Tarragona

Les Gavarres, dos décadas que cambiaron las compras en Tarragona

Con la apertura del polígono comercial y de ocio hace 20 años cuajó en la ciudad el modelo de grandes superficies. ¿Habrá 20 años más?

Son la 11 de la mañana del sábado y Lluis tiene por delante una apretada agenda con sus hijas: hacer una «compra grande» en el súper porque acaban de llegar de vacaciones, comprar el material para la vuelta al cole que falta, unas mallas de deporte para la más pequeña, buscar un repuesto para la persiana... «Comeremos aquí (en Les Gavarres) porque no nos dará tiempo de cocinar... Y si no fuera por los alimentos congelados igual hasta nos quedábamos al cine» cuenta.

Dice que el plan del día: «No me mata; ya no es como cuando era niño y era una fiesta ir toda la familia a comprar al Pryca (hoy Carrefour)». Pero también reconoce que hace dos décadas hacer todas esas cosas en un mismo día y en el mismo sitio habría resultado imposible «es una gran comodidad», apunta.

Y es que, justamente este año se cumplen 20 años de la inauguración, en 1998, del Centro de Ocio de Les Gavarres. Es la fecha que marca la puesta en marcha definitiva del complejo aunque algunas tiendas como Decathlon ya habían abierto el año anterior.

El complejo OCines de Les Gavarres ha sido uno de los imanes de los usuarios de este polígono comercial. FOTO: Pere Ferré

Aquella inauguración marcaría,  junto con Parc Central, (inaugurado en 1997) un cambio definitivo en la manera de comprar de los tarraconenses. El modelo del centro comercial cuajaba finalmente después de un primer intento que corrió con peor suerte, el Boulevard Bus que se había instalado en Higini Anglès en 1987. 

Un caso de éxito

Lluis recuerda cuando acompañaba a su madre al mercado y había que esperar  a que la dependienta les atendiera. Hoy apenas lo pisa «aunque me gusta» y para la comida se apaña entre la gran superficie y un súper pequeño que tiene cerca de casa.

El caso de Lluis viene a ilustrar como los ciudadanos han tenido dos décadas para navegar entre dos modelos, el de la compra en las grandes superficies y el del comercio de toda la vida.

¿Qué modelo gana? ¿Son compatibles? Florenci Nieto, presidente de Pimec Comerç Tarragona dice, de entrada, que «estoy contento por los 20 años de Les Gavarres. Como cada vez que se hace algo en Tarragona, hay algo de incertidumbre, pero Les Gavarres son un sinónimo de éxito en todo el territorio. Se han convertido en un punto de atracción espectacular para la juventud». 

Nieto cree que el modelo de este complejo comercial en las afueras «es perfectamente compatible con el fomento del pequeño comercio de proximidad, más de centro, que acaba dando más valor. No tememos que el comercio de proximidad se resienta porque, por otro lado, también hay grandes marcas que buscan instalarse en el centro.

Es igual que cuando llegó un centro comercial muy grande al centro de la ciudad. Cuando iba a venir nos echábamos las manos a la cabeza. Hoy en día sería un caos que se fuera. Ambos modelos pueden convivir perfectamente y Les Gavarres es la demostración. Como Pimec Comerç, defendemos el comercio de proximidad, y estamos muy orgullosos de él, pero reconocemos que en Les Gavarres siempre se han hecho las cosas bien».

El gestor administrativo de la Agrupació d’Interès Econòmic (AIE) de Les Gavarres, Ramon Rull, también habla de un éxito que se sustenta, sobre todo, en los precios, la facilidad de aparcamiento, la amplitud de horarios, la oferta  de restauración y ocio...

Actualmente, apunta, están satisfechos porque el complejo se ha consolidado como un polo de atracción no sólo para clientes de Tarragona y Reus, sino de otras poblaciones cercanas. De cara al futuro, apunta, cuando se materialice la llegada de Ikea, que se instalará cerca, se espera conseguir que el radio de atracción de clientes llegue mucho más lejos.

En su opinión, las grandes superficies son perfectamente compatibles con el comercio del centro porque quienes vienes expresamente a Les Gavarres también «se dejan caer por Tarragona».

El centro fantasma

El presidente de la Via T de Tarragona, Salvador Minguella no cree que el infortunio del pequeño comercio tenga que ver sólo con los centros comerciales  o con la dictadura de las franquicias «es el progreso, es ley de vida», señala.

Eso sí, reconoce que ya existen ejemplos como el de algunas ciudades de Francia donde todo el comercio se ha concentrado en las afueras y los centros se han ido despoblando de locales comerciales. «Se van quedando vacías, da miedo. Sería una pena que aquí pasara lo mismo. Las farmacias, los bares, las tiendas... dan vida a la ciudad».

En su opinión hace falta que el pequeño comercio cuente con más facilidades. Pone un ejemplo: «no puedes esperar seis meses por una licencia para abrir, no es lo mismo para un pequeño comerciante que tenga que pagar alquiler durante ese tiempo que para una gran franquicia», señala.

Pero considera, de la misma manera, que el pequeño comercio «no podemos quedarnos en la queja, hay que ser creativos».

Josep Maria Juan Biosca, presidente de la Unió d’Empresaris del Voltant del Mercat Central, cree que, aunque se están haciendo cosas «y se agradece», todavía se necesita un esfuerzo mayor «para proteger el comercio del centro». Le pesa, por ejemplo, que en Navidad la pista de hielo se instalara en Les Gavarres. Dice que las administraciones no tratan por igual a grandes y pequeños.

¿Modelo agotado?

Neus Soler, profesora de Economía y Empresa de la UOC y experta en comportamiento de los consumidores, considera que el modelo de los centros comerciales y el de las tiendas de barrio son compatibles «porque hay público suficiente para ambos, pero tendría que gestionarse adecuadamente. Por ejemplo, limitando  la apertura del número de centros comerciales».

Cada uno compite con sus armas, dice, las grandes superficies con precios y los comercios de proximidad con la profesionalización de los vendedores y los productos de proximidad. «La gente se está cansando de tener que coger el coche para todo», dice.

Sobre el futuro de los centros comerciales vaticina que «de no ofrecer alternativas diferentes, no sólo de ocio, sino en experiencia de compra, no sólo no seguirá creciendo, sino que decrecerán, porque el consumidor ya conoce el modelo, le aburre, y busca experiencias diferentes».

Aunque el auténtico reto para uno y otro modelo explica, ya está aquí y se llama comercio electrónico. Para las grandes franquicias la solución probablemente será dejar algunas tiendas físicas como un sitio donde poder ver o probar un producto, un «show room» porque se acabará comprando por internet. En el caso de los comercios pequeños la estrategia comienza a ser ofrecer sus productos a través de grandes plataformas aunque por estas vías las ganancias son muy pequeñas.

¿Habrá que esperar 20 años para ver un nuevo modelo?

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