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Dolor, tristeza... y vergüenza por tener que pedir ayuda

Un centenar de psicólogos ayudan a quienes lo han perdido todo bajo la lava del volcán, que al llegar al mar ha creado un enorme delta de 500 metros de ancho y decolora las aguas

EFE

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La colada, que llegó al mar en la noche del martes, ha formado un pequeño delta de lava.  medina/efe

La colada, que llegó al mar en la noche del martes, ha formado un pequeño delta de lava. medina/efe

Un batallón de psicólogos, en torno a un centenar, ayuda a canalizar el dolor, la angustia, la tristeza, la rabia y el miedo de quienes lo han perdido todo bajo la lava del volcán de La Palma; sentimientos a los que se suma la vergüenza por tener que pedir o recibir ayuda. Esta situación de vulnerabilidad y dependencia de la solidaridad ajena «les puede generar culpa», señala Felipe Lagarejo, uno de los psicólogos especialistas del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC) que atiende a los damnificados en La Palma.

Son una treintena de especialistas, además de otros 60 que brindan asistencia psicológica por teléfono, detalla el Colegio Oficial de Psicología de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, que coordina el operativo.

Felipe Lagarejo indica que la gestión de ese sentimiento de vergüenza es «un trabajo añadido» que deben realizar los psicólogos en su intervención, «porque tenemos que trasladarles que no es su responsabilidad».

«Estamos viendo personas en shock al perder sus hogares, enseres y recuerdos de toda una vida, por lo que es necesario intervenir ante el estrés y el sufrimiento por la pérdida, y para evitar la que podría ser la peor de las consecuencias: el estrés postraumático», subraya.

Los especialistas están comprobando sobre el terreno «altos niveles de angustia y estrés» en las personas afectadas directamente, lo que puede ocurrir también entre el personal de las emergencias, bomberos, sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad, y entre sus familiares. La coordinadora provincial del GIPEC, Cristina García, señala que las reacciones entre los afectados son dicotómicas: «unos comen mucho y otros nada; unos que lo ven de forma más pesimista y negativa y otros que hacen uso de la resiliencia».

García indica que el acompañamiento y la escucha activa son unos primeros auxilios psicológicos «imprescindibles para la ventilación emocional» ante un acontecimiento que «desborda», que «produce rabia e impotencia».

Mientras tanto, la lava que cae al mar desde la pasada noche ha creado un «enorme delta» de aproximadamente medio kilómetro de ancho, mientras que el océano a su alrededor ha cambiado de color por los efectos del material volcánico. Solo en el momento de contacto entre el material volcánico y el mar se forman pequeñas nubes de gases, que son transportadas por el viento, explicó Eugenio Fraile, jefe de la misión del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en La Palma. Fraile explicó que también se ha constatado una decoloración del océano y se unen áreas en turquesa y otras marrones, especialmente en la zona cercana a la lava.

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