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Aragonès sitúa a los presos como referentes para hacer «inevitable» la independencia

Sánchez pide al president, con quien se reúne hoy, gestos con la Catalunya no secesionista. El jefe del Ejecutivo central rechaza la presencia de Oriol Junqueras en la mesa de diálogo

CRISTIAN REINO/P. DE LAS HERAS

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Imagen de Aragonès junto a los presos liberados. EFE

Imagen de Aragonès junto a los presos liberados. EFE

Cinco días después de salir de la cárcel, indultados por el Gobierno central, los nueve presos del Procés fueron recibidos ayer con «honores» y con «todo el reconocimiento» por parte del Palau de la Generalitat y del Parlament por haber estado dispuestos a ir a prisión «en nombre de Catalunya».

El president de la Generalitat, Pere Aragonès, los presentó como «víctimas de una injusticia» y como el referente de la lucha por la libertad. «Lo habéis dado todo» para que el pueblo de Catalunya pueda decidir su futuro, dijo el presidente de la Generalitat en un acto solemne en la sede del Govern. «No tenéis que pedir perdón por nada», les agradeció. «Algún día el Estado deberá pediros perdón», remató el vicepresidente, Jordi Puigneró.

Aragonès se comprometió ante los nueve indultados a «perseverar» hasta hacer «inevitable» la amnistía y la autodeterminación. «Que nadie se equivoque», advirtió el presidente catalán, el objetivo de la república independiente es «irrenunciable». Lo dijo 24 horas antes de viajar a Madrid para reunirse por primera con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Moncloa.

«Seguimos empeñados»

De la cita, el Govern espera que salga la fecha para la reanudación de la mesa de diálogo, aparcada desde febrero de 2020. El presidente catalán, como sus antecesores soberanistas, comparecerá desde la delegación de la Generalitat en Madrid y no desde la Moncloa.

Sánchez reclamó a Aragonès que aparque las reivindicaciones soberanistas porque de lo contrario la mesa de diálogo no podrá avanzar, pero el presidente de la Generalitat fue muy claro, en respuesta al jefe del Ejecutivo central. «Seguimos empeñados en conseguir la independencia», avisó.

La respuesta también iba en clave interna, pues sus socios de Junts tienen la mosca detràs de la oreja por los movimientos de ERC (incluso insinúan que los republicanos han podido pactar renuncias a cambio de los indultos) y le presionan para que no convierta la mesa de diálogo en un foro de negociación autonómica.

En la formación postconvergente, no acaba de gustar la distensión y el deshielo que han iniciado el Gobierno y la Generalitat y que hoy se ponen a prueba en la reunión en la Moncloa. La guerra entre los dos socios sigue latente. ERC dio hoy por hecha una reunión entre Junqueras y Puigdemont el 6 de julio en Estrasburgo y Junts enfrió esa posibilidad.

Antes del encuentro en la Moncloa, Aragonès reclamó a Sánchez que se ponga fin a la «ofensiva judicial» contra el independentismo. En concreto, reclama al Gobierno que la Abogacía del Estado se aparte como acusación en el Tribunal de Cuentas. Artur Mas, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y otra cuarentena de exaltos cargos del Govern conocerán hoy la cantidad a la que asciende la fianza que ha fijado el Tribunal de Cuentas por su responsabilidad contable en el presunto desvío de fondos para las denominadas ‘embajadas catalanas’ y el Diplocat para promocionar el Procés en el extranjero.

Pidió además al presidente del Gobierno que asuma que con los indultos «no se acaba nada» y que la solución al conflicto solo pasa por un referéndum sobre la independencia. «Volveremos a vencer», se conjuró ante los presos. «Concordia es aceptar que votar es la vía para resolver los conflictos», advirtió Puigneró.

Pere Aragonès concentró ayer en solo un día el tono que quiere imprimir a su mandato. Una presidencia poliédrica, según la cual por la mañana dio los primeros pasos hacia el restablecimiento de una cierta normalidad institucional, coincidiendo con el Rey y con el presidente del Gobierno en la inauguración del Mobile World Congress, en Barcelona, y por la tarde elevó la retórica soberanista en el homenaje a los presos.

Por segundo día consecutivo, el presidente de la Generalitat hizo gestos de distensión, tras haber compartido mesa y mantel con Felipe VI y Sánchez el día anterior, pero al mismo tiempo protagonizó un nuevo desplante al jefe del Estado, al que se negó a recibir a la entrada del recinto ferial, antes de la inauguración del salón tecnológico.

Gestos desde Catalunya

Sánchez espera gestos del independentismo catalán que ayuden a digerir su decisión de conceder el indulto. Ayer aseguró que es plenamente consciente de que por ahora solo está «al principio» de un camino «largo» en el que pretende recuperar la «normalidad institucional» y reclamó expresamente a Aragonès que escuche a la parte de la sociedad catalana que no comparte sus postulados.

En los último días, tras el Consejo de Ministros que la pasada semana concedió el perdón a los nueve líderes independentistas que cumplían penas por sedición y, en algunos casos, también por malversación, el Gobierno se ha esforzado en no dar la sensación de que su postura es la de la cesión permanente e incluso ha trasladado la idea de que se lo tomará con calma antes de dar nuevos pasos.

En esa línea, a pesar de que el secretario de Organización del PSOE, José Luis Abalos, afirmó el viernes que la actuación del Tribunal de Cuentas es una de las muchas «piedras en el camino» que el Gobierno encontrará en su afán de mejorar la «convivencia», Sánchez aseguró en una entrevista en la Ser que habrá que «respetar» lo que decida ese órgano y, aunque subrayó que sus decisiones son recurribles, también aseguró que no tiene intención de dar instrucciones a la Abogacía del Estado para favorecer a los cargos de la administración catalana que se enfrentan a multas millonarias.

El presidente del Gobierno también dejó claro que rechaza la participación de Oriol Junqueras en la mesa de diálogo sobre el futuro de Catalunya con el argumento de que se trata de un foro entre ejecutivos y de que, aunque se le hayan perdonado las penas de cárcel, aún sigue inhabilitado para el ejercicio de cargos públicos. Hasta ahora, en Moncloa se había dejado ese asunto en aire e incluso, después de que Esquerra lo pusiera sobre la mesa, se llegó a decir que cada delegación tendría libertad para elegir a sus miembros.

En realidad, es probable que quede tiempo para dilucidar esta cuestión porque el Ejecutivo ya ha dejado caer que no tiene intención de reunir la mesa hasta después del verano. En todo caso, anticipándose al primer encuentro, el jefe del Ejecutivo también advirtió a los secesionistas de que si se empeñan en llevar a ese foro la celebración de un referéndum de autodeterminación o una ley de amnistía será imposible que haya acuerdo y llamó a ser «realistas y humildes» en los objetivos y «gradualistas» en los pasos para su consecución.

«Más allá de las cuestiones territoriales que nos alejan hay otras muchas en las que podemos estar de acuerdo -argumentó-: creemos que el futuro se incardina en la UE, queremos una democracia más consolidada que amplíe derechos, creemos en la igualdad de género, en las oportunidades que representa el fondo europeo...Construyamos a partir de ahí».

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