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Arrimadas gana, Puigdemont i Junqueras suman

Victoria amarga. La formación de Arrimadas es la más votada, pero sus posibilidades de ser presidenta son nulas. La lista de Puigdemont sorprende a ERC, el PSC se desinfla y el PP se hunde

Álex Saldaña

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Puigdemont llega al centro de convenciones desde donde seguirá las elecciones catalanas. foto:efe

Puigdemont llega al centro de convenciones desde donde seguirá las elecciones catalanas. foto:efe

Ciudadanos aglutinó el voto útil del unionismo y en las elecciones con más participación de la historia –votó un 81,94% del censo– se convirtió en la primera fuerza de Catalunya, tanto en votos como en escaños, una circunstancia curiosa en un partido que no gobierna ninguna alcaldía. Pero se trata de una victoria amarga, más moral que efectiva, toda vez que Inés Arrimadas no tiene ninguna posibilidad de presidir la Generalitat. Y es que Ciudadanos sufre la cruel paradoja de que logró su triunfo a costa de debilitar a las otras formaciones que conformaban el bloque constitucionalista, PSCy PP, las únicas fuerzas que podían ayudarla –aunque el PSC ya había adelantado que no lo haría–.

Además, el hito de Ciudadanos, que basó su éxito en las grandes ciudades del otrora cinturón rojo –hoy teñido de naranja–, no evitó que las fuerzas independentistas reeditaran su mayoría absoluta, si bien en esta ocasión lo hacen con menos escaños que en la legislatura pasada por el derrumbe de la CUP, que vuelve a sus orígenes tras perder el voto prestado por los simpatizantes de ERC que no estuvieron de acuerdo con ir de la mano de CiU en 2015. 

¿Puigdemont president?

En este campo del independentismo, destaca la victoria de Carles Puigdemont sobre Esquerra, al que todas las encuestas consideraban la gran favorita. Es un hecho en absoluto banal, dada la pugna que ambas formaciones han protagonizado en los últimos días por la identidad del nuevo president, cargo para el que Oriol Junqueras queda descartado. Veremos qué sucede con Puigdemont, con muchas cartas para ser investido, aunque para ello deberá regresar de Bruselas, y no hay que obviar que sobre él pesa una orden de detención en territorio español.

Se trata, en todo caso, de un gran resultado para la ‘lista de país’ que elaboró Puigdemont desde Bélgica. Su omnipresencia a través de las nuevas tecnologías –se ve que en este país eso del plasma tiene su atractivo– ha surtido su efecto y, a pesar de la lejanía, parece que los suyos no le han olvidado. A la antigua Convergència le ha vuelto a salir bien ocultar sus siglas, en este caso, PDeCAT. 

El dilema de ERC

El buen papel de Puigdemont tiene su reverso en los resultados de Esquerra. Y no porque sean especialmente malos, sino porque no sólo no responden a la expectativa que el propio partido se había creado y porque tanto para ERC como para Puigdemont supone un duro golpe moral ver a Ciudadanos por encima. Sin duda, la ausencia de Junqueras en la campaña ha pesado, toda vez que los secundarios, con Marta Rovira a la cabeza, no han estado, ni mucho menos, a la altura.

Esquerra tiene ante sí ahora el dilema de apoyar a Puigdemont para seguir con lo que venían haciendo –con la espada de Damocles que representa la amenaza de ir a prisión sobre sus cabezas– o renunciar, aunque sea por ahora, como decían en algunos mítines, para dejar a un lado la unilateralidad y apostar por políticas sociales. Si elige esto último no lo tendrá fácil, dada la presión que deberá soportar tanto desde las filas del PDeCAT como de parte de la calle.

Iceta se desinfla

Otro que sufrió la paradoja de crecer y al mismo tiempo defraudar fue el PSC de Miquel Iceta. Había muchas expectativas puestas sobre él –en gran parte, porque él mismo se encargó de crearlas–, pero resultó un pezqueñín al que se tragó el tiburón de Ciudadanos, que le ganó la partida en lo que en otros tiempos fue su feudo intocable. Y es que no son buenos tiempos para la equidistancia; los son para los extremos. Tampoco le hizo un favor la ocurrencia de pedir el indulto para los políticos presos, una idea que él mismo admitió que era «precipitada». Iceta, que entró en el salón de baile con muy buen pie, encontró la campaña demasiado larga y demasiado visceral. 

Y en unos comicios entendidos como un plebiscito, la gente no está por las medias tintas. Lo probó también Xavier Domènech, el candidato de los comunes, que vio cómo su fuerza descendía de 11 a 8 diputados. 

Debacle en el PP

Pero si alguien tiene realmente un problema –y gordo– en Catalunya es el Partido Popular. En vano se han cansado de repetir que fueron ellos los que frenaron el independentismo aplicando el artículo 155 de la Constitución; en vano han desembarcado todos los pesos pesados –Rajoy prácticamente ha estado acampado en Catalunya durante las últimas semanas– para arropar a un candidato que no despierta grandes simpatías más allá de sus incondicionales; en vano han insistido en que el verdadero voto útil debía ser el que iba al PP...

Los unionistas no han olvidado la inmovilidad de Rajoy durante tantos años de procés, ni los casos de corrupción en que está envuelto el partido que gobierna España, ni tantas otras cosas que han hecho que muchos de aquellos votantes que los líderes del PP se jactaban de tener cautivos hayan visto en Ciudadanos y en Arrimadas un partido y una candidata más amables. La debacle ha sido de tal magnitud que incluso el cabeza de lista por Tarragona, Alejandro Fernández, ha quedado fuera del Parlament.

Sea como fuere, habrá que estar atento a lo que suceda en los próximos días. El independentismo suma, pero quedan las incógnitas de si repetirá gobierno y de si, de hacerlo, mantendrá la apuesta por la vía unilateral, con el 155 pendiendo sobre su cabeza.     

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