El 39% de jóvenes catalanas sufrieron violencia machista en el último año

Un estudio del Govern ve más prevalencia de violencias machistas en mujeres jóvenes que en adultas

AGENCIAS

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Concentración contra la violencia machista en la Plaça de la Font de Tarragona.  FOTO: ALBA MARINÉ

Concentración contra la violencia machista en la Plaça de la Font de Tarragona. FOTO: ALBA MARINÉ

Un estudio del Observatori Català de la Joventut (OCJ) presentado ayer, ‘Violències masclistes en l’etapa juvenil a Catalunya’, concluye que la edad es un factor explicativo del fenómeno y las mujeres jóvenes son el grupo de edad con más víctimas, aunque con «unas especificidades que hacen que no se visibilicen ni socialmente ni en muchos estudios».

También determina que el 39,4% de las mujeres jóvenes catalanas de entre 16 y 29 años han sufrido violencia machista en el transcurso de un año, 21,8 puntos más que lo que se ha producido en el total de mujeres (17,6%) –en datos de la ‘Enquesta sobre Violència Masclista a Catalunya de 2016’–, según detalló la Generalitat en un comunicado.

Entre todas las variables, el ámbito en que las víctimas están más afectadas es en la situación de no tener pareja, en el que las chicas jóvenes –entre 16 y 29 años– tienen una probabilidad 2,45 veces mayor de sufrir violencia que las mujeres de 30 a 49 años.

A más juventud, más víctimas

Sobre la variable de no tener pareja pero haber tenido una en el pasado, las jóvenes son las más victimizadas (14,8%) en comparación con el 9,1% del total de la muestra, mientras que la violencia psicológica es la que tiene más prevalencia y se traduce en factores como el control de las actividades, el vestir o el hecho de hablar con otros hombres. Otras circunstancias apuntadas por el estudio y que pueden agravar la victimización son el hecho de estudiar, trabajar, ser económicamente dependientes o tener diversidad funcional.

En la comparación entre grupos de edad, la investigación ha detallado que hay distintas formas de violencias machistas que no se conciben como tan graves por parte de la juventud como «controlar dónde, con quién y qué hace en cada momento; no dejar que hable con otros hombres; dar una bofetada, un golpe o un empujón; o no dejar que quede o hable con amistades o familia».

El director general de Joventut de la Conselleria de Derechos Sociales de la Generalitat, Àlex Sastre, destacó que «las violencias machistas son un fenómeno al que hay que poner nombres y aportar datos», porque considera que tiene unas especificidades concretas no visibles cuando afectan a los jóvenes. Sastre incidió en que hay que «evitar la visión adultocéntrica, promover actitudes de tolerancia cero» ante la normalización extendida del machismo, y aceptar que hay que volver a definir las violencias machistas para reconocer que ocupan ámbitos y espacios fuera de los atribuidos tradicionalmente, en sus palabras.

Los datos referentes al agresor muestran que la mayoría de los agresores son personas desconocidas (40,4%), con un porcentaje más elevado entre los residentes en Barcelona.

También indican que las mujeres entre 25 y 29 años son las que más identifican al agresor en el puesto de trabajo, un hecho que atribuyen a que son las que más trabajan en comparación con otros grupos.

Siete formas de violencia

Según el estudio, hay siete formas de violencia machista con especial incidencia en la gente joven: psicológicas, sexuales, sociales, matrimonios forzados, tráfico de personas para la explotación sexual, violencia vicaria y violencia sexual adulta.

Sin embargo, advierten de que hay que analizar estos fenómenos desde una identificación de los factores de vulnerabilidad: no es el hecho de ser joven en sí mismo, sino que es «la mayor exposición a determinados procesos o a contextos lo que provoca una asociación determinada entre juventud y violencias machistas».

Por todo esto, los investigadores recomiendan reforzar la formación y la sensibilización en todos los ámbitos, así como impulsar talleres de autodefensa feminista y sugiere talleres para chicos para analizar las violencias machistas y la «deconstrucción de la masculinidad hegemónica».

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