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Catalunya Francesc Xavier Hernández. Director del Grupo de Didáctica y Patrimonio de la Universitat de Barcelona

«Para un ayuntamiento, el patrimonio no es un activo sino una desgracia»

Entrevista. El experto en divulgación histórica lamenta la falta de una política cultural y que la academia en Catalunya no consiga generar conocimiento más allá de la frontera 

Núria Riu

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Francesc Xavier Hernández participó en una jornada sobre turismo arqueológico en el Seminari de Tarragona, organizada por los principales agentes del sector turístico del territorio. FOTO: pere ferré

Francesc Xavier Hernández participó en una jornada sobre turismo arqueológico en el Seminari de Tarragona, organizada por los principales agentes del sector turístico del territorio. FOTO: pere ferré

Francesc Xavier Hernández Cardona (Barcelona, 1954) es historiador y catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universitat de Barcelona. Ha desarrollado su carrera investigadora y docente en las especialidades de Didáctica de la Historia y de las Ciencias Sociales, Didáctica del Patrimonio, Iconografía histórica, Museografía didáctica e Historia militar de Catalunya. 

¿Qué tiene el patrimonio que cada año genera miles de visitantes a su alrededor?
Es un fenómeno de la sociedad del conocimiento o postindustrial, de forma que se ha convertido en un elemento de mercado. Se ha democratizado el acceso con todos los problemas que supone. La historia se ha revalorizado, entendiendo que es una disciplina útil, mientras que en la etapa anterior tan solo era un añadido cultural. El conocimiento del pasado es extremadamente útil para conocer el auténtico poder de la vida cotidiana.

¿Su divulgación pasa por que sea un atractivo turístico?
No necesariamente. El interés por el patrimonio y el pasado, por entendernos a nosotros mismos, pasa por diversos entornos emergentes: la literatura, las novelas históricas, los juegos de simulación y estrategia o el turismo entendido como una forma de desplazarse. 

¿Cree que se está haciendo bien la gestión del patrimonio?
Depende. Las intervenciones que se han hecho son desiguales. Las políticas culturales en Catalunya no han sido buenas. Diría que no hemos tenido nunca una política cultural ni en el ámbito de la investigación ni de la socialización, por lo que la realidad sobre cultura y turismo cultural ha sido débil. 

¿Puede poner algún ejemplo?
El patrimonio puede movilizarse en clave económica para generar riqueza, pero en general no se hace. Para muchos ayuntamientos su patrimonio no es un activo sino una desgracia. No tenemos la mentalidad de que forma parte de los activos de riqueza desde el punto de vista económico o de la formación cívica. El patrimonio bien cuidado incide sobre la calidad de la ciudadanía, en cambio las iniciativas que tenemos son desiguales. Tarragona tiene iniciativas muy buenas como Tarraco Viva, pero también grandes desastres como el caso del Eroski. Es una vergüenza nacional. 

¿Qué puede hacerse para que la gestión del patrimonio no sea un lastre para los ayuntamientos?
La excelencia pasa por el equilibrio entre la investigación, la socialización del conocimiento y los usos. Hay una cosa que es importante para regular estos tres ejes que es el sentido común.

¿La museización de los espacios sigue siendo una asignatura pendiente?
 

¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?
Parte del cambio pasa por las nuevas tecnologías, pero no necesariamente. Lo importante es generar contenidos comprensibles y aquí es donde estamos fallando.

Crear un relato.
En parte es el relato, pero también la imagen. Debemos suministrar claves para que la gente pueda ver cómo eran las cosas.

«Las políticas culturales en Catalunya no han sido buenas. Diría que no hemos tenido nunca una política cultural ni en la investigación ni en la socialización»

Durante muchos años el problema ha sido que los arqueólogos no han sabido o no han querido explicar lo que había.
El drama es que la academia en Catalunya y en España, y de hecho en todos aquellos países con una situación cultural precaria o deprimida, es que no se ha preocupado por la socialización del conocimiento. Nuestros investigadores en el ámbito social no son competitivos a nivel europeo. Se preocupan por investigar pero no por socializar, y se desprecia todo lo que es didáctica y divulgación.  Un ejemplo, la única revista en este ámbito es Sapiens y prohíbe que los historiadores escriban. Manifiesta un déficit, porque los historiadores no están formados, pero es una perversión. No sería comprensible que en una revista médica no escribieran médicos. 

¿Y le ve una solución?
Tenemos un problema grave. En  la investigación histórica estamos constatando la brecha digital. Si no avanzan las técnicas y metodologías tampoco lo hace la divulgación y la comunicación. 

El escenario que dibuja no es nada alentador.
Es que no tenemos a ningún historiador catalán conocido más allá de la frontera. Las políticas culturales del país han sido muy pobres y la academia no brilla generando conocimiento. 

¿A qué atribuye esta falta de políticas culturales? ¿Se ha priorizado la parte más vinculada a la cultura popular?
No. Es falta de inversión cultural y aquí no ha habido diferencias según el color político. No hemos tenido nunca un objetivo claro y se ve cuando el teatro no sale de nuestro ámbito, la proyección del cine catalán es desastrosa... La cultura catalana no es competitiva. Y lo vemos también cuando nos fijamos en las industrias culturales. No hemos conseguido que el turismo cultural complemente al sol y playa, cuando tenemos un patrimonio con un valor enorme. No hemos conseguido movilizar el patrimonio para tener un turismo de calidad. 

¿Cree que ha habido una política de escaparate o de subvenciones?
Si hay una política de escaparate al menos hay una política, pero diría que la política cultural alrededor del patrimonio no ha existido. Ha seguido un proceso vegetativo, sin ambición. El patrimonio no ha estado nunca ni al servicio de construcción de la nación ni de la cohesión de la sociedad. 

¿La cultura es la losa del gobernante?
Sí. No decimos qué suerte, tengo treinta museos, sino qué desgracia, a ver cuántos puedo cerrar o reconvertir.

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