», confiesa. De hecho, cuenta que «más de una noche tuve que dormir en un coche. Mis hijos lo hacían en el piso de una amiga». 

Sandra conoció la cooperativa hace poco más de un año. «Había cuatro pisos vacantes y en una reunión nos encontramos más de cuarenta solicitantes. Me escogieron a mí. Lo mejor que me pudo pasar». 

Desde entonces lucha para tirar adelante. «He podido dar un techo a mis hijos, y ahora sólo pido encontrar un trabajo que, con mi condición, pueda afrontar. De momento voy tirando con una pensión no contributiva de 369 euros». La situación de Sandra fue traumática al principio, y tuvo que pedir ayuda a la cooperativa para hacer frente al alquiler. «Debo seis meses, que voy a ir pagando religiosamente. Es lo mínimo que puedo hacer para con una entidad que me lo ha dado todo».

Pep Moreno asegura que «con la cooperativa ganamos todos. Gana la administración, que no tiene que gestionar parques inmobiliarios para los más necesitados; ganan los bancos, pues la entidad es solvente; y ganan la sociedad, porque ofrecemos una segunda oportunidad». 
«Los pisos han pasado a ser considerados un activo y sólo se miden por su rentabilidad financiera. Lejos queda el objetivo de ofrecer un hogar digno a toda la ciudadanía», dice Moreno.

La cooperativa espera ahora ganar un concurso a nivel nacional para poder financiar la reforma integral de una vivienda y poder dar cobijo a más gente.  

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