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Una diada teñida de amarillo contra el dragón del artículo 155

La tensión política y la ausencia de actos institucionales por la falta de gobierno marcan la fiesta del patrón de Catalunya. Más de 8.000 personas visitaron el Palau de la Generalitat en una jornada de puertas abiertas

Diari de Tarragona

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Las Ramblas de Barcelona, abarrotadas ayer de gente. FOTO: efe

Las Ramblas de Barcelona, abarrotadas ayer de gente. FOTO: efe

Es ya un clásico en el independentismo catalán comparar al ‘malvado’ Estado español con el dragón que en la leyenda tenía atemorizados a los habitantes de una ciudad hasta que un caballero de brillante armadura y corcel blanco alzó su espada y lo atravesó.

Ayer, en la celebración de Sant Jordi, patrón de Catalunya y protagonista de la conocida fábula, los secesionistas añadieron al mito dos nuevos elementos: el color amarillo, como aliado del héroe, y el 155, como la encarnación del monstruo al que éste debe dar muerte para liberar a los oprimidos.             

«La censura y el exilio» son «algunos de los dragones que a menudo han intentado malograrnos como pueblo», arengó así Carles Puigdemont, en un discurso difundido a través de la redes sociales.

El líder de Junts per Catalunya sigue presentándose como presidente en activo  y en esta ocasión su mensaje llegó de la mano del el autodenominado «Govern de la República», pero en realidad en este Sant Jordi no hubo acto institucional alguno.            

La festividad tuvo lugar  por primera vez desde 1980 sin gobierno de la Generalitat, después de la disolución del 27 de octubre vía 155. Eso lo convirtió en un día atípico, en el que el secesionismo aprovechó para reivindicar a los dirigentes secesionistas que permanecen en prisión preventiva y a aquellos que se encuentran en el extranjero para eludir la acción de la jusiticia.

Un símbolo

El propio Puigdemont felicitó  en Twitter a los encarcelados Jordi Turull, Jordi Sànchez y Jordi Cruixart. «Ganaremos vuestra libertad y con ella la del todo el país», escribió.

«Sant Jordi es un símbolo de todos los catalanes -protestó por su parte la íder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, tras visitar la carpa del partido en el Paseo de Gracia-. Espero que ningún partido ni ideología  pretenda patrimonializarlo».

El Palau de la Generalitat no acogió en esta ocasión los rituales culturales, políticos y religiosos que acostumbra, aunque abrió sus puertas al público.

Y algunas de las personas que acudieron aprovecharon para colocar rosas amarilas, como había pedido JxCat. Más de 8.000 personas visitaron el Palau. Empezó sobre las 11.00 horas su jornada de puertas abiertas tradicional, en que la ciudadanía pudo visitar la sede del Govern hasta las 19.00. 

Amarillos fueron los lazos que miles de catalanes lucieron en sus solapas, amarillas fueron las rosas que los soberanistas regalaron a sus personas queridas y amarillo fue el mural que las plataformas secesionistas plantaron en el centro de la plaza de Catalunya, el epicentro de la fiesta, para que nadie se olvidara de que el de ayer era un Sant Jordi especial.             

También de ese color eran las camisetas que la Policía requisó a los hinchas azulgrana el sábado en el Wanda Metropolitano (en la final de la Copa) y que los independentistas esgrimieron  como una afrenta contra el pueblo catalán, que a su juicio debería ser motivo de dimisión del ministro Zoido

Jornada tranquila

Con todo, un extraterrestre que hubiera aterrizado ayer en Barcelona difícilmente podría haber caído  en la cuenta de que la crisis catalana está en su momento álgido, porque la mayoría de la gente vivió la jornada al margen de la tensión política.

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