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«Este encierro es peor que el confinamiento por la Covid»

San Bordón es un barrio fantasma, uno de los cuatro de Tazacorte recluidos por la nube de gases. Luciano y su mujer abren su casa

JUAN CANO

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El volcán que el 19 de septiembre entró en erupción sumó ayer dos centros emisores de lava y ya son siete los centros activos. FOTO: EFE

El volcán que el 19 de septiembre entró en erupción sumó ayer dos centros emisores de lava y ya son siete los centros activos. FOTO: EFE

San Borondón es un barrio fantasma. Al final de la avenida principal, donde la carretera se bifurca hacia La Condesa, hay un retén de la UIP de la Policía Nacional para cortar el paso. «No puede continuar. A partir de aquí ya es zona de exclusión», anuncian los agentes, desplazados desde Tenerife. A sus espaldas, tapada por las casas y el desnivel del terreno, está la nube de humo, vapor y gases que libera la colada del Cumbre Vieja en su entrada al Atlántico, al que ha conquistado ya medio kilómetro. Ese penacho, a apenas dos kilómetros, mantiene confinados a los vecinos de San Borondón y también a los de La Duquesa, Marina Alta y Marina Baja, todas ellas barriadas del municipio palmero de Tazacorte.

La orden la dio el lunes el director del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), Miguel Ángel Morcuende, ante la inminente llegada de la colada al mar y la nube tóxica que iba a generar. Desde entonces, los 4.500 vecinos que residen en esas barriadas no pueden salir de sus casas –salvo por causa de fuerza mayor– y permanecen con puertas y ventanas cerradas para impedir la entrada de gases perjudiciales para la salud. Ya se ha detectado dióxido de azufre.

Al desandar la barriada desde del corte policial, se encuentra una pequeña casita de color verde. Es la única puerta que se abre. Al otro lado aparece la mirada de Luciano Julián Zapata Betancour, palmero de 79 años, junto a su esposa Marcela Carmen Gómez Gómez (83). Con la orden de confinamiento, la pareja se marchó a una casa que posee en Tijarafe, un pequeño pueblo al noroeste de la isla, «pero decidimos volver porque tenemos unos animalitos aquí y hay que darles de comer».

Lo hicieron pese a saber que se condenaban a la reclusión hasta que el Cumbre Vieja deje de expulsar lava. «Y este [confinamiento] es peor que el del coronavirus. El otro lo llevamos mejor que éste. Sé que es una enfermedad muy dura, pero esto es distinto, carajo, porque estás todo el día y toda la noche con ese ruido del volcán. Al menos allí [en Tijarafe] podías salir a dar un paseo, pero aquí no puedes asomarte ni a la terraza. El día a día es mucho calor, mucha tele, que te va poniendo más nervioso. Entre el ruido y la tele, no se piensa en otra cosa», cuenta Luciano mientras su mujer asiente pacientemente.

Es su tercer volcán, pero ninguno, asegura, como éste. «En el de San José yo tenía seis años. Lo recuerdo. Vine con mi padre a Las Manchas en una camioneta Minerva. En el del Teneguía yo ya era camionero y escuché el taponazo mientras conducía. Éste es el peor de los tres. Se llevó muchas viviendas de amigos», se lamenta.

Luciano, un tipo alto y cachazudo, se rompe: «Si voy a hablar con ellos. No puedo. No les puedo decir nada».

La erupción del Cumbre Vieja no tiene una sino dos nuevas bocas activas. Están a unos 15 metros entre sí en la cara nosoeste delcono, y a una distancia de unos 600 metros del cráter. Desde la madrugada de ayer expulsan flujos de lava muy fluida. Con estos dos, son ya siete los centros emisores activos de la erupción: hay tres en el interior del cráter y otros dos en el lateral del cono.

El delta formado por la entrada de lava en el mar alcanza ya las 27 hectáreas y se ha adentrado 475 metros en el mar, situándose ya en una cota de 30 metros de profundidad. Y crece constantemente porque el aporte de magma no cesa.

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