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El PSOE presiona al Gobierno para que fije elecciones catalanas en enero

Rajoy advierte de que «hemos llegado al límite» y acusa a Puigdemont de provocar el 155.  El presidente del Ejecutivo sugiere que con otros dirigentes del PDeCAT esto se hubiese evitado
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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa que ofreció ayer en Bruselas. Foto: EFE

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa que ofreció ayer en Bruselas. Foto: EFE

Elecciones catalanas en enero. La fecha (que podría ser el día 28) sonaba desde hacía unos días por los pasillos del Congreso pero sólo ayer alguien, la exministra Carmen Calvo, se atrevió a hacerla oficial. La dirigente socialista, designada por Pedro Sánchez como su principal representante en la negociación con el Gobierno sobre la aplicación del artículo 155, aseguró en varias entrevistas televisivas que el asunto está ya decidido. El Ejecutivo, sin embargo, no quiso ir tan lejos.

El ministro portavoz, Iñigo Méndez de Vigo, argumentó que todavía es «muy pronto» para dar nada por cerrado. «Lo primero será restituir la legalidad, garantizar la convivecia y recuperar la neutralidad de las instituciones y esas no son cosas que se hagan de un día para otro. Probablemente el proceso debe acabar en unas elecciones pero hablar de una fecha -abundó- me parece prematuro». Algo similar apuntan otras fuentes del primer partido de la oposición.
La negativa del Gobierno a delimitar de antemano el momento en el que los catalanes pueden ser llamados a las urnas responde a la asunción de que poner en marcha las medidas a las que habilita el hasta ahora inédito precepto de la Carta Magna no será en absoluto sencillo. Es decir, que es un jardín en el que se sabe cómo se entra pero no cómo se sale ni cómo se transita.
El planteamiento inicial sí es, según populares y socialistas, que la situación de excepcionalidad que supone la intervención total o parcial de la autonomía dure lo menos posible. En el Ejecutivo hablan de unos tres meses, a lo sumo seis. Y de ahí la meta de enero, a la que también hizo referencia el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. 

Pero Méndez de Vigo insistió en introducir un matiz: «Las elecciones tienen que hacerse bajo la premisa de que existe una convivencia pacífica, así que habrá que esperar a que se produzca esa circunstancia», dijo. Los detalles de cómo pretende el Gobierno lograrlo quedan para la comparecencia que hoy protagonizará Mariano Rajoy.

En el entorno del secretario general del PSOE aseguran que sólo se han pactado con el jefe del Ejecutivo los principios básicos de la intervención. O sea, eso de que debe ser «breve y limitada».             

Limitada no tiene por qué significar que no se asumirán las competencias de todo el Govern sino más bien, explican fuentes de la negociación, que la autoridad gubernamental designada se ceñirá a garantizar el funcionamieto de la administración catalana en un plano técnico y no tomará decisiones que podrían calificarse de «políticas».

El portavoz del Ejecutivo fijó así cuatro objetivos esenciales: restaurar la legalidad constitucional, conculcada por el presidente de la Generalitat y otras autoridades autonómicas; garantizar la prestación de los servicios públicos esenciales; permitir la recuperación económica que, dijo, «en estos momentos está en serias dudas», y preservar los derechos de todos los catalanes, entre ellos, la «seguridad, la libertad y la pluralidad».

Hacienda, Mossos y ¿TV3? 

Que en esa tarea será clave el control de Hacienda (ya casi pleno) y de los Mossos d’Esquadra siempre se ha dado por descontado. Carmen Calvo, sin embargo, se atrevió a apuntar en otra dirección polémica: la radiotelevisión pública. Al ser interrogado al respecto, en Bruselas, Mariano Rajoy mostró su sorpresa. «¿Quién ha dicho eso?», preguntó incialmente. Luego evitó confirmar o desmentir nada. Y desde la dirección del PSOE se esforzaron por echar balones fuera. 

La concreción de la dirigente socialista causó cierto disgusto incluso en sus propias filas. En el PSOE respaldan la aplicación del artículo 155 e incluso se vanaglorian de que, gracias a su intervención, las medidas que adoptará el Gobierno serán más mesuradas de lo que habría cabido esperar. Pero se resisten a hacerse corresponsables de lo que pueda ocurrir y se reservan el derecho a exigir, eventualmente, responsabilidades en el Parlamento, como corresponde a su condición de  partido de la oposición. De hecho, a pesar de que el líder del PSC, Miquel Iceta, admitió que, vista la actitud de Puigdemont, no hay más salida que el 155, la portavoz de los socialistas catalanes en el Parlament, Alicia Romero, argumentó que la opción no gusta a su grupo. 

Arremete contra Puigdemont

Mientras, Mariano Rajoy aprovechó ayer para arremeter con enorme dureza contra el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, a quien culpó directamente del caos generado en Catalunya. «Hemos llegado al límite», zanjó. Basta. Su tono denotaba hartazgo, enojo e incluso cierta sorpresa porque en el fondo, quizá esperaba que jamás se llegaría a esta situación. Aquí la frase que denota matices de enorme calado: «Esto es el fruto de decisiones irresponsables por parte de algunos dirigentes políticos que en un momento tan importante como este han sido incapaces de estar a la altura de las circunstancias. Esto probablemente con otras personas de similar ideología no hubiera sucedido». 

«Hemos sido enormemente prudentes, hemos pensado mucho las cosas, lo hemos advertido y avisado, pero no se puede aceptar que un Gobierno incumpla la ley sabiendo que lo está haciendo. El objetivo de las medidas es volver al cumplimiento de la ley. No puede haber una parte del país donde la ley no exista y no se aplique», zanjó.

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