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Preparan una marcha de tres días desde TGN a Barcelona en contra de la sentencia

El independentismo ensayó ayer las protestas con una sentada en la estación de Sants y 
una marcha por la Ciudad Condal. Entre los desalojados, el exdiputado ebrense Germà Bel

JORDI FONT COMAS D’ARGEMIR

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El exdiputado ebrense Germà Bel fue una de las personas desalojadas de la protesta de ayer en la estación de Sants, en Barcelona. FOTO: DT

El exdiputado ebrense Germà Bel fue una de las personas desalojadas de la protesta de ayer en la estación de Sants, en Barcelona. FOTO: DT

El independentismo se prepara, con nerviosismo y entre dudas internas sobre la estrategia a seguir, para afrontar la sentencia del Procés y gestionar su impacto emocional, con una respuesta desde las instituciones y en las calles imprevisible, que puede poner en un aprieto a los Mossos d’Esquadra.

La sentencia, que se dará a conocer hoy, condenará a los nueve líderes independentistas presos, entre ellos la tarraconense Carme Forcadell, por sedición.

Los presos y el mundo soberanista coinciden en que cualquier fallo que no sea la absolución representará una injusticia que, además, no contribuirá a solucionar el conflicto catalán, que insisten que es de carácter político.

Sea como sea, la sentencia se colará como un vendaval en la campaña electoral del 10 de noviembre, que puede llegar a estar más focalizada en el conflicto catalán, si cabe, que la del 28 de abril. La consecuencia más inmediata de unas condenas -y las consiguientes inhabilitaciones- será que JxCat y ERC perderán a sus principales candidatos para el 10-N: los presos Jordi Sànchez, Jordi Turull, Josep Rull, Joaquim Forn, Oriol Junqueras y Raül Romeva.

Tras la sentencia se intensificarán las voces en favor de una ley de amnistía, algo que ya ha sacado a colación el candidato de ERC Gabriel Rufián, que ha invitado al resto de partidos catalanes a incluirla en sus programas.

Como en las elecciones del 28 de abril, JxCat y ERC no han logrado para el 10-N un proyecto unitario, pero la sentencia ofrecerá una oportunidad para exhibir unidad en la respuesta, que tendrá una vertiente institucional y otra en la calle y que vendrá marcada por las apelaciones de partidos y entidades a asegurar su carácter pacífico.

Es en el tipo de acciones y en su grado de intensidad donde hay más dudas en las filas independentistas, que han empezado a aflorar en forma de discrepancias públicas.

La Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural ya han llamado a la movilización inmediata nada más conocerse la sentencia. Además, prevén que el miércoles se inicien cinco marchas a pie desde Tarragona, Girona, Vic, Berga y Tàrrega, que confluirán en Barcelona el viernes, y coincidirán así con la huelga general convocada ese día por sindicatos independentistas.

A estas columnas se sumarán los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR), en el ojo del huracán desde las detenciones de siete de sus activistas que se encuentran en prisión preventiva por preparar presuntamente actos terroristas.

Desde el punto de vista institucional, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, llevará al Parlament una propuesta de respuesta, que con toda probabilidad se debatirá en un pleno específico.

Un pleno específico del Parlament debatirá las consecuencias de la sentencia del Supremo

Torra solo ha explicado que su iniciativa se fundamentará en el voto, la democracia y la defensa de los derechos fundamentales, entre los que cuenta la autodeterminación, mientras que como respuesta popular ha avalado la «desobediencia civil».

Ayer el independentismo ya ensayó las protestas. Convocados por la plataforma ‘Pícnic per la República’, un centenar de personas protagonizaron a primera hora una sentada en el vestíbulo de la estación de trenes de Sants, donde permanecieron algo más de una hora, hasta que los Mossos d’Esquadra les desalojaron.

Los agentes de la policía catalana, que están desplegados en Sants junto a la Policía Nacional con motivo de los dispositivos programados para evitar incidentes en las movilizaciones por la sentencia, fueron desalojando uno por uno a los activistas independentistas, entre los que había numerosas personas de edad avanzada y el economista y exdiputado en el Parlament Germà Bel, natural de Les Cases d’Alcanar.

Finalmente, los manifestantes optaron por salir por voluntad propia de las instalaciones ferroviarias y seguir la protesta en el exterior de la estación, coreando consignas como «somos gente de paz» y a favor de la independencia y los políticos presos.

Tras salir de Sants, los independentistas se dirigieron a pie hacia la plaza Espanya, y allí tomaron la Gran Vía en dirección al centro de Barcelona. Ello obligó a cortar el tráfico. Esta marcha reunió finalmente a 700 personas.

La plataforma ‘Pícnic per la República’ dio por desconvocada la protesta en la confluencia de la Gran Vía y el paseo de Gràcia, aunque un grupo formado por varias decenas de personas se dirigió después hasta la Jefatura Superior de Policía de Cataluña, en la Via Laietana, donde permanecieron concentradas un rato sin incidencias.

‘Pícnic per la República’ celebró en las redes sociales el «éxito» de esta primera protesta: «Éxito total de este ensayo. Un preludio de todo lo que podemos llegar a hacer».

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