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Younes Abouyaaqoub, un discreto soldador al que le gustaba conversar sobre política catalana

Younes Abouyaaqoub acabó los estudios de FP de electromecánica y consiguió buenos trabajos. Se compró un BMW con su primera ocupación. Todo cambió al aparecer el imán

Colpisa

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Younes Abouyaaqoub en una de las fotos difundidas por la policía

Younes Abouyaaqoub en una de las fotos difundidas por la policía

Tras perpetrar la masacre de las Ramblas el pasado jueves, Younes Abouyaaqoub tuvo la sangre fría de recorrer media Barcelona a pie sorteando transeúntes para culminar su huida en coche tras eludir los 800 controles establecidos por los Mossos en la Ciudad Condal y su entorno. Ayer cayó abatido a apenas 40 kilómetros, entre los viñedos de un minúsculo pueblo del Penedès, porque una vecina lo vio merodeando por una calle vacía. 

Quienes han visto crecer a Aboyaaqoub siguen sin entender cómo aquel chaval aparentemente integrado que ayudaba a llevar la compra a sus vecinas de Ripoll ha acabado convertido en el terrorista más buscado del país durante cuatro días. 
«Si me hubieran pedido que me tirara a una piscina vacía para defende su inocencia lo hubiera hecho», defendían en su entorno este fin de semana.

‘Era más catalán que yo’
Younes, ‘el Younes’, tal y como le conocían sus amigos, nació el primer día de 1995 en Mrirt (Marruecos), pero sus primeros recuerdos eran ya de Ripoll, a donde se trasladaron sus padres en busca de un futuro mejor al calor de la creciente industria automovilística del Prepirineo. «Era más catalán que yo», recuerda un joven con el que compartió clases en el instituto Abat Oliba. «Le gustaba hablar de política catalana y argumentaba largo y tendido», añade tras recordar que un sábado al mes Aboyaaqoub se pegaba unos madrugones memorables para ayudar en un puesto de calzado del mercado local a cambio de 50 euros. 

«Le gustaba hablar de política catalana y argumentaba largo y tendido»

Musulmán discreto –bastante más que su hermano Houssaine, muerto en Cambrils–a quien en el pueblo le recuerdan «más de una borrachera», Aboyaaquoub no fue un estudiante brillante, pero acabó un FP de electromecánica, «y con eso tienes trabajo», explican en la zona. Con su primer sueldo se compró un BMW serie 1 que fue pagando religiosamente. Los coches eran su única pasión conocida. «No tenía problemas económicos». 

Quizá porque Younes se fue convirtiendo en un fino soldador que fue saltando de empresa en empresa. Además de negocios auxiliares de automoción, en Ripoll se ubica una planta de Comforsa, forja industrial participada por la Generalitat en la que trabajaba otro de los yihadistas abatidos, Mohamed Hichamy, con un sueldo de 1.900 euros. 

Durante una época madrugaba para ganarse unos euros ayudando en una parada del mercado

El último empleo de Aboyaaqoub fue en una empresa de transformación de planchas, a la que se incorporó el pasado verano. «Se ponía y lo acababa todo», recuerda el que fuera su encargado. Por eso aceptó la condición que puso el joven al firmar su contrato: «Me dijo que los viernes tenía que salir a las 12 horas sí o sí, gustase o no, para poder asistir a la mezquita».

El cambio
Todo cambió de la noche a la mañana: «Le decías que soldara seis piezas y no las acababa, parecía que todo le daba igual». Y moroso. En enero abandonó la fábrica y dejó de pagar la cuota mensual de la mezquita. Entre 10 y 20 euros. Para entonces su hermano Houssaine había pasado de vivir por y para la música, a vaciar su móvil y a sorprender a sus amigos en cada viaje: «Siempre había que parar para que rezara». 

Los vecinos creían que el religioso intentaba inculcar valores a un grupo de chavales algo descarriados a través de uno de los integrantes más centrados, pero acabó empujándolos a la barbarie

Todo coincide en el tiempo con la aparición del imán Abdelbaky Es Satty, con el que se veía a Younes mantener largas conversaciones en un concurrido parque de Ripoll. Los vecinos creían que el religioso intentaba inculcar valores a un grupo de chavales algo descarriados a través de uno de los integrantes más centrados, pero acabó empujándolos a la barbarie. 
Un excompañero se cruzó con  Aboyaaqoub no hace mucho en una tienda. «Nos saludamos. Todo bien».    

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