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Un despertar lloroso

Barcelona se levantó en silencio. Con los ojos rojos. Por el insomnio y por todas las lágrimas derramadas desde que la furgoneta del miedo comenzó su trayecto de la muerte por Las Ramblas

Jaume Aparicio

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Las Ramblas, el día después del atentado, con la vigilancia de los Mossos.

Las Ramblas, el día después del atentado, con la vigilancia de los Mossos.

A Barcelona le costó conciliar el sueño la noche del jueves. El ruido de las sirenas, de los coches de Mossos d’Esquadra pasando a toda velocidad y del helicóptero sobrevolando la ciudad todavía resonaban en la madrugada. La peor pesadilla jamás imaginada no te dejaba pegar ojo.

Si dura fue la noche, aún más levantarse y tratar de asimilar cuanto antes la normalidad. Es lo que toca. Lo que hay que hacer para demostrar a esos terroristas asesinos que estamos por encima de sus actos. Pero el esfuerzo es titánico.

La ciudad amaneció con los ojos rojos. Rastro del insomnio y de las lágrimas derramadas desde que la furgoneta asesina bajó por nuestras orgullosas Ramblas para segar el terror. Una lágrima por cada víctima, herido y familiar. 

A las 7.00 h el sol trata de ayudar a Barcelona a recuperar su color habitual. El que a tantos y tantos enamora. Pero hoy nada es normal. Es un día laborable. Pese a que es agosto y mucha gente está de vacaciones, las calles suelen estar llenas. Los turistas cogen el testigo de los trabajadores. Sin embargo, las calles permanecen desiertas.

El silencio en el metro es extraño. El avance del tren se escucha a la perfección. Los auriculares casi han desaparecido de la fotografía habitual. Los móviles no captan la atención de los ojos. Hoy no. Hoy las miradas se cruzan entre los pasajeros.  Emiten dolor y acompañamiento. Una comprensión más allá del momento. Sí, nos ha tocado. 

También nerviosismo. Comprobando los alrededores. En estado de alerta. No se sabe si la pesadilla se ha acabado. Probablemente ya no lo haga nunca. Aunque el tiempo mitigará el dolor. 

Las miradas han dejado los móviles y se cruzan compartiendo el dolor


Hacía meses que los ciudadanos de Barcelona esperábamos este momento. Los susurros cada vez que se producía un atentado en Europa alertaban de que eso mismo nos tocaría pasar un día u otro. Barcelona se ha convertido en una de las ciudades más visitadas del mundo. Goza de una atención mediática a la altura de las grandes capitales del mundo. Un escaparate único para que el ISIS exhibiese su propaganda más cruel. Viven de eso. Sólo faltaba saber el cuándo, el cómo y el dónde exactamente.

Un 17 de agosto, con una furgoneta –probablemente por improvisación después de la deflagración de Alcanar– y en Las Ramblas, el punto más turístico de la ciudad. Los barceloneses nos orgullecemos de ella, pese a que la evitamos. Demasiada gente. Preferimos callejear para esquivarla. 
Desde hoy acudiremos mucho más. La admiraremos más aún si cabe. Compartiremos ese kilómetro con los miles de turistas que seguirán llegando a la #CiutatDePau que es y seguirá siendo. Porque #totsSomBarcelona y porque no,  #NoTenimPor

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