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El PSC, entre guiños y fronteras

Diario de campaña. Miquel Iceta lanzó otro órdago para acercarse al independentismo. Es la excepción al ‘catenaccio’ imperante en los partidos. Hay muchos votos fronterizos pero también miedo

Raúl Cosano

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El líder socialista Miquel Iceta, durante un mitin en esta campaña. Foto: EFE

El líder socialista Miquel Iceta, durante un mitin en esta campaña. Foto: EFE

Llega el ecuador de la campaña con la misma acritud de siempre pero también con cierto miedo y conservadurismo en las estrategias. Da la impresión de que el escenario electoral se mueve cada día. Cualquier paso en falso podría ser fatal, porque nunca como hasta ahora hubo tanto indeciso: un millón y medio. Se calcula que un millón no decidirá su sufragio hasta el mismo 21-D, demasiada volatilidad como para arriesgar, sabiendo que cualquier noticia o declaración –¡hasta un tuit!– puede mover una gran cantidad de votos en una u otra dirección. 

Esta vez fue Iceta quien se encargó de romper la calma chicha, ese ‘catenaccio’ imperante, no se sabe si a la espera de días de mayor voltaje. Él, que en los mitins enarbola siempre la bandera de la reconciliación, dijo que apoyaría el indulto a los consellers independentistas y a los ‘Jordis’ en caso de que fueran condenados. 

No verbalizó nada que no haya dicho antes cuando habla de tender puentes desde el catalanismo moderado para restañar las heridas del Procés, esa suerte de lugares comunes y palabrería que pocas veces bajan a concretarse. Sus palabras tuvieron algo así como un efecto de ‘minibomba’ en campaña, empezando, como era de esperar, por Ferraz. No tardó en responder el PSOE, admitiendo su sorpresa y diciendo que las palabras de Iceta le representan sólo a él. Ni que decir tiene que Cs y PP se opusieron, con mucha más vehemencia, al planteamiento. 

Se sitúa habitualmente a Catalunya En Comú-Podem como árbitro para discernir en la dificilísima gobernabilidad pero también podría perfilarse el PSC en ese complicado papel. Los comunes, descartado un apoyo a Cs y PP, sí contemplan un ejecutivo de izquierdas con ERC y PSC, pero exigen a los primeros abandonar la unilateralidad y a los segundos dejar de apoyar el 155. Quizás Iceta, que también reclamaría a los republicanos rebajar de forma drástica el discurso y por supuesto modificar la hoja de ruta, busca hacer esta concesión con ánimo de acercarse a ese tripartito de izquierdas que, a pesar de ello, sigue siendo ciencia ficción. 

En las últimas semanas Iceta ha ido lanzando órdagos como la agencia fiscal para Catalunya o la quita de la deuda para los gobiernos autonómicos, algo mucho más en clave de electorado que de ganarse las simpatías con los rivales políticos. Iceta se topó ayer mismo con el desprecio de los partidos independentistas a los que había hecho un guiño: la sombra del apoyo al 155 sigue siendo demasiado alargada, porque en el imaginario colectivo pesa la foto del trío constitucionalista a favor de la intervención de Catalunya en base al ya célebre artículo de la Constitución. 

ERC, en realidad, hizo lo mismo hace unos días, fluctuar entre los polos y medir el impacto de esos cambios de estrategia, hasta el punto de que ahora habla de negociación pero no descarta la vía unilateral, como sí hizo antes para frustración de muchos de los apoyos soberanistas. Hay que acostumbrarse a eso en los próximos días: globos sonda, amagos de renuncias, sombras de cesiones, hiperventilaciones que se calman, matices que bien pueden valer un buen puñado de votos sobre la bocina. Todo ello, eso sí, bien medido, sin pasarse en ese juego de los vasos comunicantes.

Hay grandes bolsas de voto no sólo indeciso sino fronterizo. La línea entre ERC y Junts per Catalunya se ha mostrado como el espacio más permeable y móvil de las últimas semanas. Existe otro punto muy caliente: la linde entre Ciutadans y PSC es, por su dimensión –más de 100.000 votantes–, uno de los espacios demoscópicamente más interesantes, pero también lo son los confines entre Catalunya En Comú y ERC. Son otros 100.000 votos en juego que, además, definirán las posibilidades independentistas de alcanzar la mayoría absoluta. 

Nunca unas elecciones con ideales tan extremos –independencia o Constitución– tuvieron tanta consideración hacia las sensibilidades que se han visto vapuleadas por lo sucedido en los últimos meses. Ahí queda también otro espacio que persigue Iceta: el votante de Junts pel Sí que ahora está indeciso. Ahí caben independentistas contrarios a la DUI y disgustados con la marcha de empresas. Dice el politólogo Oriol Bartomeus que en esa amplia franja sin dueño del soberanismo estará la clave del 21-D.  

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