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Boom de la seguridad privada en Tarragona para evitar ocupas

Nacen en la provincia empresas de vigilancia contra las ocupaciones. «Apertura y control con informe al propietario», se anuncia una firma que custodia segundas residencias de la costa

Raúl Cosano

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Un vecino de Mas Pellicer, en Reus, tapia un piso para protegerlo de la entrada de ocupas, un problema que asola al barrio.  Foto: Alba Mariné

Un vecino de Mas Pellicer, en Reus, tapia un piso para protegerlo de la entrada de ocupas, un problema que asola al barrio. Foto: Alba Mariné

Hay miedo, hasta psicosis, a acudir a la casa y ver que hay alguien dentro. Sucede en barrios de la periferia de Tarragona o Reus pero también en la costa, en segundas residencias, algunas de alto nivel, que pasan buena parte del invierno desiertas y tienen al propietario muy lejos, a centenares de kilómetros de distancia. 

Por eso, alrededor del fenómeno de la ocupación están surgiendo negocios. En concreto, en Tarragona están naciendo los primeros servicios ofrecidos por empresas para vigilar viviendas y disuadir a los ocupas. Un ejemplo es Segundas Residencias Homes, una compañía nacida en 2011 pero enfocada en los últimos años a la vigilancia para evitar ocupaciones. «Visitas periódicas, apertura, limpieza y servicios de mantenimiento. Mantenga su propiedad lejos de robos y okupas», se anuncia.

«La problemática de la ocupación ha supuesto un auge del negocio, sobre todo en los dos últimos años. Empezamos a trabajar porque en la Costa Daurada hay muchas casas desocupadas y los propietarios durante el año viven lejos y no pueden desplazarse», explica María Villafranca, responsable de la empresa. 

Desde Cambrils a Salou
El clásico y vecinal favor de dejar las llaves para echar un vistazo se ha acabado profesionalizando y generando oportunidades de negocio. «Las personas que nos contactan son conscientes de que hay un problema muy grande con la ocupación. Hay mucha preocupación», desgrana Villafranca. 

La actuación se realiza en lugares del epicentro turístico como Cambrils, Salou o Mont-roig del Camp y tiene servicios muy variados. «Depende de qué nos contraten. Podemos visitar la casa dos veces al mes, o una vez a la semana, lo que nos piden. Cuando lo hacemos enviamos un informe al dueño notificando que todo está en orden. Revisamos que todo esté bien», explica Villafranca. 

Lo principal es dar la impresión de que en la casa vive gente y hay actividad diaria. No siempre se llega a tiempo. En ocasiones, se han topado con una casa ya ocupada. En ese caso, también se le informa al dueño para que proceda a actuar de cara a un futuro y siempre complejo desalojo de los inquilinos indeseados. Propietarios de Zaragoza o de Pamplona están entre sus clientes. 

El marketing y la profesionalización han perfeccionado un servicio que también en Tarragona se ofrece de manera particular. Proliferan los anuncios de personas interesadas en hacer mantenimiento de viviendas vacías y que incluso se ofrecen a habitarlas para evitar la irrupción de ocupas, en una suerte de actualización urbana de la tradicional masoveria. También se ha puesto en marcha la labor de vigilancia puramente vecinal. «No es sólo ventilar la casa, entrar y salir. Ofrecemos una relación de confianza. También hay interés en la contratación de alarmas para la primera residencia», indica Villafranca. 

El encendido remoto
La firma también se mueve por ciudades más grandes como Tarragona o Reus y se encarga de subcontratar cuando es necesario: «Funcionamos mucho a demanda del propietario. Hay muchísimos sistemas que permiten disuadir».Desde las socorridas alarmas hasta los dispositivos para el encendido automático, a veces remoto, de las luces, para dar apariencia de que el lugar está habitado; todo método es bueno para evitar que los ocupas intenten entrar. 

El problema se ha enquistado por toda la provincia, desde las decenas de ocupaciones en lugares de privilegio como Vilafortuny y Cambrils a los casos diarios en Mas Pellicer o El Carme, en Reus, pasando por otros distritos como El Serrallo, víctima de los ocupas en la capital tarraconense. 

Es casi imposible establecer una cifra exacta de cuántos inmuebles hay ocupados en Tarragona. Sí que se puede, por otra parte, constatar cómo han evolucionado las denuncias por el delito de ocupación. El balance ilustra el comprensible incremento. En la provincia se produce más de una denuncia diaria por ocupación. En 2017 se registraron 521, un 67% más que en 2013. 

Las cifras han ido aumentando tanto en los registros de Tarragona y Catalunya como en los de España, donde se cometen anualmente más de 10.000 delitos de este tipo, según las cifras remitidas por el Ministerio del Interior, con datos recabados de Mossos d’Esquadra, Policía Nacional y Guardia Civil. En el último año disponible, el crecimiento de estos delitos se quedó en el 3% en la provincia. En 2014 el incremento fue mucho más acentuado y se situó en el 39%. 

Ante ese panorama, también el control de acceso ha vivido un repunte. Alba Control y Servicios, una empresa con sede en L’Ampolla (Baix Ebre), se mueve por la provincia y, por extensión, por toda Catalunya. «Hemos llegado a controlar el acceso a un edificio con 700 apartamentos. Se nota que hay bastante preocupación», cuenta Constantin, gerente y jefe de servicio de control de acceso. Se trata de un servicio que no llega al nivel de vigilancia y se queda en un estadio previo que es el de la prevención, también demandado. «Somos una especie de porteros. Controlamos las puertas de entrada, en unos horarios concretos, incluso por la noche. Acudimos y trabajamos según lo que nos pidan», aclara Constantin. 

En Aula Magna, el instituto de formación en Tarragona, también notan el boom, como explica su director, Andreu Antolín: «El mercado absorbe toda la demanda. Desde hace dos años, hay una necesidad de vigilantes privados, que cada vez cogen más competencias». Tanto el vigilante como el controlador de acceso son roles reclamados. «Hay una psicosis derivada de los años de la crisis, de los robos, los delitos contra el patrimonio. Existe una mayor necesidad de protección y lo que está pasando con las ocupaciones tiene mucho que ver», admite Antolín

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