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Barreras antiterroristas en más de 15 municipios de Tarragona

Tarragona, Reus y las principales poblaciones turísticas de la Costa Daurada se han blindado con mobiliario urbano antiatropellos masivos como jardineras, hormigón, bancos y pilonas

Raúl Cosano

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Los bloques New Jersey que a día de hoy aún siguen en la Rambla Nova. FOTO: P. FERRÉ

Los bloques New Jersey que a día de hoy aún siguen en la Rambla Nova. FOTO: P. FERRÉ

Una jardinera enorme en la calle Llovera de Reus, un cubo de piedra en la Rambla Nova de Tarragona, cerca de varios bancos, bloques de hormigón, barreras antiembestidas contra vehículos en El Vendrell y otras, que son el último modelo, en el Vendrell. Dos años después, los atentados del 17-A –pero también otros ataques previos y en la línea como el de Niza, en 2016– han cambiado buena parte de la fisonomía de las ciudades tarraconenses.

El mobiliario urbano se ha modificado para convertirse en un repertorio de medidas preventivas contra atropellos yihadistas, un ataque común en los últimos años en Europa. Los principales municipios de la provincia, como Tarragona, Reus, Tortosa, Calafell, o El Vendrell, se han protegido, pero también poblaciones turísticas de referencia en la Costa Daurada como Salou, Cambrils, Roda de Berà o Torredembarra.

Tarragona optó por colocar bloques de hormigón de color azul en lugares como la Rambla Nova. Por fin, el año pasado fueron reemplazados por bancos y bloques de piedra sobrios y de color gris. La capital también está pendiente de suprimir los bloques que quedan y poner bancos y dados.

Reus optó también por bloques de hormigón en enclaves de gran afluencia de gente como la Plaça de la Llibertat, la calle Llovera, delante de la Plaça de Catalunya o en los pasos de peatones del Tomb de Ravals. Luego los suplió por jardineras, todo ello con afán ornamental, una de las obsesiones de los municipios.

«Hemos aumentado las ventas más de un 30%, no sólo a partir de los atentados de Barcelona y Cambrils, sino en general, durante los últimos tiempos. Se han multiplicado las consultas, de gente que te pregunta qué impacto aguanta un objeto, qué velocidad de un vehículo…», sostienen fuentes de la compañía Benito Urban, una de las firmas que se dedican a suministrar estos productos.

Otras poblaciones como Valls, Vila-seca, Amposta, Deltebre, L’Hospitalet de l’Infant o L’Ampolla han hecho algún encargo en los últimos tiempos a Benito Urban. La pilona clásica, también conocida como bolardo, se ha convertido en el elemento más representativo, pero hay otro mobiliario urbano más estético e igual o más eficaz a la hora de contener una ofensiva yihadista y, sobre todo, disuadir de un posible ataque terrorista. «Si pones un banco, a la vez que sirve para sentarse, también es un obstáculo que impide que pase un coche. Lo mismo pasa con algunas jardineras grandes. Dentro se pone tierra y se convierte en algo muy pesado que tiene utilidad en términos de seguridad», aclaran desde Benito.

Municipios como Calafell instalaron esas defensas ‘new jersey’ como solución provisional para salir del paso. Recientemente, la comisaría de la policía local ha instalado las barreras Cavallo di Frisia, un objeto que destaca por su capacidad disuasoria y su facilidad de colocar y mover. «Nuestra barrera es una muy eficaz alternativa a los medios que actualmente se están utilizado ya que economiza en el presupuesto. Se puede cambiar de lugar siempre que sea necesario simplemente con la intervención de una persona sin tener que recurrir a vehículos de carga», explican desde la empresa Usis Guirao. La compañía asegura que, tras Calafell, «estamos presupuestando en otros municipios que están utilizando otros medios fijos».

Por su parte, el Ayuntamiento del Vendrell ha comprado seis barreras antiembestidas que tienen el objetivo de frenar vehículos a gran velocidad que intenten arrollar masas de personas. La policía local lo usará para mejorar la seguridad en actos y acontecimientos públicos. Tortosa también dispuso bloques de hormigón y vehículos policiales atravesados en las zonas más aglomeradas durante las fiestas mayores.

De Roda de Berà a Salou

Torredembarra también ha empleado jardineras y otros elementos decorativos como obstáculos para impedir atropellos masivos. También Roda de Berà optó en su momento por los pilones de hormigón como medida de seguridad para las fiestas del municipio. Salou instaló bloques ‘new jersey’ para dificultar el acceso de coches a su paseo y también encargó jardineras para la zona peatonalizada de la Avinguda Carles Buigas. Asimismo, en su momento habilitó bancos en la calle Zaragoza.

Reforzar la seguridad en los mercadillos es otro de los objetivos. Así, también se han instalado pilones en el de Bonavista y en otros mercados, como el de Sant Carles de la Ràpita, se tomó la decisión de colocar las furgonetas cruzadas para evitar un atentado. Medidas más o menos temporales para un paisaje que, eso sí, ha cambiado para siempre con instalaciones que son definitivas. «Cuando ocurrieron los atentados sí recibimos consultas y peticiones puntuales para reforzar», explican desde la Fundición Grup Fábregas, otra empresa encargada de productos así. Son efectos cotidianos del terrorismo global que hace dos años golpeaba el mismísimo corazón de la Costa Daurada.

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