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Vuelve la pesadilla de 'las manadas'

El déficit en la educación sexual y el acceso temprano al porno afloran como dos de los motivos detrás de ataques como los repetidos estos días

| Actualizado a 29 mayo 2022 17:44
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Se creía que a raíz del caso de La Manada se había exacerbado el rechazo social a las violaciones grupales. No estábamos vacunados, pero al menos sí algo más sensibilizados con el fenómeno de las agresiones sexuales en cadena.

Sin embargo, la repentina afloración en pocos días de casos en Burjassot (Valencia), Pulpí (Almería) o Vila-real (Castellón) contradice esta percepción.

Vuelve el mal sueño de 'las manadas', aunque en realidad nunca se fueron. Los escasos estudios que existen sobre estas agresiones refieren unos patrones comunes. Suelen cometerse durante la noche de los fines de semana o en jornadas festivas. Estas violaciones están estrechamente vinculadas con el ocio y los espacios de fiesta. En la agresión múltiple de Vila-real investigada, por ejemplo, los hechos tuvieron lugar de madrugada durante las fiestas de Sant Pasqual. Entre el 50% y el 60% de las ocasiones, las víctimas tienen entre 18 y 35 años.

Se trata del delito en que más semejanza de edad hay entre el agresor y la víctima. Y sucede que a medida que la edad de los atacantes disminuye, aumenta el tamaño del grupo. El aspecto más singular de estas violaciones grupales es la implicación de adolescentes.

Algunos estudios ya anticipaban una tendencia larvada que parece que está asomando la cabeza. "Un informe nuestro que tuvo mucho impacto ya lo revelaba. Así, el abuso sexual a menores perpetrado por dos o más personas contra una sola víctima en la última década ha pasado de un 2,1% a un 10,5% en 2018. Hemos observado nuevas tendencias. No solo se producen abusos de adultos contra menores, sino también entre iguales, con la peculiaridad de que los agresores han visto mucha pornografía", argumenta Diana Díaz, la directora de líneas de ayuda de la Fundación ANAR.

Sometimiento de la mujer La era de internet, los móviles y las redes sociales han hecho de la pornografía una actividad omnipresente, ilimitada y gratuita. Tanto es así que Díaz cifra en diez u once años la edad de inicio de los niños en el acceso a contenidos pornográficos, imágenes que casi siempre someten a la mujer a una relación de sumisión.

Lo inquietante es que los niños están construyendo su deseo sexual sobre unas bases irreales y fundamentadas en la desigualdad y el sometimiento de la mujer al hombre. "Hemos de preguntarnos por qué la sexualidad se ha convertido en un tabú. Los padres no han tenido esa conversación necesaria con sus hijos para hablar de su cuerpo y de lo que significa", alega Díaz. En algunos casos, como en Burjassot y Vila-real, los menores han quedado en libertad bajo medidas cautelares.

El presidente del Foro Judicial Independiente, Fernando Portillo, cree que los jueces han debido de estimar que con esa decisión no se iban a destruir pruebas ni a reincidir. "Desconozco los motivos, pero en cualquier caso la alarma social se eliminó hace muchos años de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para decidir la privación de libertad", dice Portillo.

Los expertos consultados aducen que un caso como el de la Malagueta, con los implicados en libertad provisional y

bajo sospechas de que la supuesta víctima pudo haber mentido, no justifica actitudes negacionistas. E insisten en que las denuncias falsas son exiguas. Ni la Fiscalía General del Estado ni el Ministerio del Interior disponen de datos desglosados sobre violaciones grupales. Las estadísticas del departamento que dirige Fernando Grande-Marlaska indican que en el 2021 se cometieron 17.016 delitos contra la libertad e indentidad sexual, el mayor número de la serie histórica, que data de 2013.

Interior cree que ahora existe una mayor disposición a denunciar estos delitos. Algo de luz arroja el portal Geoviolencia Sexual, dirigido por Graciela Atencio, quien recopila estos ataques a partir de los casos publicados en la prensa. En el periodo comprendido entre 2016 y 2021 se cometieron 274 agresiones múltiples. Los años con más casos fueron 2018 y 2019, con 67 y 87, respectivamente.

El papel de la pornografía como motor de la agresión sexual en grupo es relativizado por Bárbara Tardón, experta en violencia sexual y asesora del Ministerio de Igualdad. "Cuando no existía pornografía también se producían agresiones sexuales en contextos y conflictos armados. A las mujeres se las viola grupalmente no solo porque hay porno, sino porque existe una socialización diferenciada a través de una ideología machista que disciplina, a ellas y su libertad sexual, desde el origen de los tiempos".

A la pobre educación sexual, tanto en la familia como en la escuela, Tardón une el hecho de que un partido como Vox, con presencia en las instituciones, reniegue de cualquier educación sexual que suponga, a su juicio, un "adoctrinamiento". "Hay formaciones que no solo piensan que no hay que hablar de sexualidad, sino que fomentan el veto de los padres a través del 'pin parental'. O hablamos a la chavalería de lo que es la libertad sexual y el consentimiento, o las violencias sexuales van a seguir produciéndose", pronostica Bárbara Tardón.

Efecto mímesis y violaciones de mayo a septiembre

Una de las incógnitas es si 'las manadas' generan un efecto contagio. Para la portavoz de la Asociación Juezas y Jueces para la Democracia (JyJD), Ascensión Martín, con 15 años de experiencia como magistrada de menores, los jóvenes incurren en el "mimetismo".

A su entender, en las agresiones grupales, hay elementos estacionales que influyen en la aparición de estos delitos. Según la web Geoviolencia Sexual, la mitad de los casos se registran entre mayo y septiembre.

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