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Toros y una senyera en el centro de Madrid

Las elecciones catalanas se siguen con máximo interés en la capital de España, teñida de rojigualdas ante la ‘amenaza’ secesionista

Javier Díaz

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Un edificio del Paseo de la Castellana de Madrid, repleto de banderas españolas. FOTO: Javier Díaz

Un edificio del Paseo de la Castellana de Madrid, repleto de banderas españolas. FOTO: Javier Díaz

En el barrio de Salamanca es más fácil comprar un Rolex de oro que una palangana. Abunda la tela en el banco y, desde hace unos meses, en los balcones. El mantra independentista de Espanya ens roba ha herido el orgullo patrio de los vecinos del opulento centro de Madrid. En la calle Serrano, la de las tiendas de Cartier, Bvlgari y Adolfo Domínguez, no se veían tantas banderas españolas desde que La Roja ganó el Mundial de fútbol con un gol de un culé manchego. Seguro que no las han pillado en un bazar chino, al menos del barrio, porque no hay.

Sea como sea, la rojigualda luce en  las casas de estos ricos, habituales votantes del PP, como respuesta a la ‘amenaza’ secesionista de Puigdemont, Junqueras y sus secuaces. Ah, todo muy constitucionalista: nada de aguiluchos ni cocodrilos Lacoste. Rojo y amarillo a pelo o, como mucho, con el toro o el escudo de la nación. Uno se pierde desde la acera mirando hacia arriba contando enseñas hasta que de repente, ostras, un champiñón: una senyera en medio de tanto despliegue español. No sería raro que sea de un catalán. En Madrid vive gente de todas partes. Hasta de Corea del Norte. O lo mismo es de un madrileño enamorado de Catalunya. Que estos de la capital cada vez son más ‘progres’. Manuela Carmena, alcaldesa. Comparación: en Catalunya los dos partidos más votados en estas autonómicas son de derechas. 

Dicho esto, las elecciones catalanas se han seguido en Madrid mucho más que la última edición de Gran Hermano. En una de las múltiples oficinas de la calle Serrano están decepcionados con el resultado. Su favorito era el socialista Miquel Iceta (a ver si estos de la Meseta no van a ser tan fascistas como nos vende parte del independentismo…). Su segunda opción era Ciudadanos, así que mal menor. El batacazo del PP lo veían venir hasta sus parroquianos capitalinos. «Xavier García Albiol es un pésimo candidato», comentan en petit comité.

El sistema electoral también se lleva alguna crítica: «No es justo que, con 200.000 votos menos, el bloque independentista tenga cinco escaños más que los constitucionalistas. Si todos los votos valiesen igual, ahora estaríamos hablando de un escenario completamente diferente. La ley favorece a los independentistas». Y otro palo para Podemos por «ponerse del lado de los nacionalistas catalanes y defender un referéndum».

En el bar Extremeño del distrito de Lacoma, en el norte de Madrid, el procés se diluye a medida que van saliendo los primeros premios del sorteo de la Lotería de Navidad. «Nada, otra vez ha caído salud. España deber estar llena de inmortales». ¿Y de lo de Catalunya, qué? «Ya se apañarán. Que dialoguen y lleguen a un acuerdo o que hagan lo que les dé la gana», se oye por allí. El periódico deportivo Marca preside la barra. Hoy hay Clásico en el Bernabéu y ojito, que Cristiano Ronaldo está tocado. Afortunadamente, siempre nos quedará el fútbol para tapar las miserias de nuestros políticos.

Cerca de Lacoma se levanta el barrio obrero de El Pilar, donde hicieron fortuna los hermanos de La Masó José y Juan Banús. Ellos construyeron los primeros edificios de ese gigantesco enjambre de abejas durante la dictadura franquista. En uno de sus bares, el programa monográfico sobre Catalunya del omnipresente Antonio Ferreras suena de fondo en la televisión cual hilo musical. La máquina tragaperras despierta más interés. No hay debate. Ni los que han salido a fumar fuera sacan el tema. Pero las banderas españolas también han llegado a los balcones del extrarradio. Hay menos que en el centro, pero, como las meigas, haberlas, haylas. Están en fachadas modestas y desconchadas y en pisos de 350.000 euros. 

Toca reunión familiar y sale la teoría de la dos Catalunyas. Cierto, la sociedad está fragmentada. Sólo hay que ver los resultados electorales. Eso se sabe en Tarragona, en Madrid y en cualquier sitio. Como también que hay dos Españas: la del 155 y la del consenso. «Si los independentistas siguen saltándose la legalidad, que se aplique otra vez el 155 y punto». «Deberían hacer un referéndum pactado y, si sale el sí, que se independicen. ¿Qué más nos da a nosotros? Yo ya estoy cansado de escuchar todos los días a Puigdemont. Parece de la familia».

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