Historia
El bote insumergible surca los mares de Salou
El histórico Bote Salvavidas de Calafell, considerado la única nave insumergible del planeta, ofrece dos exhibiciones en la capital de la Costa Daurada

El Bote Salvavidas de Calafell durante una de sus exhibiciones en la Platja de Ponent de Salou, mostrando su particular técnica de giro
La cultura de la Costa Daurada es riquísima, se mire por donde se mire. Desde el patrimonio histórico hasta la gastronomía y els castells. Sin embargo, se podría apostar con grandes probabilidades de acierto a que, cuando pensamos en este valioso legado, a pocos les vendrá a la cabeza una embarcación. Aún sube más la apuesta si se añade que un bote es candidato a ser Patrimonio de la Humanidad.
Así es, han leído bien. El Bote Salvavidas de Calafell es una rara avis, no solo en nuestro territorio, sino en todo el globo. Originaria de 1920, es considerada la única embarcación insumergible del mundo. Esta particularidad, junto a su legado centenario y la relevancia que ocupa como símbolo de la tradición marinera del territorio, le han hecho digno de postularse para ser reconocido como Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Su importancia no puede pasar desapercibida entre el público, mucho menos para los ciudadanos de la Costa Daurada. Es por este motivo que, ayer, el bote realizó una exhibición doble en las aguas, precisamente, de Salou, capital de la Cultura Catalana de 2025.
Del rescate al símbolo cultural
Antes de adentrarnos en el presente calor de las playas salouenses, vale la pena hacer una pequeña travesía por la historia de esta singular nave.
Nos remontamos 105 años atrás para dar con sus orígenes, cuando en 1920 el Pòsit de Pescadors de Calafell adquirió un bote salvavidas construido en Barcelona. Esta era una necesidad imperiosa para el gremio marinero: antaño, las garantías de seguridad eran mínimas. Pese a no documentarse hasta inicios del siglo pasado, los naufragios de barcos pesqueros no eran para nada infrecuentes.

Una fotografía de archivo del bote insumergible y su tripulación en Calafell, circa 1950.
El bote fue una bendición para la profesión. Entre 1921 y 1954 realizó centenares de rescates en las costas del Penedès. La clave de su funcionamiento era –y es– su particular estructura que lo convirtió en una nave imposible de hundir. El sistema de distribución de sus compartimentos estancos y contrapesos era tan perfecto que siempre podía volver a su posición original, en cualquier condición. Ninguno otro bote construido en el mismo astillero logró replicar tal armonioso equilibrio.
A partir de 1950, el bote empezó a participar en exhibiciones por todo el país, y, fruto de la casualidad, se dio a conocer su ‘habilidad’ característica: dar vueltas y vueltas sobre el agua. Desde entonces, hasta hoy, se ha convertido en su símbolo y reclamo de aplausos en cada salida. Lamentablemente, el bote original quedó abandonado y no se pudo restaurar. La tradición se ha preservado, pero hoy las vueltas las da una réplica.
Gira, gira y gira
Y de vuelta al presente, esta práctica tan genuina llegó ayer a la platja de Ponent de Salou con dos exhibiciones. Pese a que algunos no se dejaron distraer en su día de playa, centenares de locales y turistas pudieron disfrutar viendo como se volcaba el bote y conseguía, con la fuerza y el valor de las remeras y remeros, volver a flote. Una y otra vez.