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Carlos Zanón resucita al detective Pepe Carvalho

El personaje creado por Manuel Vázquez Montalbán regresa con ‘Problemas de identidad’ y se mueve por las cloacas del poder

Miguel Lorenci

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El escritor Carlos Zanón presentó ayer la esperada novela «Problemas de identidad». Enric Fontcuberta/EFE

El escritor Carlos Zanón presentó ayer la esperada novela «Problemas de identidad». Enric Fontcuberta/EFE

A los quince años de la muerte de su creador, Pepe Carvalho regresa de la mano y el magín de Carlos Zanón (Barcelona, 1966). Toma el relevo del genial Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939-Bangkok, 2003) y resucita al legendario detective gastrónomo en Problemas de identidad (Planeta). Un título con muchas lecturas para un Carvalho crepuscular, más descreído y desencantado que nunca, enfermo pero, para su sorpresa, capaz de enamorarse. Desgarrado y desconcertado, se mueve por las cloacas del poder y del dinero entre Madrid y la Barcelona del Procés.

Zanón advierte que ha sacado los fantasmas de Vázquez Montalbán y ha metido los suyos «para que la novela tuviera verdad». Su detective «está hecho de conocimiento, decepción, lealtad, integridad, cinismo, escepticismo y ternura», entre otros ingredientes. Ha creado un Carvalho capaz de amar «hasta perder el oremus» y con problemas de identidad, como apunta un título con un sinfín de lecturas, que alude tanto a la situación en Catalunya como a la zozobra del detective, atrapado en el laberinto de una mujer casada con un poderoso político. «Se pregunta quién es, como yo me pregunté quién era en un momento en el que como sociedad y como país todos se preguntan quiénes son y si era verdad aquello que creíamos que éramos», dice Zanón. 

«Siempre tuvo ese punto de desencanto y de escepticismo. Es un personaje crepuscular, sí, pero que juega una partida de cartas a la que le quedan dos manos en las que echará el resto».

Esta novela de Carvalho es de Carlos Zanón, que, como Vázquez Montalbán, nada a contracorriente para reventar las costuras del a menudo encorsetado género negro. Su Carvalho es «otro», pero mantiene algunos rasgos y manías acentuadas. «Lo tenía muy claro. Debía hacer una novela con un personaje, unas características y un perfume determinado. Pero ni podía, ni quería, ni sabría copiar el estilo de Montalbán, que es un autor único», defiende.

Cascarrabias

José Carvalho Larios tiene aún oficina en las Ramblas. Sigue quemando libros: la Constitución, Moby Dick, uno sobre los emperadores de Bizancio, Mi historia secreta de Paul Theroux o Asesinato en el comité central, del propio Montalbán. «Era muy jugoso y muy goloso. Se podía evitar pero no se debía», dice Zanón de esta ‘bibliopiromanía’.

Sigue odiando la música moderna y aunque apenas puede comer, cocina por gusto. Está enfermo. Es cascarrabias, gruñón, violento e injusto. En vez de ‘delicatessen’ frecuenta los bares de chinos donde ahora se dan las tapas. Pero dialoga con su creador, ‘El Escritor’, al que nunca se nombra, un gordito con bigote, de pasado comunista, culé y gastrónomo que un día se mudó al piso de arriba del de Carvalho y acabó escribiendo sus andanzas.

Añoso y más escéptico que nunca, deambula por una Barcelona turistizada con la misma podredumbre en sus ambientes más turbios. Ha olvidado a Charo pero mantiene a Biscúter, su histórico ayudante y casi único superviviente de los personajes originales.

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