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Un monje de Montserrat pide la libertad de los presos independentistas

«¿Es normal que un juez impute un delito de odio a un concejal por ponerse una nariz de payaso ante la policía?», se pregunta

EFE

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Foto: Google Maps

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El monje de Montserrat Josep Miquel Bausset reclamó ayer la libertad de los presos independentistas, cuestionó la violencia policial del 1-0 y apeló a la Iglesia a «no callar como si no pasase nada» ante esta situación y ante la corrupción que, según él, ha convertido la política «en una cueva de ladrones». Todo ello durante la homilía que pronunció desde el púlpito en la misa dominical de la abadía de Montserrat.

«¿Creéis que es normal, como nos ha recordado el arzobispo de Barcelona, que ayudaran a los bancos a salir de la crisis y ahora, con los beneficios conseguidos, no den nada a la sociedad? ¿No es también una inmoralidad las desigualdades sociales o la corrupción, que hace que la política y la economía se conviertan en una cueva de ladrones? ¿O la miseria de las pensiones que cobran la mayoría de jubilados?», preguntó a los fieles el monje.

El religioso siguió con la retahíla de preguntas: «¿Es normal que un juez impute un delito de odio a un concejal por ponerse una nariz de payaso ante la policía? ¿Es normal que se secuestren libros o se prohíban obras de arte? ¿Es normal que haya líderes sociales y políticos en prisión preventiva acusados de rebelión y sedición, cuando Amnistía Internacional ha pedido su libertad?».

«¿Fue normal la violencia que se produjo el 1 de octubre, cuando Amnistía Internacional también ha denunciado como excesiva la fuerza policial? ¿No es injusto que una parte del gobierno legítimo de Catalunya, como dijo el obispo de Solsona, esté encarcelado?», continuó el padre Bausset.

Según el religioso, «Jesús no miró hacia otro lado y por eso expulsó a los mercaderes del Templo. La Iglesia tampoco puede mirar hacia otro lado».

«Contra ciertas costumbres, ciertas leyes, ciertas actividades ¿no sería bien deseable una protesta, una revolución?», concluyó el monje, que animó a «denunciar a quienes pisan a los más débiles, a los que han convertido la política o la economía en un mercado de intereses, en una cueva de ladrones». 

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