Quim Torra opta por una voladura controlada de la legislatura

El president evita un divorcio traumático con ERC y convocará elecciones tras aprobar los Presupuestos de la Generalitat

C. REINO

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Quim Torra dio ayer por finiquitado su mandato al frente del Govern. FOTO: quique garcía/efe

Quim Torra dio ayer por finiquitado su mandato al frente del Govern. FOTO: quique garcía/efe

Quim Torra tiene los días contados como president. Por un lado, porque el Tribunal Supremo (TS) puede inhabilitarle en cualquier momento, y segundo porque el propio jefe del Govern dio ayer la puntilla a su mandato, que ha estado marcado por un continuo enfrentamiento entre los dos socios de la Generalitat, JxCat y ERC.

El president anunció en un discurso institucional desde la galería gótica del Palau de la Generalitat que, una vez se aprueben los Presupuestos en el Parlament, hará pública la fecha de la convocatoria de unas elecciones anticipadas. Las previsiones sitúan los comicios como muy pronto entre mayo y junio (ver página siguiente). El propio dirigente soberanista reconoció en su alocución, en la que compareció solo, que la «legislatura no tiene más recorrido», «ha llegado a su fin», y es «imprescindible volver a dar la palabra a la ciudadanía».

La bronca entre los dos socios secesionistas viene de lejos, casi desde la noche del 1 de octubre de 2017, pero la gota que colmó el vaso fue el episodio del lunes en la cámara catalana. El president del Parlament, Roger Torrent (ERC), acató la orden de retirar el escaño a Torra dictada por la Junta Electoral Central (JEC), lo que para Torra fue una declaración de guerra. Los independentistas guardaron las formas el martes durante la comparecencia de los presos en el Parlament, pero por la noche el president pasó al ataque. A final atendió los consejos de algunos de los consellers de JxCat, de los alcaldes de su partido y del propio Carles Puigdemont, que no era partidario de ir a elecciones de forma inmediata, y optó por una vía intermedia, que en la práctica supone una voladura controlada de la legislatura.

Tenía sobre la mesa un plan bastante más radical que consistía en destituir a su vicepresident, el republicano Pere Aragonès, y nombrar en su lugar a un dirigente de JxCat de su confianza. Los postconvergentes se hubieran asegurado de esa forma que, en caso de inhabilitación del president, quien asumiera el cargo de forma interina sería un miembro de JxCat y no uno de ERC. Pero el relevo forzado de Aragonès hubiera supuesto una ruptura traumática y definitiva entre JxCat y ERC. Torra optó finalmente por no romper el Govern, al que da tiempo para aprobar los Presupuestos y empezar a aumentar el gasto público con la vista puesta en las elecciones. Trata además de arrebatar a Aragonès la medalla de haber conseguido tener Presupuestos por primera vez desde 2017. El jefe del Ejecutivo esquivó asimismo aparecer como el responsable de la fractura soberanista, de la que culpabilizó a los republicanos por permitir que el president de la Generalitat perdiera su acta de diputado y se quedara a la «intemperie». «La represión se combate sin doblegarse», tiró con veneno contra ERC, a la que tachó de socia «desleal». Fue duro, aunque dejó puertas abiertas. De hecho, apeló a que en el futuro la unidad pueda rehacerse.

Sin dinamitar todos los puentes

JxCat evitó dinamitar todos los puentes con los republicanos, porque ‘arrieros somos y en el camino nos encontraremos’, y, si bien se especula con que un tripartito de izquierdas con ERC, PSC y los comunes sería posible si dan las sumas tras las elecciones, también sería factible la reedición de otro Govern independentista.

El president no se movió un milímetro de su discurso y dijo que los comicios deben servir para culminar el proceso hacia la independencia.

ERC no quiso hacer valoraciones en público y se limitó a emitir un comunicado neutro en el que eludió los reproches, no replicó a los ataques, y dijo respetar la decisión del president. ERC hace tiempo que dio por liquidada la legislatura, y comparte la necesidad de que se aprueben las cuentas y luego haya elecciones. Eso sí, criticaron que no conocían los planes de Torra. Aragonès se enteró del anuncio solo cinco minutos antes.

El PSC, por su parte, pidió elecciones inmediatas. Ciudadanos exigió a Sánchez que destituya a Torra y convoque elecciones aplicando el 155. El PP advirtió de que todo lo que firme el inquilino del Palau no será válido porque no es president.

Reunión con Sánchez

La declaración institucional de Torra se produjo un día después de que Pedro Sánchez confirmara su reunión con él en Barcelona el 6 de febrero. El encuentro debería servir para fijar el inicio de la mesa de diálogo entre los dos gobiernos. El president de la Generalitat tampoco está dispuesto a que ERC capitalice el mérito de haber sentado al Gobierno español a abordar la cuestión catalana, y aseguró que tiene la responsabilidad y la determinación de «explorar la voluntad real» del Ejecutivo central para afrontar una negociación «de verdad». «La semana que viene me reuniré con Sánchez», confirmó.

La otra cuestión que tiene que resolver JxCat es la del candidato. Puigdemont puede ser quien concurra como cabeza de cartel, pero a los posconvergentes les falta el aspirante efectivo, que pueda tomar posesión de su acta y presentarse a un debate de investidura.

Presupuesto sin déficit

El Govern aprobó ayer, efectivamente, su primer proyecto de ley de Presupuestos con equilibrio presupuestario (sin déficit) desde 2003, cuando empezó a aplicar el Sistema Europeo de Cuentas, la normativa europea para calcular el déficit de la Generalitat y sus empresas públicas.

Fuentes del Departament d’Economia aclararon a Efe que entre 2000 y 2003 hubo superávit, entendido como más ingresos que gastos, pero que, si se aplicara la normativa SEC a esos ejercicios, se habría registrado déficit, al tener que computarse también el peso del sector público, empresas públicas incluidas.

El proyecto de Presupuestos para 2020, por tanto, cumple con el objetivo marcado por el Estado, que es del 0% para todas las comunidades, aunque el Govern espera que el nuevo Gobierno de Sánchez flexibilice ese margen de déficit al menos hasta el 0,1%. De hecho, el Govern considera que un reparto justo de los límites de déficit debería hacer que las comunidades pudieran disponer de un margen del 0,3%, pero ve difícil que el Ejecutivo español permita ese límite más laxo, tras haber marcado el 0,1% para 2019.

Ese déficit cero presupuestado por la Generalitat se explica por unos ingresos no financieros de 28.111 millones que compensarán unos gastos no financieros de 28.092 millones, y el saldo de 19 millones restante se compensará con otros tantos 19 millones de ajustes SEC.

El proyecto de ley de Presupuestos para 2020 hace estimaciones acerca de los ejercicios venideros y contempla un superávit del 0,1% tanto en 2021 como en 2022 y en 2023, gracias a que los ingresos no financieros crecerán más que los gastos no financieros.

A partir de la aprobación del proyecto de ley por parte del Govern, las cuentas inician ahora una tramitación de entre dos y tres meses. Aragonès prevé aprobarlos el 18 de marzo.

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