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Adriana Cerezo se cuelga la plata y abre el medallero para España

La madrileña brilló con luz propia en la categoría de -49 kilos de taekwondo con solamente 17 años. Es la primera medalla española en Tokio

EFE

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Adriana Cerezo posa con la medalla de plata. FOTO: EFE

Adriana Cerezo posa con la medalla de plata. FOTO: EFE

Adriana Cerezo (Alcalá de Henares, 24 noviembre de 2003) era una perfecta desconocida para el gran público el año pasado, pero la benjamina del equipo español en los Juegos Olímpicos de Tokio, ha dado a España la primera medalla: una plata en la categoría de -49 kilos del taekwondo, tras perder por un ajustado 11-10 contra la tailandesa Panipak Wongpattanakit.

Adriana es taekwondista, lo que tampoco le abre las puertas de la popularidad a las primeras de cambio, como tampoco se las abrió que hace unos meses se proclamara campeona de Europa en la categoría de -49 kilos en Bulgaria a sus 17 años.

Fresca, vivaz, eléctrica, dicharachera, valiente. Adriana es una joven deportista que estudia y entrena, como muchas otras, pero que ha enfocado en el taekwondo su energía vital y su inacabable caudal de optimismo, ganas y capacidad.

El pasado mes de abril, en Sofia en el campeonato de Europa, explotó el trabajo que lleva acumulado desde que a los cuatro años su abuelo decidiera apuntarla a taekwondo, quizá para gestionar el exceso de vitalidad de la niña.

«Si no fuese a por la medalla de oro no estaría aquí. Voy al cien por cien a por ella. Trabajé para ello y es mi mayor ilusión», ha manifestado, ya en Tokio, Cerezo con la naturalidad de sus 17 años y la confianza ciega en su calidad y posibilidades.

Igual que ocurrió en Sofía, en su primer campeonato continental absoluto, en Tokio Adriana está siendo un torbellino, una fuerza desatada en busca de la victoria, sin importar la edad y el palmarés de cuantas rivales le iban saliendo al paso.

Buena estudiante y buena competidora, Adriana Cerezo, la benjamina del equipo olímpico español, tuvo el honor de inaugurar el medallero para la delegación española.

En su camino hacia el oro sólo se interpuso la tailandesa Panipak Wongpattanakit, frente a la que salió, como siempre, sin complejos a por la victoria desde el primer segundo de combate.

No importa la rival, no importan las circunstancias. Su juventud y ganas pueden con todo, incluso con una final olímpica con solo 17 años. Podrá ganar o perder, pero lo dará todo en el combate y lo que es seguro ya es que abrió el medallero de España en Tokio.

«Me voy a tirar unos días pensando en esos segundos», dijo Cerezo al pasar por la zona mixta tras recibir su metal, el primero de la expedición olímpica española, aunque no el que ella esperaba, el oro, que se le escurrió en los últimos siete segundos del combate tras una certera patada de la tailandesa Panipak Wongpattanakit.

«He sido yo la que ha perdido», dijo la madrileña, que explicó que a una profesional de la categoría de Wongpattanakit, actual número uno del mundo y bronce en Río 2016, «no puedes darle una oportunidad como esa, porque la coge».

La madrileña, muy severa con su propio desempeño en el último combate, considera que ahora es tiempo «de trabajar en eso», porque «no puede repetirse», y dijo que lo único que le queda es «marcharse» y seguir mejorando, participando en más torneos y entrenando para que este sea el pistoletazo de salida de una prolífica carrera.

La española, que tuvo su debut olímpico en Tokio, perdió por un ajustadísimo margen de 11-10 frente a la tailandesa.

Preguntada en una rueda de prensa posterior, Cerezo, de tan sólo 17 años y que es la benjamina de la expedición olímpica de España, se dijo «muy contenta de abrir la lata» del medallero olímpico español, aunque los últimos compases de la final no salieran como ella y su equipo habían planeado.

Pese a haber pisado el podio con cierta amargura, la madrileña dijo haber disfrutado «mucho» del día. «Las emociones son muy fuertes».

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