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Catalunya La resaca de la declaración suspendida

Así se fraguó el cambio de rumbo de Puigdemont

Apuntan a Artur Mas. El soberanismo sospecha que la mala relación del expresidente con la CUP frenó la declaración de independencia prevista hasta el mismo martes. La fuga de empresas fue determinante. 
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Joan Garriga y Anna Gabriel, el pasado martes en el Parlament

Joan Garriga y Anna Gabriel, el pasado martes en el Parlament

El esperado y, al mismo tiempo, sorprendente cambio de rumbo realizado el pasado martes por parte del President Carles Puigdemont (PDeCAT) no se comunicó a la mayoría de los 62 diputados de Junts pel Sí ni a los diez de  la CUP hasta pasadas las cinco de la tarde o, lo que es lo mismo, hasta pocos minutos antes de la comparecencia que el máximo representante del ejecutivo catalán tenía prevista para las 18 horas, que finalmente se retrasó sesenta minutos y en la que declaró la independencia de Catalunya... solamente durante ocho segundos. 

El núcleo duro del President –formado por Artur Mas, Marta Pascal y Jordi Turull, entre otros– llevaba días preparando la intervención de Puigdemont mediante  discretos contactos con la CUP, Òmnium Cultural y la Assemblea Nacional Catalana (ANC). «Hasta el martes por la tarde todo estaba acordado para proclamar la independencia y, de hecho, se especificó que, en todo caso, podía abrirse una puerta para la negociación y la mediación durante 15 días» explica el diputado por Tarragona por la CUP, Sergi Saladié, quien reconoce su «sorpresa» cuando –pasadas las 17 horas– se les informó del cambio de rumbo que había decidido llevar a cabo el Govern.

Sergi Saladié (CUP): "“El cambio de guión fue frustrante. Al final, el documento que se firmó fue muy parecido al que se había acordado inicialmente”

¿Mediador inminente?
«Sólo una hora antes, el gobierno nos citó a una sala de reuniones y nos dijo que no habría la lectura de la declaración acordada» detalla el representante cupaire. ¿Por qué?. «Nos dijeron que tenían muchas presiones internacionales, que el Estado español amenazaba con más represión y que se está a punto de anunciar un mediador muy importante, que debería facilitar la interlocución con el Gobierno Central» asegura. Los traslados de empresas, la declaración de Tusk y rumores (luego desmentidos) de que el propio Jean Claude Juncker o Kofi Annan habían telefoneado al dirigente catalán eran otros de los argumentos que estaban en el aire. 

Pese a la decepción, Saladié remarca que el cambio lo contemplaban en el horizonte, ya que «durante los dos últimos días sí que veíamos que los contactos con el Govern se habían enfriado, con menos reuniones y más problemas de comunicación» relata el político. La decisión sentó mal entre algunos diputados de Junts pel Sí, hasta el punto de que la portavoz, Marta Rovira, amenazó con dimitir. 

Igual de sorprendidas se muestran fuentes de la ANC y de Òmnium Cultural, las cuales indican que las dos entidades soberanistas no conocieron la reorientación del discurso hasta la misma tarde del histórico martes. «Está claro que si hubiéramos conocido el mensaje no habríamos ido a Barcelona» indican las fuentes consultadas, las cuales se muestran cautelosas, «a la espera de que la mediación prometida pueda ser una realidad, ya que de lo contrario la decepción puede ser general».   

ANC y Òmnium están molestas por no cumplir con el acuerdo que se había consensuado 

Fuentes de estas entidades recelan de la mala relación que el exPresident Artur Mas mantiene con la CUP como una de las claves que podrían explicar la «traición» que, aseguran, realizó Puigdemont a los anticapitalistas. De hecho, en una reunión nocturna del pasado lunes entre Jordi Cuixart (Òmnium), Jordi Sánchez (ANC) y Carles Puigdemont, Artur Mas se quedó el último con el President. «En el PDeCAT aún está muy presente que enviaron a Mas a la papelera de la historia», enfatizan las fuentes, las cuales remarcan «no querer pensar en los 5,3 millones de euros que se le piden por la organización de la consulta del 9N o la relación de cuadros del PDeCAT con empresas que, recientemente, han cambiado su sede social para irse fuera de Catalunya. «Nos tememos que haya reaparecido la Convergència de siempre» se recalca desde las entidades.  

Una prueba del malestar es que el presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, no ha enviado ninguna carta a los asociados justificando la decisión tomada el pasado martes por parte del President. ¿Por qué?. «Pues porque Òmnium no sabía nada de la decisión hasta poco antes del pleno» argumentan desde la entidad cultural, a la vez que critican el papel «secundario» que está interpretando Esquerra Republicana de Catalunya. «Sólo la CUP se está mostrando firme» aseguran cargos soberanistas. 

Si el 10 de noviembre no hay acuerdo ni declaración de independencia, la legislatura habrá acabado

Una firma no prevista
Una vez comunicado el cambio, hacia las 17.10 horas, fue cuando aparecieron el caos, los nervios y el descontrol. En el independentismo se mascaba la tragedia. Mil periodistas esperaban un bombazo, Puigdemont cambió el guión, la CUP lo leyó y montó en cólera. Faltaba una hora para el inicio del debate y los anticapitalistas amenazaron con no ocupar sus escaños. «Inicialmente fue frustrante y nos generó mucho malestar, tanto por el fondo como por las formas, que valoramos como una falta de compromiso y de respeto. Vimos que no había tiempo suficiente y fue entonces cuando Carles Puigdemont solicitó retrasar la comparecencia» indica Saladié

El diputado de la CUP valora, sin embargo, que se pudo salvar la situación. «El documento que se firmó se parece mucho al acordado, que no estaba previsto firmarlo», asegura el representante de la CUP, una formación que ahora se plantea no acudir a las sesiones parlamentarias hasta que se desencalle la situación y que da un mes de margen al Govern para intentar una mediación. Si no hay acuerdo ni declaración de independencia el 10 de noviembre, la legislatura habrá terminado. «Igual es lo que está buscando el PDeCAT para convocar elecciones y dejar de depender de la CUP» aseguran fuentes de las entidades soberanistas. La cuenta atrás ya ha empezado.    

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