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Mascarillas, del «no son necesarias» al «todos somos japoneses»

Sanidad ha cambiado en varias ocasiones de criterio sobre las mascarillas, lo que ha provocado muchas dudas entre la población

M.SÁIZ-PARDO-A,SOTO

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El uso obligatorio de mascarilla se publicó en el BOE el 20 de mayo de 2020. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

El uso obligatorio de mascarilla se publicó en el BOE el 20 de mayo de 2020. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

El 26 de febrero de 2020, el Gobierno aún pensaba que la pandemia no iba a tener grandes consecuencias en España, pero en las farmacias comenzaban a agotarse los stocks de mascarillas. Entonces, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, negó la utilidad de los tapabocas en el conjunto de la población y dejó en las hemerotecas una de esas declaraciones que lo han perseguido durante toda la crisis sanitaria: «No es necesario que la población utilice mascarillas. El uso de mascarillas sí que puede ser interesante en los pacientes con sintomatología, pero no tiene ningún sentido que la población esté preocupada por si tiene o no tiene mascarillas en casa. Ninguno. Es importante que la población no asuma mecanismos de protección que pueden no tener sentido».

Los mensajes, sin embargo, comenzaron a modularse a partir del 10 de abril. Ese día, el entonces ministro Salvador Illa recomendó que los trabajadores de los servicios esenciales usaran mascarilla cuando viajaran en transporte público, algo que se convirtió en obligatorio el 4 de mayo después de una orden ministerial. Como los giros de los trasatlánticos, Sanidad siguió lentamente con su cambio de postura. El 10 de mayo, Illa afirmó: «Ahora es más necesaria que nunca la disciplina social, la distancia interpersonal, el lavado frecuente de manos, la higiene y el uso obligatorio de las mascarillas».

Y entonces surgió otra de las discusiones que han acompañado a este elemento de protección: ¿Cuándo y quién debe utilizar cada una? ¿Higiénicas, quirúrgicas, FPP2? El 19 de mayo se produjo una de esas ruedas de prensa que dejaron a la opinión pública con la sensación de que los mensajes del Gobierno durante las primeras semanas de la pandemia, como mínimo, no habían sido acertados. Simón dijo que las personas «responsables» usan mascarilla, pero sobre todo, reconoció que si el Gobierno no había decretado antes la obligatoriedad de este elemento no fue porque las mascarillas no funcionasen, sino porque no había disponibilidad de ellas.

Un día después, el 20 de mayo, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó la orden que regulaba el uso obligatorio de mascarilla entre los mayores de seis años cuando no fuera posible mantener la distancia interpersonal de dos metros (rebajada posteriormente a 1,5 metros), un supuesto que dejaba amplios márgenes para la interpretación y que las comunidades zanjaron por algunas normas regionales como la de Catalunya, aprobada el 8 de julio, que regulaba la obligatoriedad de la mascarilla «con independencia del mantenimiento de la distancia física de seguridad».

Pero otras autonomías no legislaron sobre este asunto y generaron un vacío legal que posteriormente causaría de nuevo problemas. Durante meses, el uso de la mascarilla se normalizó y la población pasó a integrarla en su vida cotidiana, como el reloj o la cartera, con pequeños oasis como las playas.

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