Incendios forestales
Cambio climático y abandono rural: el polvorín perfecto
Miles de hectáreas calcinadas y varias víctimas ponen de relieve la gravedad de los incendios forestales. Proyectos como ‘Ramats de Foc’ muestran cómo la ganadería extensiva puede prevenirlos

El pastor Iñaki Pontón, que forma parte del proyecto, en Mont-ral.
Este verano, España ha visto cómo miles de hectáreas de bosques quedaban reducidas a cenizas tras unos devastadores incendios forestales que se han multiplicado, ocasionando la pérdida de vidas humanas, daños materiales y la destrucción de la biodiversidad y patrimonio natural del entorno. El incendio en Torrefeta i Florejacs, en la Segarra, fue el primero de la temporada en Catalunya, provocó la muerte de dos personas y afectó a más de 6.000 hectáreas, mayoritariamente agrícolas. El de Paüls, que se inició una semana después, arrasó más de 2.300 hectáreas entre terrenos agrícolas y forestales, provocó daños de gran valor ecológico en el Parque Natural de Els Ports y ocasionó la muerte de Antonio Serrano, un bombero de 46 años de Tortosa que realizaba tareas de extinción.
Este mes de agosto el fuego ha castigado principalmente el noroeste peninsular, la Comunidad de Madrid y Extremadura, en unos incendios forestales que han desbordado por completo los equipos de extinción y han provocado cuatro fallecidos y miles de evacuados. En lo que llevamos de año, un total de 406.100 hectáreas han sido calcinadas en incendios forestales en España, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS).
Los incendios forestales nunca han sido un fenómeno aislado, han sido recurrentes en verano en los países mediterráneos, pero el cambio climático, el abandono del campo, la despoblación rural y la falta de gestión forestal han intensificado su magnitud, intensidad y frecuencia con los que se producen. Expertos señalan dos factores clave detrás de esta devastación: los efectos cada vez más visibles del cambio climático –con más sequías, temperaturas más elevadas- y una nula gestión forestal.
La Fundación Pau Costa es una entidad referente en la gestión de los incendios forestales, creada en 2011, trabaja en la formación y divulgación sobre incendios forestales y gestión de emergencias. Carla Vilarasau, ingeniera forestal del área de Paisajes y Sociedades Resilientes de la fundación, explica que esta campaña del 2025 «ha sido especialmente crítica» por la combinación de distintos factores.
«El abandono rural de las últimas décadas ha favorecido el aumento de superficie forestal y de vegetación acumulada, que actúa como combustible. A ello se suma la sequía prolongada entre 2022 y 2024, que debilitó o mató a muchos árboles», expone la ingeniera. Vilarasau añade que la «primavera húmeda impulsó el crecimiento del matorral y del estrato herbáceo, pero un junio extremadamente cálido lo secó con rapidez. El resultado, potenciado por el cambio climático, ha sido una simultaneidad de incendios más intensos y difíciles de controlar».

Un bombero forestal realiza labores de extinción en el nuevo incendio declarado este miércoles en A Gudiña (Ourense).
«Este abandono rural y la despoblación son factores decisivos en la mayor vulnerabilidad de los bosques frente a los incendios. La pérdida de actividades tradicionales como la agricultura, la ganadería, la extracción de resina, el corcho o la madera ha provocado que muchas zonas antes gestionadas quedaran sin uso», expone Vilarasau. Este abandono «ha favorecido una expansión de la superficie forestal en hectáreas, pero también una acumulación excesiva de vegetación, que actúa como combustible. El resultado es un paisaje más continuo y cargado de combustible, donde los incendios pueden propagarse con mayor intensidad».
Respecto a qué medidas deberían realizarse para prevenir o minimizar estos grandes incendios, la experta apunta que se requiere una «planificación estratégica orientada a reducir el comportamiento del fuego». Algunas de las medidas pasarían por fomentar el consumo de productos forestales de origen nacional (madera, resina, corcho, etc.), ya que «con ello se impulsa la gestión activa de los bosques». La ingeniera forestal también apunta que «es fundamental diversificar la economía forestal, valorando recursos como setas, trufas, frutos, plantas medicinales y productos de ganadería extensiva» para fortalecer el mercado, mejorar las condiciones laborales y hacer sostenible la gestión del territorio.
El pastoreo para la prevención
La Fundación Pau Costa es la impulsora del proyecto ‘Ramats de Foc’, para potenciar la contribución de la ganadería extensiva en la prevención y gestión del riesgo de incendios. El proyecto agrupa a más de 100 ganaderos, entre ellos, unos cuantos de las Muntanyes de Prades, que pastan con sus rebaños en áreas estratégicas definidas por el GRAF (Bombers de la Generalitat), en zonas declaradas de alto riesgo de incendios. Se trata de zonas cartografiadas y reconocidas por los GRAF, donde se considera necesario realizar actuaciones de gestión forestal sostenible para cambiar la estructura de la vegetación.

Pastoreo para reducir la vegetación
La especialista en gestión forestal expone que, a nivel de prevención, es importante «fomentar un paisaje en mosaico, es decir, un territorio con diversidad de usos y estructuras que genere discontinuidades de combustible». «Combinar por ejemplo bosques maduros y jóvenes, áreas agrícolas, pastos, zonas abiertas y espacios de interfaz urbano-forestal, ... Permite que, en caso de incendio, el fuego avance con intensidades y velocidades distintas, facilitando el control por parte de los servicios de extinción», explica Vilarasau. Además, añade que este modelo permite «dinamizar la economía rural si se valoran productos de calidad procedentes de este paisaje mosaico como madera, corcho, resina, setas o productos procedentes de la ganadería extensiva, entre otros».
Según la experta, el cambio climático incide en el aumento de la frecuencia e intensidad de los incendios forestales en España. «La vegetación sufre estrés hídrico prolongado debido a olas de calor más intensas y a la falta de precipitaciones, volviéndose seca e inflamable» recuerda.
«Al arder en estas condiciones, puede liberar tanta energía que incluso, en ocasiones, puede retroalimenta la atmósfera, favoreciendo incendios de comportamiento extremo. Pero en este escenario, el factor clave es la falta de gestión forestal y acumulación excesiva de combustible», detalla la experta.