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Una estampa para olvidar

Testigos del horror vivieron en primera persona la masacre en las Ramblas

Pablo Latorre

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Despliegue policial en el lugar del atentado ocurrido en las Ramblas de Barcelona

Despliegue policial en el lugar del atentado ocurrido en las Ramblas de Barcelona

Un vehículo ha arrollado a varios peatones en las Ramblas», decía la radio. Natalia, una abogada con oficina en Portal de l’Angel (a 500 metros de las Rambles) no le dio más importancia. «Pensé que había sido algún coche que se había subido a la calzada». Enseguida se dio cuenta de que no era así. «Desde la calle empecé a escuchar gritos. Me asomé y vi a una gran multitud correr abajo. Venían de las Ramblas y se metían despavoridos en las tiendas», explica. «Corrían y se escondían allá donde les parecía más seguro». Algunos comercios y hoteles ya bajaban la persiana, resguardándose de algo que no se sabía exactamente qué era: «La calle se quedó vacía en breve y los mossos empezaron a llamar a los timbres para decirnos que no podíamos salir. Entonces sentí miedo».

Pero el pavor traspasó a los subsuelos de la capital. «¿Por qué nos echan del metro?». Jesús, un almeriense afincado en Barcelona, no entendía por qué el conductor de la línea 3 les pedía por megafonía que bajaran en plaza Catalunya lo más rápido posible. «El resto de pasajeros también estaban confusos, pero no tardaron en reaccionar. Era hora punta y había prisas. Quería pensar que era solo una avería».

Pilló a un niño, lo arrolló. Y se estampó en el kiosco vecino’

Nadie les confirmaba nada. Sin embargo, el desconcierto crecía a medida que se acercaban a la boca del metro. Fuera, el panorama cayó en picado. «No entendía nada. Solo veía a la gente correr y gritar. Había bolsas y carritos de bebé abandonados en el suelo. La gente se caía en las estampidas… Solo podía hacer lo mismo. No escuchaba bien lo que decían». Jesús es sordo de nacimiento. «No me quedé a preguntar. Vi un taxi y lo paré. Me enteré de lo que pasaba cuando enfilaba el camino a casa, cuando mi hermana me escribió preguntándome cómo estaba. No me creía que Barcelona estuviera sufriendo un atentado».

«Si la furgoneta hubiera cogido la ese al revés, creo que no lo cuento». Alfonso trabaja en el primer kiosko de las Rambles y podría haber perdido la vida. «Estaba fuera atendiendo cuando empezamos a escuchar gritos y vimos a la gente abrirse para dejar paso a un furgón blanco que iba cazando personas. Literalmente se los llevaba por delante». Entre el caos, los peatones intentaban saltar fuera para que no les tocara.

Vi al terrorista: Solo era uno y su cara transmitía una completa serenidad’

«Nos metimos todos en el kiosko en lo que la furgoneta giraba. Pilló a un niño. Lo arrolló. Y se llevó por delante dos de mis expositores. La peor parte se la llevó el kiosko vecino, donde directamente se estampó». Recordando los atentados de París, en el que los terroristas también disparaban, decidió ponerse a salvo. «Subimos arriba del kiosko, donde nos escondimos. Allí permanecimos unos 10 minutos. Pero al bajar la estampa era lamentable». La gente permanecía dentro de la garita atemorizada. Gritaban, corrían y socorrían a los que yacían en el suelo ensangrentados. Estos últimos no se levantaban. «Parecía una película, que además comentamos días antes con mi jefe, imaginando que esto podía pasar. Ayer se convirtió en realidad». 

Los mossos pidieron que desalojaran el lugar y recogieron el kiosko en unos minutos: «Teníamos que salir de allí y no pudimos ver más que lo que teníamos delante». Pese a ello, la peor imagen, o una de las peores, la recuerda su compañero de trabajo, que vio al conductor de la furgoneta: «Le vi. Solo era uno, y su cara transmitía una completa serenidad. Es una imagen terrible. Todo lo que ha pasado es terrible».

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