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Uno de cada ocho infectados por coronavirus sufre Covid persistente meses después

Las secuelas más repetidas, que sufrirían más de un millón de españoles, son la pérdida de gusto y olfato, el dolor muscular y la fatiga general, según un estudio realizado en Países Bajos

| Actualizado a 05 agosto 2022 23:19
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Superada la fase aguda y reducidos el porcentaje de casos graves y sobre todo el número de fallecimientos, el gran problema que deja en herencia la pandemia de coronavirus es determinar el volumen de pacientes con covid persistente.

Un grupo de investigadores de Países Bajos ha aportado un notable avance en esta pelea por cuantificar la prevalencia y las características del covid duradero. El trabajo liderado por la profesora Judith Rosmalen, de la Universidad de Groninga, concluye que el 12,7%, uno de cada ocho de los infectados por SARS-CoV-2, mantiene al menos ocho meses después del diagnóstico del contagio una secuela permanente de la enfermedad, según los resultados publicados en la prestigiosa revista científica The Lancet.

Esta prevalencia, traslada a la realidad española, apuntaría a que más de un millón de españoles sufrirían alguna clase de covid persistente, una proporción que, si se puede confirmar, debería encender las alarmas de los responsable sanitarios dada la enorme dimensión del problema. El dato cuadra con las estimaciones avanzadas hasta ahora por algunos expertos y trabajos preliminares, que a acotaban entre el 10% y el 15% de los positivos los pacientes con secuelas graves duraderas.

El trabajo realiza otras dos grandes aportaciones. Especifica cuáles son las secuelas características generadas por la covid y aclara que se trata de síntomas que alcanzan su punto álgido aproximadamente a los tres meses de la infección y que, a partir de ahí, se estabilizan y cronifican. Las dolencias persistentes más repetidas son la pérdida de gusto y/o olfato, que se detecta en el 7,3% de los enfermos, el dolor muscular, que afecta al 7,3%, y la fatiga o cansancio general, que ataca al 4,9%. Las otras dolencias específicas derivadas del virus son el dolor en el pecho, las dificultades o el dolor al respirar, el hormigueo en manos y pies, el dolor de garganta, la sensación alterna de frío y calor y la sensación de pesadez en brazos y piernas.

Los investigadores detectan también que otra serie de síntomas muy frecuentes en la fase aguda de la infección luego desaparecen como secuela específica y recurrente. En esta lista estarían la fiebre, el dolor de cabeza, las náuseas y vómitos, la tos seca o los desarreglos digestivos y diarreas.

Es una investigación pionera. Además de ofrecer una cifra concreta de prevalencia de la covid persistente, logra determinar cuáles son las secuelas principales de la enfermedad y la relevancia y frecuencia de cada una.

El equipo de Groninga logró que participasen en el análisis 76.422 ciudadanos del norte de Países Bajos ya implicados en una gran estudio de salud llamado 'Lifelines', 4.231 de los cuales tienen un positivo oficial a SARS-CoV-2 y a los que comparan con 8.462 no infectados de características equivalentes. Les sometieron a 24 cuestionarios entre marzo de 2020 y agosto de 2021 en los que controlaban la evolución de 23 síntomas derivados del contagio.

Limitaciones

Los propios investigadores alertan de dos limitaciones que obligan a matizar sus resultados. Solo estudian a pacientes infectados por la variante alfa, la principal de la primera ola, por lo que se desconoce si la delta y ómicron, responsables de la mayor parte de contagios de la pandemia, tienen una repercusión semejante. Por igual motivo, la observación de una muestra de enfermos cerrada en las primeras semanas de la epidemia, no tienen resultados sobre el efecto de la vacunación inicial.

Aranka Ballering, otra de las firmantes principales de la investigación, cree que el trabajo deja claro que «la covid duradera es un problema urgente con un creciente número de víctimas» que obliga a las autoridades sanitarias a dar respuestas igual de concretas y urgentes. Rosmalen considera necesarias nuevas investigaciones que pongan especial atención en el estudio de síntomas de afectaciones de la salud mental generadas por la enfermedad, como depresión y ansiedad, y en otros que tampoco se han podido evaluar, como la denominada «niebla cerebral», con una pérdida de capacidad de retentiva, o el insomnio.

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