Medioambiente
El futuro de la reserva marina de Coma-ruga pasa por más vigilancia y un plan de gestión
Como acciones inmediatas se plantea el balizamiento de toda la zona protegida y la señalización

Una mantelina nada en aguas de la reserva de Coma-ruga
«Una cosa es el mapa y otra lo que ocurre en el agua», reflexiona la bióloga Puri Canals sobre la reserva marina de Masia Blanca en aguas de Coma-ruga, que cumple 25 años de catalogación.
Por su proximidad a la costa y presión turística es muy vulnerable. Canals apunta a la necesidad de invertir en vigilancia y conocimiento de ese espacio y zonas periféricas.
Para garantizar la protección de las especies que habitan, encuentran alimento, refugio y se reproducen en ese ecosistema, es imprescindible el conocimiento y la vigilancia. «Evitar parques de papel», que solo están en mapas.
Valor añadido
El valor añadido de una reserva desde el punto de vista ambiental, pesquero y patrimonial sólo se manifiesta si está bien gestionada, señala Canals. Hace falta un plan de gestión.
Tras 25 años de catalogación queda el reto de la protección. De la superficie litoral del país, solo el 8,4% está protegida según mapas y de esa, menos de la mitad tiene plan de gestión. Además de los riesgos de perder ecosistemas vitales para el ciclo marino y la protección de las costas, la falta de planes de gestión favorece que las especies invasoras avancen.
En la jornada del 25 aniversario se expuso la necesidad de más vigilancia porque hay muchas horas, especialmente nocturnas, en que es vulnerable a los furtivos, pero también a quien desconoce que es un área protegida en la que está prohibida la pesca incluso desde la playa.

Participantes en la mesa de debato sobre los 25 años años de la reserva de Coma-ruga
Una propuesta que se reclama y que el Ministerio recoge es un balizamiento de la zona de protección y mayor señalización. E implicar a la gente del territorio para hacerse suya la reserva.
En ese sentodo es esencial la divulgación como la que realiza la entidad Oceánicos para dar a conocer ese ecosistema, divulgarlo y organizar visitas con snorquel o con gafas de realidad virtual.
Costa
Bucear en la reserva marina de Coma-ruga... en el agua y con realidad virtual
José Manuel Baselga
La vigilancia la ha asumido el Ministerio tras años con una empresa. Va a hacerse con geolocalización ya que los barcos de pesca llevan una baliza y saltará el aviso si entran y fondean en la zona. Una geolocalización que deberán incorporar las embarcaciones pequeñas. Son estas las que suponen una mayor amenaza.
Denuncias
También hay seguimientos en el terreno por el Ministerio y los agentes rurales de la Generalitat que en los dos últimos años han puesto 14 denuncias, principalmente por pescar desde la playa (10), fondear en la zona, pescar desde una barca o una por pesca profesional. Los rurales coinciden en la necesidad de incrementar la vigilancia y la señalización en tierra y en el mar con boyas.
La subdirectora de investigación pesquera del Ministerio, Elisa Carbajo, pide un cambio de percepción social sobre la conservación de las reservas y poner coto a teorías negacionistas del cambio climático. «El objetivo es proteger espacios y su entorno y generar biomasa para el sector pesquero. Esa biomasa, cuando no cabe en el ecositema sale al exterior. Es el efecto spillover, por el que las consecuencias de una acción se extiende a otros sectores.
Así, Jaume Piera, doctor en ciencias ambientales, destacó la importancia de protección de la reserva. Pero «no se salvará si no se salva todo». Y reclama conservar y respetar el conocimiento tradicional de las gentes que han convivido durante décadas con los ecosistemas que han tenido más próximos.
Coincidió con Pere López, el que fue presidente del grupo submarinista Sotavent y que a inicios de los 90 impulsó la campaña para la protección de esa zona rocosa sumergida. Plantea la posibilidad de crear reservas cada 50 kilómetros que permitan una conectividad.

Pere López fue el impulsor para proteger la zona rocosa sumergida de Coma-ruga
David Poderoso, coordinador de los servicios de inspección pesquera, destacó que «el mar nos ha enseñado su capacidad de regeneración" y señala que el Ministerio dispone de medios que van a emplearse en Masia Blanca para la vigilancia con inspectores que son agentes de la autoridad cuyos informes son actos probatorios fundados y pueden iniciar el procedimiento sancionador. «La vigilancia de las reservas es prioritaria».
Agentes rurales apuntaron que sería interesante establecer una base del cuerpo en el Tarragonès ya que la única que hay está en el Ebre debe cubrir hasta Cunit. Rurals, además del control también realiza seguimiento de los fondos.
En España hay 13 reservas y la de Masia Blanca es la más pequeña. El director de política Marina y pesca sostenible de la Generalitat, Antoni España, señala que la gestión es un ejemplo de colaboración entre administración, ecologistas, comunidad científica y sector turístico.
Destacó que la actividad náutica recreativa debe convivir con la sostenibilidad. La pesca recreativa es un 10% de la profesional y que se trabaja en regular en favor de la conservación con el límite de piezas, la talla mínima o los periodos de veda y que recoge un decreto ahora en exposición pública.
Presión a los pescadores
Valora el esfuerzo de la pesca profesional para la sostenibilidad con 21 zonas de exclusión pesquera que suman 500 km2. «Si no hay zonas de exclusión, la actividad cuesta de recuperarse». Además de las zonas de exclusión, las paradas biológicas el mallaje más pequeño de redes, el 40% de la flota ha incorporado sistemas que no dañas los fondos.
Pero no debe haber una excesiva presión al sector por parte de la Unión Europea. La flota Mediterránea no es la misma que la Atlántica. Y esa presión puede provocar un desabastecimiento de especies ya esta Navidad. Ya se han logrado los stocks en el mar, por lo que no debe incrementarse esa presión. Zonas de alevinaje como Masia Blanca es lo correcto.