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«La cooperación institucional es la base del éxito», dice el Rey

Felipe VI elude el plantón del soberanismo. Moncloa advierte que la protesta pone en peligro que Barcelona «pueda seguir albergando en el futuro un evento global de tanta importancia»

Cristian Reino

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Saénz de Santamaría se sentó a la derecha del Rey, sitio que suele ocupar el presidente legítimo de la Generalitat. Frente al monarca, Roger Torrent y Ada Colau. FOTO: EFE

Saénz de Santamaría se sentó a la derecha del Rey, sitio que suele ocupar el presidente legítimo de la Generalitat. Frente al monarca, Roger Torrent y Ada Colau. FOTO: EFE

El rey Felipe VI apeló ayer en Barcelona a la «cooperación institucional» como base del «éxito» si se lleva a cabo con «objetivos claros y en beneficio de todos». Durante la cena de inauguración del salón mundial de móviles, que esta semana concitará a más de cien mil directivos del sector de las telecomunicaciones en la capital catalana, el jefe del Estado abogó por que la ciudad condal siga siendo la sede del certamen, a pesar de que el Gobierno advirtió horas antes de que las tensiones secesionistas podrían perjudicarle en este sentido. 

El Rey, en inglés, castellano y catalán, apostó por la capital catalana como «candidata para albergar el centro tecnológico europeo que desarrolle la tecnología 5G». «La historia de este Congreso en Barcelona es la historia de un éxito logrado a lo largo de años de trabajo», afirmó. Y ha sido, añadió, gracias a los barceloneses y «al compromiso y la colaboración entre el Gobierno central, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona».

En su primera visita a Cataluña en los últimos seis meses, Felipe VI pasó de largo sobre la crisis institucional que enfrenta a Catalunya con el resto de España y eludió las referencias al proceso y a los dirigentes secesionistas, que han centrado algunos de sus discursos más relevantes de los últimos tiempos, como el que pronunció el 3 de octubre, pero también el de Navidad, el de los Premios Princesa de Asturias o su intervención en el Foro de Davos.

El jefe del Estado eludió el plante del presidente de la Cámara catalana, de la alcaldesa de Barcelona y de los representantes de la Generalitat al besamanos que la Casa Real organiza todos los años para recibir a autoridades y organizadores del salón del móvil. El Rey llegó acompañado de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y fue recibido por el ministro de Industria, Álvaro Nadal; el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, y el director general de GSMA, Mats Granryd. 

El presidente del Parlament, Roger Torrent, y la alcaldesa de la ciudad, no acudieron al besamanos tal y como habían adelantado el sábado, pero estuvieron en la cena posterior, celebrada en el Palau de la Música y rodeada de fuertes medidas de seguridad.

El independentismo se movilizó en la calle para protestar por la presencia del monarca, al que el independentismo le brindó una sonora cacerolada en el entorno del Palau. En esta ocasión se produjeron cargas policiales y hubo heridos. «Fuera el Borbón» fue el lema de los varios centenares de secesionistas que se manifestaron ayer por el centro de Barcelona. 

La tensión fue en aumento cuando se mezclaron manifestantes secesionistas con simpatizantes de la imaginaria Tabarnia, que acudieron a apoyar al Rey.                      
Desde su última visita a Barcelona, mucho ha llovido en el panorama político: referéndum del 1-O, huelga general del 3-O, discurso del Rey, proclamación de la república, 155, encarcelamientos y elecciones catalanas. Ha llovido tanto, que por primera vez el Rey visitó Catalunya y no fue recibido por ninguna autoridad autonómica: porque Cataluña sigue sin gobierno y porque los representantes que podían haber acudido -secretarios generales- no lo hicieron para protestar por la posición del Monarca.

El independentismo acusa al monarca de no haberse mantenido neutral en la crisis territorial, de haber liderado el ‘a por ellos’ y de haber instado, en su discurso del 3-O, al Gobierno a aplicar el 155. «La responsabilidad de los legítimos poderes del Estado es asegurar el orden constitucional», dijo entonces. El soberanismo le achacó que no apelara al diálogo ni hiciera referencia a los heridos por las cargas policiales del 1-O.
El Gobierno, mientras, calificó de «injustos y mezquinos» los desplantes al Rey y advirtió de que ponen en riesgo que Barcelona «pueda seguir albergando en el futuro un evento global de tanta importancia». «La presencia del Rey en Barcelona simboliza el apoyo de la Corona y del conjunto de España al MWC, y por extensión, al desarrollo y pujanza de la economía catalana», según fuentes gubernamentales. Barcelona «se juega mucho estos días» avisó el Ejecutivo.

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