Triunfo socialdemócrata y derrota de la CDU de Merkel

Verdes y liberales deciden quién sucederá a la canciller al frente del Ejecutivo germano. 
Los analistas prevén meses de incertidumbre hasta que cuaje una alianza de gobierno

CARLOS BARRENA

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Olaf Scholz, candidato de los socialdemócratas del SPD, ayer al conocerse las primeras proyecciones. FOTO: MAJA HITIJ/EFE

Olaf Scholz, candidato de los socialdemócratas del SPD, ayer al conocerse las primeras proyecciones. FOTO: MAJA HITIJ/EFE

Las elecciones legislativas de ayer domingo en Alemania se cerraron con los peores resultados en la historia de la República Federal para la Unión de Cristianodemócratas y Socialcristianos Bávaros (CDU/CSU), un triunfo ajustado para un SPD por el que hace un año nadie daba un duro, y el desengaño de ecologistas y liberales; los primeros, por quedarse lejos de sus posibilidades; y los segundos, por no superar a los ecologistas para tener una posición mayor de fuerza en unas negociaciones para pactar una coalición que se presumen arduas y largas. A Alemania le esperan meses de incertidumbre hasta que se forme una alianza de gobierno.

Nada más conocerse los sondeos a pie de urna, que marcaban un claro empate técnico entre SPD y CDU/CSU, los dos principales candidatos se atribuían el triunfo y el derecho a gobernar. «Las ciudadanas y ciudadanos quieren que el próximo canciller federal sea Olaf Scholz», afirmó el todavía titular de Finanzas. «Hemos recibido un claro mandato para gobernar», sostenía Armin Laschet, quizás para esconder la frustración de haber hundido a su partido y sabedor de que su futuro como presidente de la CDU es bastante incierto. A Scholz se le veía sereno y satisfecho, a Laschet con una sonrisa forzada.

Cuando el ganador de los comicios asumió la candidatura de su partido a la jefatura del gobierno germano y dijo que iba a ser el próximo canciller federal, provocó hasta carcajadas entre sus rivales y los analistas políticos. Entonces el SPD estaba hundido en los sondeos con un 15% de intención de voto y nadie podía imaginar lo sucedidoayer.

Cuando Laschet se convirtió en presidente de la CDU en enero pasado, los conservadores disfrutaban de unos pronósticos del 32% de sufragios y el convencimiento de que se mantendrían en el poder. Laschet se ha pasado la campaña metiendo la pata y disculpándose. Incluso ayer hizo el ridículo. En el colegio electoral dobló su papeleta al revés y la mostró antes de introducirla en la urna dejando a la vista el lugar en el que había hecho sus cruces. Una flagrante violación del secreto de sufragio que necesitó el perdón expreso del presidente de la mesa electoral central.

Cambio de amigos

Ganadores de los comicios son también Los Verdes y los liberales (FDP), no solo porcentualmente, sino por el hecho de que son las formaciones que coronarán al próximo canciller federal. Y ponerse de acuerdo no será fácil. Los ecologistas han coqueteado toda la campaña con los socialdemócratas, y los liberales han expresado también abiertamente que sus preferidos son los conservadores. Uno de los dos tendrá que cambiar de amigos. Más posibilidades de éxito debería tener la Ampelkoalition, la coalición del semáforo que por los colores de los partidos formarían socialdemócratas, liberales y verdes. La Jamaika Koalition, por los colores de la bandera del país caribeño, con el negro que representa a los conservadores, más ecologistas y FDP, que desea formar Laschet tiene menos visos de éxito.

Junto a los conservadores pierden también los extremos del abanico político. La Izquierda, la suma de los excomunistas la RDA y una disidencias del SPD, que aspiraba a formar parte de una alianza roja-verdi-roja con socialdemócratas y verdes se ha quedado muy lejos de aportar escaños suficientes para dar un giro radical a la política alemana. También los ultras de Alternativa para Alemania (AfD) se han debilitado.

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