Costa ENTREVISTA

André Brugiroux en Altafulla: «Me fui de mi casa con 17 años y 10 francos en el bolsillo»

La casa-museo ‘El Forn del Senyor’ acogió una conferencia del hombre que ha visitado todos los países del mundo entre 1955 y 2005. Ha escrito libros y ha hecho una película

Eduard Castaño

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André Brigiroux, poco antes de iniciar su charla-coloquio esta semana en la casa-museo ‘El Forn del Senyor’ de Altafulla. FOTO: Fabián Acidres

André Brigiroux, poco antes de iniciar su charla-coloquio esta semana en la casa-museo ‘El Forn del Senyor’ de Altafulla. FOTO: Fabián Acidres

«Caminante no hay camino, se hace camino al andar…». Ese podría ser perfectamente el lema de un viajero, el viajero por antonomasia: André Brugiroux, un francés nacido hace 81 años en Villeuve-Saint-Georges. Un trotamundos que estuvo esta semana en Altafulla para dar a conocer su experiencia, personal y transferible, a todos aquellos que acudieron a oírle, a relatar sus aventuras por el globo terráqueo

¿Realmente es usted un trotamundos?
Así es. He visitado todos los países del mundo.

¿Y con ganas de seguir haciéndolo?
No. Creo que yo ya he cumplido con mi faceta de viajero.

¿Qué le espera entonces ahora?
Otro tipo de viaje: cuidar de mis tres nietas. Mi hija quedó viuda y yo le echo una mano en esas labores, las de abuelo. De las que también se aprende mucho, por cierto.

Para los que no le conozcan, cabe apuntar que está usted considerado como «el más grande de los viajeros del siglo XX» en 2007 en el Hit Parade de los ‘Viajeros notables contemporáneos’ de Jorge Sánchez. ¿Cómo le dio por ello?
Llevo toda mi vida viajando por el mundo. Empecé en 1955 con 17 años, cuando me fui de mi casa con sólo 10 francos en el bolsillo. Nunca imaginé lo que habría vivido años después. No fue un viaje premeditado y muy calculado. En aquella época, que no era como ahora, hacía falta un visado para viajar, por ejemplo, a España o Francia. Mi país salía en aquellos momentos de una gran guerra, la II Guerra Mundial, y no era fácil viajar… Pero yo tenía el sueño de visitar todos los países del mundo, todos los territorios, sin excepción.

Pero entonces era mucho más difícil viajar que ahora, en plena era de la globalización.
En aquel entonces nadie hablaba de viajes. Francia se estaba reconstruyendo tras la gran guerra. No teníamos teléfono, no había televisión en las casas, no había guías de viaje. ¡Nada! No tenía ninguna información. Mi padre era un campesino que nunca había dejado su jardín. Así que no tenía información, ni tampoco dinero… En aquel momento pensé que era un sueño nada más, que no lo podía hacer. Hoy en día, con Google, se sabe todo antes de llegar.

Es la modernidad…
Ya no se lo explico a los jóvenes porque creen que soy el hombre de Cromagnon (ríe).

Pero es una vuelta al mundo, por todo el mundo.
Yo lo califico más bien como la vuelta a la Humanidad. Creo más bien que fue el destino. Yo nunca he programado nada. Yo no soy un verdadero viajero, más bien un estudiante que ha querido aprender y comprender las cosas. Nací antes de la II Guerra Mundial y mis primeros recuerdos son los bombardeos alemanes.

¿Fueron esos recuerdos los que le empujaron a viajar?
Esos recuerdos me llevaron a querer saber si un día los hombres podrían alcanzar algún la paz mundial.  

¿A qué conclusión llegó?
Se puede y se va a producir.

¿En qué se basa?
Hay una profecía bahá’í que así lo señala. 

Y, mientras, ha estado a punto de morir varias veces.
Sí, y he estado encarcelado 7 veces, me han robado, hospitalizado, deportado... 

Usted ha viajado en todo tipo de transportes, especialmente haciendo autostop, recorriendo 400.000 kilómetros.
Efectivamente. La distancia que hay de la Tierra a la Luna.

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