Tarragona

La pesadilla de los vecinos de Campclar: el botellón nocturno

Un grupo de jóvenes, algunos menores de edad, están cada día hasta las cinco de la madrugada, bebiendo y gritando, en dos parques muy céntricos del barrio de Ponent

Los vecinos de la calle del Riu Sènia de Campclar van a trabajar después de dormir, como máximo, una hora. Los culpables son unos jóvenes que se reúnen cada día en uno de los dos parques más próximos a la calle. Se juntan a partir de las diez de la noche y hacen botellón hasta las cinco de la mañana. «No hay quien se levante el día siguiente. Entro a trabajar a las seis de la mañana. Duermo una media de una hora al día», explica uno de los vecinos de la calle Riu Sènia de Campclar, quien prefiere no hacer público su nombre.

La pesadilla de estos vecinos empezó este verano, hace dos meses, cuando se dieron cuenta que la intención de los jóvenes era no moverse de estos dos puntos del barrio de Ponent y pasarse allí las noches. Se trata de la plaza más céntrica de Campclar, llamada la Plaça Major, y el parque infantil de la calle del Riu Ciurana. Estos dos lugares se han convertido en la discoteca al aire libre de este grupo de unos doce jóvenes, algunos menores de edad. 

Otro de los puntos donde los jóvenes practican el botellón. Foto: pere ferré

«Beben, fuman, ponen música fuerte, chillan y se mean por todos los lados», asegura una vecina, quien añade que «van de un parte al otro, se trata de jóvenes muy incívicos y, a la vez, prepotentes. No les puedes decir nada». Otro vecino explica, cansado de la situación, que «si fuera un día no pasaría nada, pero aguantar despierto cada día hasta las cinco de la mañana es inhumano», y añade que «está afectando a mi trabajo. Un día me mataré yendo al trabajo, me dormiré». 

Los vecinos aseguran llamar cada noche a la Guàrdia Urbana. «No vienen. Llamamos y nos dicen que en cuanto tengan una unidad libre, ya vendrán. Nunca vienen», explica un vecino de la calle del Riu Sènia, quien rectifica la afirmación y asegura que «hace unas semanas vinieron porqué las llame nervioso. Vi a unas chicas chillando y dos de los jóvenes con los pantalones bajados. Me asusté y ese día sí que vinieron. Pero apenas pararon».

«Ahora ya no llamamos. Estamos resignados. Lo único que esperamos es que pase el verano y abandonen los parques», asegura un vecino, quien reconoce que «cuando pueda, venderé el piso y me iré de aquí, a vivir como una persona normal». Se sienten impotentes al ver que nadie hace nada para acabar con su pesadilla. 

La semana pasada, la brigada del Ayuntamiento de Tarragona, encargada de arreglar el mobiliario urbano, se desplazó hasta el polémico punto para reparar uno de los bancos del parque. Los vecinos salieron rápidamente de sus casas para indicar al trabajador que no arreglara el banco. «Si no tienen banco donde sentarse, igual se van de aquí», asegura una de las vecinas, esperanzada. Y es que, por la mañana, los parques están llenos de botellas de cristal y vasos de plástico, que los jóvenes utilizan durante la noche.

La no respuesta de la policía 

Los vecinos se ven obligados a cerrar las ventanas y dormir toda la noche con el aire condicionado, –los que tienen, los que no, pasan calor–. Pero nadie es capaz de enfrentarse a ellos. «Nos dan miedo las repercusiones. Son gente peligrosa. Convivimos con ellos y no sabemos como pueden reaccionar», explica un vecino, quien añade que «creemos que hasta la propia policía tiene miedo. No entendemos porqué no acuden al lugar después de llamar diez veces».

Según fuentes policiales, los jóvenes son, la gran mayoría, vecinos de la zona que, en invierno se resguardan en unas cocheras y hacen también botellón, pero en verano, salen a la calle, molestando a los vecinos. Algunos de ellos se han visto obligados a hacer reformas en sus casas y ventanas, para intentar oír menos los gritos de los jóvenes. La Guàrdia Urbana insiste en qué los afectados denuncien en comisaría estos hechos. 

Complejo es también el caso de otro vecino, que tampoco quiere desvelar su identidad por miedo a represalias, y que asegura que «trabajo a turnos y soy incapaz de descansar con estos gritos», y añade que «vivimos con resignación, sabemos que no hay solución, solamente vender la casa e irnos. No  nos enfrentaremos a ellos, porqué no queremos complicarnos la vida».

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