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Sánchez: «Lo que ocurrió en diez años no se va a resolver en dos ni cuatro»

El presidente lidera la mesa de diálogo para lanzar a Catalunya el mensaje de que le concede «la máxima trascendencia»

PAULA DE LAS HERAS

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El presidente Pedro Sánchez, ayer en la sesión de control al Gobierno en el Senado. FOTO: HUESCA/EFE

El presidente Pedro Sánchez, ayer en la sesión de control al Gobierno en el Senado. FOTO: HUESCA/EFE

Esquerra y Junts se atizan y el Gobierno mira los toros desde la barrera. Si hay alguna inquietud por el hecho de que la trifulca entre los dos socios de la Generalitat pueda hacer naufragar las mesa de diálogo, en la Moncloa hicieron ayer lo posible por ocultarlo. «Lo importante es que habrá mesa», remarcaron después de que Pere Aragonès anunciara que su decisión de seguir adelante con o sin la particpación de sus coaligados y rivales.

Pedro Sánchez tiene ahora una prioridad: transmitir a la sociedad catalana que concede una enorme importancia a la resolución de un problema en el que lleva enfangada más de diez años, y no soliviantar al resto de españoles, incluidos dirigentes de su propio partido, con prebendas o concesiones al margen de la ley.

Como ya ocurrió con la ampliación del aeropuerto de El Prat, las desavenencias en la Generalitat le dan la oportunidad de trasladar la responsabilidad de la falta de avances al Govern, mientras con su presencia en la mesa, puesta en duda hasta este mismo lunes, lanza el mensaje de que concede «máxima trascendencia institucional», dicen en su entorno, a la cita. El jefe del Ejecutivo, de hecho, aprovechó las tensiones en el Governpara argumentar que cada vez es más evidente que no solo es preciso el entendimiento entre la Generalitat y el Estado sino también, y más aún, entre los propios catalanes. E instó a crear otra mesa de diálogo entre las fuerzas políticas de Catalunya.

En una respuesta en la sesión de control en el Senado a la republicana Mireia Cortès, Sánchez avisó además de que el independentismo debería hacer autocrítica de lo sucedido en 2017 y abandonar las posiciones maximalistas. Y rebajó expectativas con la cita de hoy en el Palau de la Generalitat al avisar de que «lo que ocurrió en diez años no se va a resolver en dos años, ni en tres, ni en cuatro».

En contra de lo que pudo parecer al principio de la legislatura, cuando tuvieron que ceder a la creación del foro Estado-Generalitat a cambio de que ERC facilitara la investidura, los socialistas se encuentran ahora en una posición relativamente cómoda. El clima social en Catalunya no tiene nada que ver con el de hace dos años; la controvertida decisión de los indultos han ayudado a desinflamar la situación con un coste político mucho menos gravoso de lo previsto en el conjunto de España y, a pesar de que Aragonès insiste en llevar a la mesa la autodeterminación y la amnistía, también ha dejado claro que su estrategia por la independencia es de largo plazo y no la vinculará con la negociación de leyes como los Presupuestos.

El portavoz republicano en el Congreso, Gabriel Rufián, lo repitió hoy. «Nosotros no vamos a desaprovechar ninguna oportunidad para mejorar la vida de los catalanes y guste más o menos los Presupuestos van de eso», apuntó.

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