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El procés y el viraje a la derecha

La independencia ha hecho saltar por los aires el eje izquierda-derecha. Las fronteras ideológicas entre partidos se han diluido

Raúl Cosano

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Votación en un colegio electoral durante el 21-D. FOTO: lluís milián

Votación en un colegio electoral durante el 21-D. FOTO: lluís milián

«Lo que peor me sabe es el giro a la derecha», denuncia apesadumbrado un votante convencido de izquierdas, que el 21-D apostó por Catalunya En Comú-Podem. La afirmación es verdad desde el punto de vista aritmético: el Parlament de Catalunya ha virado a la derecha, con una mayoría de diputados –74– que se podrían considerar de derechas, encabezada por Ciutadans (36 escaños) y Junts per Catalunya (34). 

«Si miramos el Parlament es obvio que tras las elecciones pasadas hay un giro a la derecha, pero hay que preguntarse si, por ejemplo, la gente percibe a Ciutadans como un partido tan de derechas como lo podemos hacer nosotros los analistas desde nuestra óptica. Hay que tener en cuenta que el partido de Albert Rivera se define como de centro izquierda o de centro», indica Ismael Peña López, profesor de Ciencia Política en la UOC. 

De los 135 diputados del Parlament, 74 –esto es, más de la mitad– son de formaciones en un principio consideradas de derechas, como Ciutadans, Junts per Catalunya y PP. 

Hay otro inconveniente en esa apreciación. ¿Es realmente Junts per Catalunya, las siglas herederas del PDeCAT en estas últimas elecciones, un partido de izquierdas? Hay quien opina que la confección de una lista transversal, con menos nombres del partido y trufada de independientes rompe esa concepción. «Esta vez, como en 2015, se ha votado en clave nacional, no en en clave eje derecha-izquierda. Las derechas no van a pactar. Lo harán los independentistas, y en esa coalición serán mayoría las izquierdas, porque también estará la CUP», admite Ana Sofía Cardenal, profesora de Cienca Política en la UOC y de Política Comparada en la Universitat Pompeu Fabra. 

Está claro que el Procés y la independencia han marcado el voto tanto en Tarragona como en Catalunya, dos lugares donde en las elecciones generales de 2016 venció con amplitud En Comú Podem, sacándole alrededor de 8.000 votos al segundo clasificado, ERC. De hecho, en esos comicios los tres primeros clasificados fueron fuerzas de izquierdas, ya que el PSC completó el podio a nivel de Tarragona. 

En cruce de datos entre el barómetro preelectoral del CIS y los resultados del 21-D deja entrever cierto desfase. En una escala del 1 –el máximo nivel de izquierda– al 10 –el máximo rango de derecha–, la mayoría de tarraconenses se ubican en el 5, un 24,6%. Sin embargo, un 52,8% de los consultados en la provincia se localizan en ese lado gradual de la izquierda, mientras que sólo un 20,6% reconoce situarse en la franja ideológica de la derecha. 

PDeCAT y ERC, PSC y Unió... 
La independencia ha hecho saltar por los aires el eje izquierda-derecha. Las fronteras ideológicas entre partidos se han diluido. La última prueba de ello es la incorporación de Units per Avançar –la extinta Unió– en la lista del PSC para los comicios del 21-D.  

En las elecciones de 2015, PDeCAT y ERC salvaron sus distancias para unirse en Junts per Catalunya e incluso se logró, aunque ‘in extremis’, un pacto con la CUP, formación de extrema izquierda, para posibilitar formar gobierno. 

Sólo el 20,6% de los tarraconenses se reconoce de derechas, según el CIS, a pesar de que ese espectro ideológico logró la mayoría de escaños en Tarragona y en Catalunya. 

No hay que ver en el triunfo de Ciutadans –tanto en la provincia como en Catalunya– un auge por sí mismo de la derecha. «Lo que ha primado ha sido el eje Catalunya-España. Hará falta ver qué políticas se aplican a partir de ahora. Ciutadans ha sido el gran paraguas del voto útil. La gente les ha votado en masa porque tenían la voz más contundente contra el independentismo», cuenta Xavier Casals, profesor universitario y doctor en Historia Contemporánea, que señala otro aspecto novedoso en esa deriva ideológica: «Estamos en un escenario polarizado en el que ya no existe ese espacio que antes llamábamos catalanismo, un mapa transversal donde las diferentes fuerzas encontraban puntos en común. Eso ha desaparecido».  

El auge populista
De ahí que la menor vehemencia del PSC contra el independentismo –en comparación con Cs– o la equidistancia de los comunes no hayan tenido los resultados esperados en este panorama gobernado por los extremos. 

El profesor Ismael Peña López, de la UOC, ofrece claves que ligan a Cs con otros fenómenos políticos: «Estaría bien comparar ese incremento de Cs con lo que pasa en el resto de Europa y que obedece a dos motivos. Uno es obvio, y es encabezar ese frente contra el independentismo, claro y contundente dentro de esa política de bloques, pero hay otro motivo que tiene que ver con que el PSC no arranque, y es esa nueva ola más populista, más de liderazgo frontal, de mensaje más fácil. Hay un resurgir populista que parecía que íbamos a ver con Podemos pero que en Catalunya lo estamos viendo con Ciutadans. Veremos si sucede lo mismo en España». 

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