Tarragona

La subida del alquiler llena las residencias de estudiantes en Tarragona

Vivir en un piso compartido de Tarragona es un 8% más caro que hace un año. Crece la demanda en residencias, principal alternativa

Las residencias dan sus últimos retoques para el nuevo año académico. En la Sant Jordi, en la Avinguda Lluís Companys de Tarragona, quedan operarios que finiquitan la reforma. En la Residència Galió, en el centro de Reus, también hay trabajadores apurando la puesta a punto antes del inminente estreno de curso. 

En unos días, las residencias de estudiantes de la provincia, ahora semidesiertas, se llenarán. Este curso, además, arrancarán con casi todas la plazas cubiertas, rozando el 100% de ocupación. Es la última repercusión de la sostenida escalada de precios del alquiler que se ha dado en ciudades como Tarragona y Reus. «Tenemos más reservas que el año pasado. Hemos notado un incremento de personas interesadas», cuenta Teresa Ordobás, gerente del Complex Educatiu de Tarragona, donde se ofertan alrededor de 240 plazas que se suelen llenar de universitarios y de alumnos de ciclos formativos de grado medio o superior. «Viene gente de fuera, de sitios donde no han podido acceder a unos estudios en concreto. Hay muchos estudiantes de Terres de l’Ebre», indica Ordobás.

En dos residencias céntricas de Tarragona también perciben la dinámica. Tanto la Sant Jordi como la Mediterrani, que inicia su primer curso académico, están casi al completo. Ahí se hospedarán desde Erasmus hasta universitarios, pasando por alumnos de ciclo superior, máster y doctorado. «Quedan muy pocas habitaciones libres en las dos residencias», cuenta Rafel Molina, encargado de la recepción en la Mediterrani, el hospedaje junto al centro deportivo Viding. Alrededor de 120 personas ya tienen plaza en ese nuevo equipamiento. «El problema es que en Tarragona no hay oferta de pisos de alquiler. Las casas que salen se alquilan muy rápido. Y lo que hay suele ser caro. Desde hace un tiempo han ido subiendo los precios y es complicado encontrar algo en el centro», indica Molina. 

«El mercado del alquiler está muy mal. No hay mucho donde poder elegir y los precios no dejan de subir. Quizás a los estudiantes, a la larga, les salga más a cuenta la residencia», cuenta Ordobás desde el Complex Educatiu. «Está todo lleno. Este año hemos llenado con más facilidad», sostiene Joan Bel, gerente de la Residència Galió. «Puede repercutir la subida del precio del alquiler. Hay más demanda. También en Reus es complicado alquilar un piso o una habitación, de forma que hay muchos estudiantes que prefieren venir a una residencia. Quizás tienen menos privacidad pero más servicios», cuenta. 

Ahí se citan jóvenes que estudian en alguna facultad de Reus grados como Medicina, Arquitectura o Administración y dirección de empresas. Las cuentas para alquilar piso no salen. «Nosotros tenemos precios públicos. Al estudiante le sale todo el curso por 3.300 euros, y eso incluye pensión completa, con tres comidas al día, más limpieza y el resto de servicios. A eso hay que añadir las ayudas que puedan recibir algunos alumnos», cuenta Teresa Ordobás. A eso se agregan habitualmente otros servicios en este tipo de espacios y más propios de un hotel, como el gimnasio, las aulas de estudio o las zonas de descanso. Lejos quedan los años de la crisis, en los que a las residencias les costaba llenarse. En la Galió, la habitación compartida vale 600 euros, un precio más alto que el del alquiler, aunque en realidad más asequible porque viene incluida la comida y otras prestaciones. 

El precio de una habitación alquilada en Tarragona capital se sitúa en los 266 euros. Ha aumentado un 8,1% en el último año, según un estudio reciente del portal Idealista. Con ello, Tarragona supera la media de incremento estatal, ubicada en el 7%. Algunos expertos hablan de burbuja, si bien otros creen que la situación no es ni mucho menos comparable a lo que se ha experimentado en Barcelona y Madrid. 

Atrás ha quedado ya la idea de unirse varios amigos con el fin de buscar un piso que compartir. La vivienda se ha encarecido desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y los pisos de varias habitaciones, en los que pueden convivir tres o cuatro universitarios, son difíciles de encontrar o demasiado prohibitivos. Además, cuando parece que todo encaja y por fin se ha encontrado un piso que cuenta con todas las cualidades, la palabra «estudiantes» hace temblar a muchos propietarios.

Pese a eso, hay un punto a favor de los propietarios. Viviendas que en su conjunto se podrían alquilar por unos 600 o 700 euros, salen al mercado divididas por habitaciones. De esta forma, los dueños llegan a obtener el doble de dinero por la propiedad. 

Otro lado positivo es la duración de los contratos. El casero puede asegurarse la continuidad del inquilino durante el tiempo en que continuarán los estudios. 

A pesar de eso, también los estudiantes foráneos son otro colectivo que se topa en la provincia con la falta de  vivienda en el centro de las ciudades: «Hace años que nos encontramos con un problema en Tarragona: no hay vivienda nueva capaz de satisfacer las necesidades de un cierto tipo de gente, básicamente jóvenes», denuncia Manel Sosa, secretario de la Cambra de la Propietat Urbana de Tarragona. Pobre oferta para tan abultada demanda. 

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